Viaje en órbita
Mundo maniquí, maniqueo
Se ve que en este mundo, los que vivimos aquí no queremos salir de pobres, ni jodidos. Y un día habremos de tener razón. Y no lo digo por ti, o por usted nomás, sino por todos. Los que buscan trabajo “de lo que sea”, a todo le encuentran un pretexto para abandonarlo, y los inteligentes arrebatan. Los que tienen un buen corazón y espíritu solidario ofrecen su ayuda voluntariamente para resolver problemas de urgencia, mientras los inteligentes arrebatan.
En el mundo existen dos grupos de personas: los inteligentes y los pobres. Los primeros, gracias a su inteligencia y a su “mentalidad” del éxito, se ganan las becas más prestigiosas, salen de sus cascarones y vuelan a las universidades del norte, para hacer sus doctorados de economía en lugar de biología, de administración en lugar de historia, de comercio en lugar de literatura, de robótica en lugar de bioética, etc., etc., etc. Los segundos, a causa de su pobreza y la “normalidad” del fracaso, raras veces merecen una beca no muy prestigiosa sino más bien alimentaria que les adorna el comedor una vez al mes; lo que los pobres siempre ganan es la confianza de los inteligentes, quienes los dejan entrar en sus casas para que las limpien, y luego hasta les pagan un sueldecito para que se compren una despensita en la misma tienda del patrón. Aunque con menos frecuencia que los inteligentes, los pobres también llegan hacer sus doctorados, pero en humanidades, o en agricultura, en turismo, o en ley (para defender lo que aún les queda), todo eso en lugar de la dinerología, el empresariazgo, la explotación y la guerra, profesiones propias para inteligentes.
En el mundo –aunque los pobres son mayoría— son los inteligentes quienes gobiernan y organizan a la sociedad. Sí. Sí. Los inteligentes diputados y el gobernador inteligente. Los presidentes y los emperadores inteligentes. Los dueños, los empresarios, los productores, los directores, los de arriba, todos los inteligentes. Y parece que los pobres están contentos con ello. Aplauden a los políticos inteligentes, cantan canciones de los artistas inteligentes, se visten con ropa de diseñadores inteligentes y hasta comen hamburguesas. Y cuando algunos pobres (desorientados) quieren pasarse de listos con sus manifestaciones, perturbando el orden de este lindo y productivo sistema, no hay nada de que preocuparse, porque siempre habrá otros pobres –más bien jodidos—, vestidos de azul y cubiertos de plástico, armados de una cachiporra y pistoletas; un enorme cuerpo de pobres encasquetados, con camuflaje en el alma y el rostro cubierto de vergüenza; un montón de jodidos como tú y como aquel de allá, que vendrán en bola para ponerse enfrente, y no dudarán en romper piernas y hocicos de los pobres pasados de listos para que todo quede igual, para que nada cambie.
Siempre habrá un inteligente que apriete el botón rojo, y un pobre que aviente la bomba. Siempre habrá un inteligente que invente un nuevo aparatito, y un pobre que sueñe con tenerlo. Siempre habrá un inteligente que dirija una gran empresa, y un pobre que trabaje en ella. Siempre habrá un inteligente que diga una gran mentira, y un pobre que se la trague entera. Siempre, siempre, siempre.
El día que los jodidos dejen de cortar cabezas de los pobres y miren con deseo las gargantas lavadas de los inteligentes, ese día por fin daremos gracias porque nunca salimos de pobres. Ese día la razón estará de nuestro lado, y ay de quien quiera hacerse el inteligente.
mardi 7 juin 2011
mardi 24 mai 2011
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
... quiero cantar... pero cantemos juntos...
... quiero cambiar... pero cambiemos juntos...
... quiero crecer... pero crezcamos juntos...
... quiero vivir... pero vivamos juntos...
... quiero levantarme... mas levantémonos juntos...
... quiero gritar... pero gritemos juntos...
... quiero conspirar, planear, hacer, actuar, alzar mis armas contra el dios ignominioso de este mundo... pero conspiremos, planeemos, hagamos, actuemos, alcemos nuestras armas contra el dios ignominioso de este mundo, juntos...
... quiero explotar... pero explotemos juntos...
...porque...
... quiero la libertad... pero la libertad juntos...
... quiero la justicia... pero la justicia juntos...
... quiero tranquilidad... pero tranquilidad juntos...
... quiero todo, todo, todo... pero todo, todo, todo juntos...
... quiero siempre... pero siempre juntos...
... quiero cambiar... pero cambiemos juntos...
... quiero crecer... pero crezcamos juntos...
... quiero vivir... pero vivamos juntos...
... quiero levantarme... mas levantémonos juntos...
... quiero gritar... pero gritemos juntos...
... quiero conspirar, planear, hacer, actuar, alzar mis armas contra el dios ignominioso de este mundo... pero conspiremos, planeemos, hagamos, actuemos, alcemos nuestras armas contra el dios ignominioso de este mundo, juntos...
... quiero explotar... pero explotemos juntos...
...porque...
... quiero la libertad... pero la libertad juntos...
... quiero la justicia... pero la justicia juntos...
... quiero tranquilidad... pero tranquilidad juntos...
... quiero todo, todo, todo... pero todo, todo, todo juntos...
... quiero siempre... pero siempre juntos...
Del escarnio venimos, y al escarnio dirigimos...
Viaje en órbita
El escarnio del mundo…
Ay, señor, dijo la mucamita,
lo que usted dice no es novedad…
porque lo mismo cuando me vieron
todos sus amigos me lo dijeron…
“La mucamita”, Nacha Guevara
La noticia ha sido ya por todos masticada. Es más, el escenario ha sido ya por muchos recreado. Y podría decirse que también la historia ha ya sido vista en muchas partes (antes, durante y después). La mucama de hotel que llega justo en el momento en que el señor está saliendo de la ducha. El señor que va saliendo desnudo de la ducha en el momento en que ella entra. La puerta que hace clac. Los zapatos oscuros y brillantes del señor a un lado del sofá. La mucama de hotel que husmea, que coge lo que no es suyo y lo cambia de lugar para seguir husmeando. El señor desnudo que descubre no estar solo, que hay alguien del otro lado de la pieza, cogiendo lo que no le pertenece. El deseo de coger lo que no es suyo, la ducha aún caliente, la mucama en la habitación de hotel. Ah, las grandes y altas suites de la ciudad de Nueva York. ¡Cuántas veces habrase imaginado una escena como esta la señorita mucama del hotel! ¡Cuántas veces al señor se le habrá venido la sangre y luego ido por los rincones del cuerpo, imaginando lo que haría en un momento así! ¿Por qué pues no habría de hacerse realidad la acariciada fantasía, sin tenerla que pagar? El caso es muy delicado. La mucama del hotel ni siquiera estaba al tanto de quién era ese señor que intentaba felarla como en un filme pornográfico. Y el señor no tenía idea que estaba destruyendo su brillante carrera por un desenfrenado arranque de erotismo al estilo americano.
Esta semana se ha escupido tinta de todos los colores sobre la deshonra de Dominique Strauss-Khan. Socialista francés con un capital familiar superior a los cincuenta millones de euros. Socialista y francés. Presidente del Fondo Monetario Internacional hasta hace pocos días. Y favorito para las elecciones presidenciales de Francia (2012), antes de ese día en que la ducha lo tirara desnudo a un circo que se convirtió en juzgado americano. ¡Cuánto se ha dicho y cuánto se habrá de seguir diciendo! Las secuelas de este affaire tienden sus tentáculos en todos los ámbitos; y toda la sociedad del mundo se siente con derecho a pronunciarse… y está bien. Pero hay un matiz escurridizo en el asunto: Se está tratando con ojos de Moral lo que debiera tomarse con Sabiduría. Esta moral que de repente se siente ultrajada por sus propios defensores, es la verdadera protagonista. El escándalo (su fiscal de oficio) quiere, exige y se regocija con revelar la debilidad más ruin de un altísimo funcionario público (¿?) internacional. Y de la misma forma que los mitos griegos se jactaron tanto de enseñar las banalidades del Olimpo, las noticias de leyenda se las ingenian para que la farándula engruese sus filas de anti-héroes. La imagen de aquel hombre que en los noticieros franceses de la noche se remitiera a su limpieza y a su honestidad frente a cualquier opositor político, ahora volvía a pasar en la televisión, atado de manos como un delincuente. ¿Pero puede decirse que una persona con la reputación del señor DSK puede llegar a ser un delincuente? Claro que no.
Súbitamente las sociedades de información francesas hicieron conciencia y acataron una consigna de la ley que prohíbe la transmisión de imágenes que muestren el arresto de personas antes de haber sido declaradas culpables en un juicio. “La atadura de manos denigra la dignidad y la reputación de los individuos inocentes”. Muy oportuno el reclamo, ahora que el sujeto en cuestión resultó ser una especie de diosecillo que sostenía su rayo desde una celda. Justo en el momento en que penetraba un nuevo pasaje sombrío de la historia, la prensa sintió miedo de su oficio. Vaya. Pero parece que el señor Strauss-Khan ya tenía bastantes antecedentes de acoso sexual a funcionarias, sobrinas de funcionarias, secretarias de sobrinas de funcionarias, etc.; y no solo eso, sino que ciertos intentos de violación habían sido callados por la prensa; callados por la prensa; callados por la prensa hace no muchos años, según eso para proteger la vida íntima de uno de los personajes con más influencia sobre el auditorio económico internacional, y la reputación de las víctimas. La sociedad de información francesa había estado acunando a una fiera. ¿Pero qué no todos somos fieras? El problema aquí es que no todos somos fieras socialistas millonarias.
La noticia había que darla, pues era ya un escándalo en el mundo. Entonces todos los franceses tuvieron que enterarse de algo que no querían escuchar, por miedo a reconocerse; por temor de la verdad. Y sin embargo, en esta historia poco a poco se han ido desplazando los temas. De la felación, a la liberación condicional y al departamento neoyorquino del pobre DSK, que dice haber vivido una pesadilla. Ahora se habla de quién podrá sustituir en el FMI el cargo de Señor Desnudo. ¿Quién habrá de meterse a la ducha? El agua está caliente. Y entre la lista vemos nombres que canalizarán de nuevo todo el escarnio del mundo.
El escarnio del mundo…
Ay, señor, dijo la mucamita,
lo que usted dice no es novedad…
porque lo mismo cuando me vieron
todos sus amigos me lo dijeron…
“La mucamita”, Nacha Guevara
La noticia ha sido ya por todos masticada. Es más, el escenario ha sido ya por muchos recreado. Y podría decirse que también la historia ha ya sido vista en muchas partes (antes, durante y después). La mucama de hotel que llega justo en el momento en que el señor está saliendo de la ducha. El señor que va saliendo desnudo de la ducha en el momento en que ella entra. La puerta que hace clac. Los zapatos oscuros y brillantes del señor a un lado del sofá. La mucama de hotel que husmea, que coge lo que no es suyo y lo cambia de lugar para seguir husmeando. El señor desnudo que descubre no estar solo, que hay alguien del otro lado de la pieza, cogiendo lo que no le pertenece. El deseo de coger lo que no es suyo, la ducha aún caliente, la mucama en la habitación de hotel. Ah, las grandes y altas suites de la ciudad de Nueva York. ¡Cuántas veces habrase imaginado una escena como esta la señorita mucama del hotel! ¡Cuántas veces al señor se le habrá venido la sangre y luego ido por los rincones del cuerpo, imaginando lo que haría en un momento así! ¿Por qué pues no habría de hacerse realidad la acariciada fantasía, sin tenerla que pagar? El caso es muy delicado. La mucama del hotel ni siquiera estaba al tanto de quién era ese señor que intentaba felarla como en un filme pornográfico. Y el señor no tenía idea que estaba destruyendo su brillante carrera por un desenfrenado arranque de erotismo al estilo americano.
Esta semana se ha escupido tinta de todos los colores sobre la deshonra de Dominique Strauss-Khan. Socialista francés con un capital familiar superior a los cincuenta millones de euros. Socialista y francés. Presidente del Fondo Monetario Internacional hasta hace pocos días. Y favorito para las elecciones presidenciales de Francia (2012), antes de ese día en que la ducha lo tirara desnudo a un circo que se convirtió en juzgado americano. ¡Cuánto se ha dicho y cuánto se habrá de seguir diciendo! Las secuelas de este affaire tienden sus tentáculos en todos los ámbitos; y toda la sociedad del mundo se siente con derecho a pronunciarse… y está bien. Pero hay un matiz escurridizo en el asunto: Se está tratando con ojos de Moral lo que debiera tomarse con Sabiduría. Esta moral que de repente se siente ultrajada por sus propios defensores, es la verdadera protagonista. El escándalo (su fiscal de oficio) quiere, exige y se regocija con revelar la debilidad más ruin de un altísimo funcionario público (¿?) internacional. Y de la misma forma que los mitos griegos se jactaron tanto de enseñar las banalidades del Olimpo, las noticias de leyenda se las ingenian para que la farándula engruese sus filas de anti-héroes. La imagen de aquel hombre que en los noticieros franceses de la noche se remitiera a su limpieza y a su honestidad frente a cualquier opositor político, ahora volvía a pasar en la televisión, atado de manos como un delincuente. ¿Pero puede decirse que una persona con la reputación del señor DSK puede llegar a ser un delincuente? Claro que no.
Súbitamente las sociedades de información francesas hicieron conciencia y acataron una consigna de la ley que prohíbe la transmisión de imágenes que muestren el arresto de personas antes de haber sido declaradas culpables en un juicio. “La atadura de manos denigra la dignidad y la reputación de los individuos inocentes”. Muy oportuno el reclamo, ahora que el sujeto en cuestión resultó ser una especie de diosecillo que sostenía su rayo desde una celda. Justo en el momento en que penetraba un nuevo pasaje sombrío de la historia, la prensa sintió miedo de su oficio. Vaya. Pero parece que el señor Strauss-Khan ya tenía bastantes antecedentes de acoso sexual a funcionarias, sobrinas de funcionarias, secretarias de sobrinas de funcionarias, etc.; y no solo eso, sino que ciertos intentos de violación habían sido callados por la prensa; callados por la prensa; callados por la prensa hace no muchos años, según eso para proteger la vida íntima de uno de los personajes con más influencia sobre el auditorio económico internacional, y la reputación de las víctimas. La sociedad de información francesa había estado acunando a una fiera. ¿Pero qué no todos somos fieras? El problema aquí es que no todos somos fieras socialistas millonarias.
La noticia había que darla, pues era ya un escándalo en el mundo. Entonces todos los franceses tuvieron que enterarse de algo que no querían escuchar, por miedo a reconocerse; por temor de la verdad. Y sin embargo, en esta historia poco a poco se han ido desplazando los temas. De la felación, a la liberación condicional y al departamento neoyorquino del pobre DSK, que dice haber vivido una pesadilla. Ahora se habla de quién podrá sustituir en el FMI el cargo de Señor Desnudo. ¿Quién habrá de meterse a la ducha? El agua está caliente. Y entre la lista vemos nombres que canalizarán de nuevo todo el escarnio del mundo.
mardi 17 mai 2011
Cuenta cuántos cuentos
Viaje en órbita
Olvido o memoria: narración
¿Eres tú quien salva?
(La memoria salva)
¿Quién alejará de nosotros
esta lluvia tenaz?
Árbol de ceniza, X
Víctor Manuel Cárdenas
LA raza humana, la especie, es quizá el animal más adaptado al mundo que habita. Sin embargo tiene, ha tenido y tendrá un eterno problema, también es el animal más agresivo y violento del planeta. Su razón, es una maldición; su fuerza, la condena. La gran paradoja de la humanidad es que no trata de dominar otras especies, sino a sí misma; la guerra se ha convertido en un ejercicio de autodestrucción bien extendido por todos los lugares que puebla. La masacre y la barbarie son el estigma de la civilización humana, y hay dos maneras de afrontar este estigma: el olvido o la memoria. Uno es temporal, pues la masacre vuelve cada siempre; la otra es salvadora, pero intermitente.
La memoria es una de las subjetividades humanas más atacadas por quienes ostentan el poder. Las sociedades que conforman esta especie animal viven en polos distantes, o se les mantiene así: en el olvido, si sólo en el presente; en la memoria, si sólo en el pasado. Una carencia constante de información y razón avasalla con toda la esperanza humana. Es necesario escribir la historia de lo que falta para que la sociedad avance.
La historia es una narración de la enormidad, donde se enclavan los hechos innegables. No obstante, ante hechos de barbarie, en el discurso público se confrontan dos tipos de verdades o de realidades: una que es promovida por el Estado –quien pretende mantener el control a través de una representación de los hechos hecha a la medida–, y otra que es conservada con recelo por la sociedad –a través de la memoria pública–. Para administrar dicha memoria el Estado impone una “historia oficial”, caracterizada por la omisión de los hechos de barbarie, difundiendo una interpretación global de lo acontecido. Dentro de este relato, las víctimas pierden identidad y por tanto subjetividad. Los actos de barbarie suelen ser tratados desde distintas formas de narración: la lucha entre buenos y malos, donde Estado indiscutiblemente es bueno; o “el relato de los dos demonios”, que no deja lugar a matices para ninguno de los bandos, y donde las víctimas son tan culpables como los victimarios. Los medios que utiliza el Estado para establecer su narración de la historia son los medios masivos, paradójicamente inalcanzables para la masa que recuerda, que sufre y que se resiste al olvido sistemático a que está impuesta.
Dentro de esta dinámica la novela, el filme, el periodismo, la fotografía y todas las manifestaciones de cultura, se convierten en herramientas útiles para elaborar una contranarración que se oponga al olvido, con el afán de reconstruir la memoria de la sociedad. Muchos hablan ya de reconstruir el tejido social, para eso es urgente despertar. El régimen debe caer para que el velo del olvido se corra ante nuestra colectividad y vuelvan las razones y la paz. La narración de la memoria sólo tomará forma mientras el tiempo pasa, las generaciones nuevas, que han crecido habituadas a una verdad bien poco clara, serán terreno fértil para la palabra reconstructiva, la palabra que aspira a la reparación y a la justicia.
Pero muchas veces, para ocultar la barbarie el Estado no utiliza la amnesia, sino la ignorancia. El desconocimiento de la realidad es tan peligroso como el olvido. Parece muy simple, pero hay que enunciarlo: Mientras el olvido debe ser derrumbado con la recuperación de la memoria; la ignorancia debe ser eliminada con la revelación de la verdad. Cuando reina el silencio en un país de ignorancia, se vuelve urgente la palabra de edificación, la palabra que despierta la luz en medio de una caverna.

Foto: Ivonne Barajas
Olvido o memoria: narración
¿Eres tú quien salva?
(La memoria salva)
¿Quién alejará de nosotros
esta lluvia tenaz?
Árbol de ceniza, X
Víctor Manuel Cárdenas
LA raza humana, la especie, es quizá el animal más adaptado al mundo que habita. Sin embargo tiene, ha tenido y tendrá un eterno problema, también es el animal más agresivo y violento del planeta. Su razón, es una maldición; su fuerza, la condena. La gran paradoja de la humanidad es que no trata de dominar otras especies, sino a sí misma; la guerra se ha convertido en un ejercicio de autodestrucción bien extendido por todos los lugares que puebla. La masacre y la barbarie son el estigma de la civilización humana, y hay dos maneras de afrontar este estigma: el olvido o la memoria. Uno es temporal, pues la masacre vuelve cada siempre; la otra es salvadora, pero intermitente.
La memoria es una de las subjetividades humanas más atacadas por quienes ostentan el poder. Las sociedades que conforman esta especie animal viven en polos distantes, o se les mantiene así: en el olvido, si sólo en el presente; en la memoria, si sólo en el pasado. Una carencia constante de información y razón avasalla con toda la esperanza humana. Es necesario escribir la historia de lo que falta para que la sociedad avance.
La historia es una narración de la enormidad, donde se enclavan los hechos innegables. No obstante, ante hechos de barbarie, en el discurso público se confrontan dos tipos de verdades o de realidades: una que es promovida por el Estado –quien pretende mantener el control a través de una representación de los hechos hecha a la medida–, y otra que es conservada con recelo por la sociedad –a través de la memoria pública–. Para administrar dicha memoria el Estado impone una “historia oficial”, caracterizada por la omisión de los hechos de barbarie, difundiendo una interpretación global de lo acontecido. Dentro de este relato, las víctimas pierden identidad y por tanto subjetividad. Los actos de barbarie suelen ser tratados desde distintas formas de narración: la lucha entre buenos y malos, donde Estado indiscutiblemente es bueno; o “el relato de los dos demonios”, que no deja lugar a matices para ninguno de los bandos, y donde las víctimas son tan culpables como los victimarios. Los medios que utiliza el Estado para establecer su narración de la historia son los medios masivos, paradójicamente inalcanzables para la masa que recuerda, que sufre y que se resiste al olvido sistemático a que está impuesta.
Dentro de esta dinámica la novela, el filme, el periodismo, la fotografía y todas las manifestaciones de cultura, se convierten en herramientas útiles para elaborar una contranarración que se oponga al olvido, con el afán de reconstruir la memoria de la sociedad. Muchos hablan ya de reconstruir el tejido social, para eso es urgente despertar. El régimen debe caer para que el velo del olvido se corra ante nuestra colectividad y vuelvan las razones y la paz. La narración de la memoria sólo tomará forma mientras el tiempo pasa, las generaciones nuevas, que han crecido habituadas a una verdad bien poco clara, serán terreno fértil para la palabra reconstructiva, la palabra que aspira a la reparación y a la justicia.
Pero muchas veces, para ocultar la barbarie el Estado no utiliza la amnesia, sino la ignorancia. El desconocimiento de la realidad es tan peligroso como el olvido. Parece muy simple, pero hay que enunciarlo: Mientras el olvido debe ser derrumbado con la recuperación de la memoria; la ignorancia debe ser eliminada con la revelación de la verdad. Cuando reina el silencio en un país de ignorancia, se vuelve urgente la palabra de edificación, la palabra que despierta la luz en medio de una caverna.

Foto: Ivonne Barajas
mardi 10 mai 2011
Las preguntas del millón o el millón de preguntas
Viaje en órbita
Contesta y ganarás
Josué Solís Hernández
Disculpe, ¿usted cree que la democracia es algo útil? ¿Es válido dejar que la mayoría siempre tenga la razón? ¿Un pueblo ignorante tiene derecho a elegir a sus gobernantes? Señora: ¿para qué sirve un diputado? Señor: ¿sabe usted a cuánto sale un barril de petróleo? ¿Qué es la bolsa de valores? ¿Cuántos alumnos en clase de secundaria podrían definir la palabra mediocridad? ¿Cuántos maestros sabrían explicarla? ¿Por qué la gente enciende la televisión para ponerse a platicar? ¿En su barrio los vecinos también exageran el volumen de su música? ¿Por qué es más fácil ponerse una tanga que una toga? ¿Por qué muchas personas llaman “vino” a cualquier licor? ¿Cuánto dinero debe usted? ¿Por qué muchas iglesias continúan abarrotándose todos los domingos? ¿Sabe usted calcular el diezmo? Jovencita: ¿qué es un átomo? ¿Cuántas bibliotecas públicas están cerca de su casa? Muchacho: ¿cuántos lados tiene un octaedro?, ¿a qué se parece cada lado? Niño: ¿qué desayunaste?, ¿cuántas cocacolas al día se toma tu papá? Niña: ¿cómo te gusta el brócoli?, ¿y las papas? Familia: ¿ya terminaron de leer los libros que les regalaron el mes pasado? ¿En cuántos segundos puede usted recitar el abecedario? ¿Podría completar la frase siguiente? “A mis soledades voy…” ¿Qué pasa cuando se coloca un espejo frente a un espejo? ¿Cuál es el gas que mejor sirve para respirar? ¿Qué tiene que ver esto con los árboles? ¿Por qué el cielo es azul?
Disculpe usted, ¿cree que la educación es algo útil? ¿Por qué? Señor presidente, si un albañil gana 57 pesos diarios y se toma 3 caguamas de 18 pesos cada 36 horas, ¿cuáles son sus utilidades netas por mes?, ¿y las de usted? Amigo, ¿sabes dónde venden mota? ¿A quién le tienes más miedo, al vecino o a la policía? ¿A dónde te fuiste de vacaciones en semana santa? Señor gobernador: ¿en qué se parecen Iscariote y Tadeo?, ¿qué tiene que ver esto con la PGR y la PGJE? ¿Tiene usted miedo de la muerte? ¿Cómo se mueve una torre en el ajedrez? ¿Cuál es la diferencia entre un azteca, un zapoteca y un imeca? ¿Es usted homosexual?, ¿sus hijos lo son?, ¿le provoca esto temor? Señor diputado, ¿qué tiene que ver usted con todo esto? ¿Cuándo fue la última vez que vio una buena película en el cine? ¿Sabe usted lo que significa genocidio? ¿Cuánto puede resistir un ratón bajo el agua sin morir?, ¿y un niño? Señorita colegiala: ¿Conoce usted sus derechos?, ¿cuáles son? ¿Pares o nones? ¿Ya sacaste tu credencial de elector? Joven y animoso locutor, ¿qué es una dictadura? Viejo y aburrido conductor de radio, ¿para qué sirve el fraude electoral? ¿Cuántas horas tiene un año? ¿El próximo 2012 habrá olimpiadas o mundial? Señora alcaldesa, ¿cómo le va?
Disculpe, usted que no tiene madre pero sí un buen negocio, ¿cuánto le paga a sus empleados? ¿De qué viven los vampiros? ¿Qué tipo de sangre es usted? Señor director, ¿qué modelo es su automóvil? Si en un vagón de tren caben 30 migrantes encaramados, y el tren tiene 150 vagones, ¿cuánto ganan los polleros? ¿Qué quieren decir las siglas ISSSTE, IMSS y SSA? ¿Cuál es la edad de jubilación en México? Mamá, muchas felicidades.
Contesta y ganarás
Josué Solís Hernández
Disculpe, ¿usted cree que la democracia es algo útil? ¿Es válido dejar que la mayoría siempre tenga la razón? ¿Un pueblo ignorante tiene derecho a elegir a sus gobernantes? Señora: ¿para qué sirve un diputado? Señor: ¿sabe usted a cuánto sale un barril de petróleo? ¿Qué es la bolsa de valores? ¿Cuántos alumnos en clase de secundaria podrían definir la palabra mediocridad? ¿Cuántos maestros sabrían explicarla? ¿Por qué la gente enciende la televisión para ponerse a platicar? ¿En su barrio los vecinos también exageran el volumen de su música? ¿Por qué es más fácil ponerse una tanga que una toga? ¿Por qué muchas personas llaman “vino” a cualquier licor? ¿Cuánto dinero debe usted? ¿Por qué muchas iglesias continúan abarrotándose todos los domingos? ¿Sabe usted calcular el diezmo? Jovencita: ¿qué es un átomo? ¿Cuántas bibliotecas públicas están cerca de su casa? Muchacho: ¿cuántos lados tiene un octaedro?, ¿a qué se parece cada lado? Niño: ¿qué desayunaste?, ¿cuántas cocacolas al día se toma tu papá? Niña: ¿cómo te gusta el brócoli?, ¿y las papas? Familia: ¿ya terminaron de leer los libros que les regalaron el mes pasado? ¿En cuántos segundos puede usted recitar el abecedario? ¿Podría completar la frase siguiente? “A mis soledades voy…” ¿Qué pasa cuando se coloca un espejo frente a un espejo? ¿Cuál es el gas que mejor sirve para respirar? ¿Qué tiene que ver esto con los árboles? ¿Por qué el cielo es azul?
Disculpe usted, ¿cree que la educación es algo útil? ¿Por qué? Señor presidente, si un albañil gana 57 pesos diarios y se toma 3 caguamas de 18 pesos cada 36 horas, ¿cuáles son sus utilidades netas por mes?, ¿y las de usted? Amigo, ¿sabes dónde venden mota? ¿A quién le tienes más miedo, al vecino o a la policía? ¿A dónde te fuiste de vacaciones en semana santa? Señor gobernador: ¿en qué se parecen Iscariote y Tadeo?, ¿qué tiene que ver esto con la PGR y la PGJE? ¿Tiene usted miedo de la muerte? ¿Cómo se mueve una torre en el ajedrez? ¿Cuál es la diferencia entre un azteca, un zapoteca y un imeca? ¿Es usted homosexual?, ¿sus hijos lo son?, ¿le provoca esto temor? Señor diputado, ¿qué tiene que ver usted con todo esto? ¿Cuándo fue la última vez que vio una buena película en el cine? ¿Sabe usted lo que significa genocidio? ¿Cuánto puede resistir un ratón bajo el agua sin morir?, ¿y un niño? Señorita colegiala: ¿Conoce usted sus derechos?, ¿cuáles son? ¿Pares o nones? ¿Ya sacaste tu credencial de elector? Joven y animoso locutor, ¿qué es una dictadura? Viejo y aburrido conductor de radio, ¿para qué sirve el fraude electoral? ¿Cuántas horas tiene un año? ¿El próximo 2012 habrá olimpiadas o mundial? Señora alcaldesa, ¿cómo le va?
Disculpe, usted que no tiene madre pero sí un buen negocio, ¿cuánto le paga a sus empleados? ¿De qué viven los vampiros? ¿Qué tipo de sangre es usted? Señor director, ¿qué modelo es su automóvil? Si en un vagón de tren caben 30 migrantes encaramados, y el tren tiene 150 vagones, ¿cuánto ganan los polleros? ¿Qué quieren decir las siglas ISSSTE, IMSS y SSA? ¿Cuál es la edad de jubilación en México? Mamá, muchas felicidades.
Sobre la información... la pobreza de interés
Viaje en órbita
El vicio circular
Josué Solís Hernández
“Era yo quien entraba, ya despierto, asomado a la niebla,
viendo cómo aquel crimen disfrazado de piedras con ventanas
se agrandaba, ensanchándose,
perdiéndose la idea de su altura,
viéndole intervenir hasta las nubes.”
Rafael Alberti, en “New York”
La información que corre cada día en los medios de comunicación se viste como remanso de luz y de verdad, y nadie la cuestiona. Muy pocos televidentes, lectores de prensa y radioescuchas se hacen preguntas sobre las intenciones de las noticias y los efectos que causan en la masa. Parece que un velo diario se corre ante los hechos del pasado; que los datos acumulados en la memoria selectiva de la gente han sido escogidos con premeditación y con ventaja. Un logro visto en la televisión, esconde el silencio de centenas de fracasos. Seamos claros, demos ejemplos y arriesguémonos a hablar:
1. Hace unos días, en el barrio de El Mezcalito, Colima, hicieron preso a un presunto asesino del exgobernador Silverio Cavazos. Una operación conjunta entre la policía federal y la armada de México concluyó con este final feliz. El sujeto apodado la Vaca según eso era el autor material de la muerte del Ventarrón, del Johnny, del Parral, de la Rata y también del Sílver, y estaba siendo protegido por elementos de la policía estatal. Recordemos que no hace mucho tiempo el gobierno colimote presentó algunos presuntos implicados en el caso, se regó el tema con un silencio sepulcral (que rima con oficial), y ni la muerte del coordinador de asesores sacó un botón en el rosal de las declaraciones. No parecía extraño entonces que los meros federales vinieran a ejecutar tareas que el estado no puede garantizar, ya que la presunta detención de algunos coludidos habría dejado libre al asesino. Sin embargo el domingo el gobernador Mario Anguiano rompió el silencio con entereza poco común, para decir que la Vaca que agarraron no es la Vaca de verdad, que debe tratarse de un error o de un rumor o de un falso mugido, e incluso dio algunos detalles que ojalá no entorpezcan las investigaciones. Pero qué importa el autor material del crimen, si falta que se encuentre, se detenga y juzgue al autor intelectual. A ese “autor”, que sigue (¿y seguirá?) transitando con impunidad, nadie le ha puesto nombre todavía. Y al final una supuesta verdad y sus refutaciones, acaban imponiéndose a la seguridad de nuestras calles.
2. Y hablando de calles, la propuesta de reforma a la Ley de Seguridad Nacional ha hecho nido en boca de todos. Esa famosa y trabada propuesta, que devuelve la libertad bélica al Ejecutivo federal (libertad desde hace mucho conocida en nuestro México). Con esta ley, promulgada en 2005, se elaboró una manera de “garantizar” la seguridad ante cualquier intervención extranjera o caos o amenaza a la armonía del Estado. Lo que el gobierno federal pretende ahora es la regulación de algunos detallitos que se han venido violando, como la utilización de las fuerzas armadas sin previa autorización del Congreso, la falta de respeto a la integridad y derechos de las personas, entre otras cosas que se propone transformar a conveniencia de todos los mexicanos. Uno de los argumentos que presentó el gobierno para justificar su propuesta es que la “guerra” es un estado bien concreto, pero la paz es siempre relativa; otramente dicho, que la guerra tiene un lugar bien preciso en las categorías de la existencia, pero la paz pudiera no materializarse nunca y que por eso es necesario asegurarla. El Estado se puso en el borde de un abismo filosófico más que político; y manifiesta sus dudas y vacilaciones estructurales, convirtiéndolas en ley. Si la paz es relativa, ¿cuánto más relativa es la seguridad? Y ¿por qué no hacer una reforma paralela al sistema de impartición de Justicia?, por ejemplo. Pero de esa ciega parece que sólo corresponde hablar a quienes la reclaman. La seguridad se impone a la justicia, porque el territorio es más rico que el país.
3. Y hablando del país, antier, Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, anunció con toda solemnidad la muerte oficial de Osama Bin-Laden, otro presunto responsable de un gran crimen y enemigo No 1 del mundo occidental. La muerte de miles de hombres, mujeres y niños en el mundo fue reivindicada por fuerzas especiales del ejército de los E.U. Poco antes de que se cumplan 10 años de la destrucción de las torres en Nueva York, con las elecciones a venir, Obama provoca el regocijo de millones de ciudadanos. Ha dado venganza a las víctimas de un cuestionadísimo ataque terrorista; surge de nuevo un adalid de la justicia; la guerra en medio-oriente sigue (¿y seguirá?) siendo una causa justa, aunque lo único justo de verdad terminen siendo los precios del petróleo. Seguro que ninguna oposición obtendrá clara respuesta. La justicia de una reivindicación internacional se está imponiendo sobre la verdad de la explotación del mundo.
Un vicio circular en el uso de los medios dicta sus reglas en el círculo vicioso de la comunicación. ¿Quiénes son las verdaderas víctimas en este cuento sin fin de detectives desesperados?
El vicio circular
Josué Solís Hernández
“Era yo quien entraba, ya despierto, asomado a la niebla,
viendo cómo aquel crimen disfrazado de piedras con ventanas
se agrandaba, ensanchándose,
perdiéndose la idea de su altura,
viéndole intervenir hasta las nubes.”
Rafael Alberti, en “New York”
La información que corre cada día en los medios de comunicación se viste como remanso de luz y de verdad, y nadie la cuestiona. Muy pocos televidentes, lectores de prensa y radioescuchas se hacen preguntas sobre las intenciones de las noticias y los efectos que causan en la masa. Parece que un velo diario se corre ante los hechos del pasado; que los datos acumulados en la memoria selectiva de la gente han sido escogidos con premeditación y con ventaja. Un logro visto en la televisión, esconde el silencio de centenas de fracasos. Seamos claros, demos ejemplos y arriesguémonos a hablar:
1. Hace unos días, en el barrio de El Mezcalito, Colima, hicieron preso a un presunto asesino del exgobernador Silverio Cavazos. Una operación conjunta entre la policía federal y la armada de México concluyó con este final feliz. El sujeto apodado la Vaca según eso era el autor material de la muerte del Ventarrón, del Johnny, del Parral, de la Rata y también del Sílver, y estaba siendo protegido por elementos de la policía estatal. Recordemos que no hace mucho tiempo el gobierno colimote presentó algunos presuntos implicados en el caso, se regó el tema con un silencio sepulcral (que rima con oficial), y ni la muerte del coordinador de asesores sacó un botón en el rosal de las declaraciones. No parecía extraño entonces que los meros federales vinieran a ejecutar tareas que el estado no puede garantizar, ya que la presunta detención de algunos coludidos habría dejado libre al asesino. Sin embargo el domingo el gobernador Mario Anguiano rompió el silencio con entereza poco común, para decir que la Vaca que agarraron no es la Vaca de verdad, que debe tratarse de un error o de un rumor o de un falso mugido, e incluso dio algunos detalles que ojalá no entorpezcan las investigaciones. Pero qué importa el autor material del crimen, si falta que se encuentre, se detenga y juzgue al autor intelectual. A ese “autor”, que sigue (¿y seguirá?) transitando con impunidad, nadie le ha puesto nombre todavía. Y al final una supuesta verdad y sus refutaciones, acaban imponiéndose a la seguridad de nuestras calles.
2. Y hablando de calles, la propuesta de reforma a la Ley de Seguridad Nacional ha hecho nido en boca de todos. Esa famosa y trabada propuesta, que devuelve la libertad bélica al Ejecutivo federal (libertad desde hace mucho conocida en nuestro México). Con esta ley, promulgada en 2005, se elaboró una manera de “garantizar” la seguridad ante cualquier intervención extranjera o caos o amenaza a la armonía del Estado. Lo que el gobierno federal pretende ahora es la regulación de algunos detallitos que se han venido violando, como la utilización de las fuerzas armadas sin previa autorización del Congreso, la falta de respeto a la integridad y derechos de las personas, entre otras cosas que se propone transformar a conveniencia de todos los mexicanos. Uno de los argumentos que presentó el gobierno para justificar su propuesta es que la “guerra” es un estado bien concreto, pero la paz es siempre relativa; otramente dicho, que la guerra tiene un lugar bien preciso en las categorías de la existencia, pero la paz pudiera no materializarse nunca y que por eso es necesario asegurarla. El Estado se puso en el borde de un abismo filosófico más que político; y manifiesta sus dudas y vacilaciones estructurales, convirtiéndolas en ley. Si la paz es relativa, ¿cuánto más relativa es la seguridad? Y ¿por qué no hacer una reforma paralela al sistema de impartición de Justicia?, por ejemplo. Pero de esa ciega parece que sólo corresponde hablar a quienes la reclaman. La seguridad se impone a la justicia, porque el territorio es más rico que el país.
3. Y hablando del país, antier, Barack Obama, presidente de los Estados Unidos, anunció con toda solemnidad la muerte oficial de Osama Bin-Laden, otro presunto responsable de un gran crimen y enemigo No 1 del mundo occidental. La muerte de miles de hombres, mujeres y niños en el mundo fue reivindicada por fuerzas especiales del ejército de los E.U. Poco antes de que se cumplan 10 años de la destrucción de las torres en Nueva York, con las elecciones a venir, Obama provoca el regocijo de millones de ciudadanos. Ha dado venganza a las víctimas de un cuestionadísimo ataque terrorista; surge de nuevo un adalid de la justicia; la guerra en medio-oriente sigue (¿y seguirá?) siendo una causa justa, aunque lo único justo de verdad terminen siendo los precios del petróleo. Seguro que ninguna oposición obtendrá clara respuesta. La justicia de una reivindicación internacional se está imponiendo sobre la verdad de la explotación del mundo.
Un vicio circular en el uso de los medios dicta sus reglas en el círculo vicioso de la comunicación. ¿Quiénes son las verdaderas víctimas en este cuento sin fin de detectives desesperados?
mardi 26 avril 2011
Verdadera Historia de la Muerte del Corrido
Viaje en órbita
“Lo mataron”
JOSUÉ SOLÍS HERNÁNDEZ
Ya murió la Cucaracha
ya la llevan a enterrar…
EL género musical conocido como “corrido” es una de las tradiciones productoras de leyendas más enraizadas en nuestras costumbres y en el imaginario social, incluso pudiera decirse que forma parte de la “identidad nacional” mexicana. Pocos pueden resistirse a ese guaco interior que se despierta (aunque no salga) cuando –en una ramada en la playa o en un portal botanero– se escucha un grupo “norteño” narrando con acordeones y cuerdas la tragedia de Emilio Varela que quiso mezclar la traición con el contrabando y de siete balazos murió a manos de Camelia, la texana.
Muchos de los que no se resisten a la tradición preferirán escuchar y entonar el caso de Rosita Alvírez, o el de La Martina, aun más cercano a la problemática cotidiana de la sociedad, pues la infidelidad marital y la falta de pericia para mentir trajeron la muerte “justa” y a quemarropa de una quinceañera (véanse los habituales asesinatos de jovencitas en la frontera norte).
Más cercano de la sociedad, este corrido también es más cercano de la historia, más cercano de aquel corrido lastimero de Román Castillo con su caballo herido, y de los romances viejos españoles, y del Cid Campeador que en buena hora ciñó su espada, y del rey don Rodrigo, ultrajador de la sobrina del Conde don Julián, quien en venganza abrió las puertas y los puertos a los sables sedientos de sangre portados por los árabes.
También los españoles fueron sometidos por siglos, y durante ese tiempo de jodidez desarrollaron la costumbre de cantarse romancillos de pueblo en pueblo, con afán de pasarse noticias y razones. Romancillos que por azar llegaron en barco hasta este lado del mundo, y que en México –luego de varios siglos de aquella esclavitud que sirvió de escarmiento para los naturales de las Indias tanto como de sangriento frenesí para los ultramarinos– a aquellos versos octosílabos les dimos su revolcada insurgente y liberal, para luego organizar su reestreno durante la Revolución Mexicana, allá en el norte, cuando se cantaban de corrido las noticias y razones de lo que ya había pasado y lo que estaba por venir; ante un buen fuego, con un carrujo en la boca, un fusil o una guitarra entre las manos. ¡Cuántas lunas rojas pasaron y pasarán luminosas y oscuras sobre la voz cantante de los pueblos!
En la década de los sesenta –del siglo XX– los gomeros de opio hicieron famosas algunas de sus proezas contrabandistas gracias al corrido; y los salteadores de caminos comenzaron a ser los reyes de las carreteras, que no es lo mismo aunque venga siendo igual. La radio se llenó de melodías con acordeón y don Chalino y don Ramón vinieron a hacer antesala a los famosos Tigres. Todos del norte, siempre en el norte, como si aquella zona mexicana fuera un país diferente; pero no, el norte de México es quizá el México más puro, más auténtico, más cliché, donde el sombrero sigue sirviendo para taparse el sol, y el poder efectivo se pasea con botas en medio del desierto, empuñando una pistola cuyo cañón canta un himno de sonoro rugir.
El corrido fue fiel reflejo de esa época (la de los gomeros), porque ésa era su función. Pero vino luego lo que muchos llamaron “apología del crimen”, a través de la música de explotación… Fue entonces que el mal conocido y despreciado “narcocorrido” hizo su aparición en escenarios, trocas y casas disqueras. Historias macabras plagadas de lugares comunes y de balas se convirtieron en una verdadera amenaza para México que pronto se hizo realidad en valles y desiertos, en todo camino y toda ciudad. México está en el norte; y la muerte también. El pulso mexicano de último minuto está conectado a reglas de último milenio; las mismas reglas de aquel imperio decadente por sangriento; las mismas reglas de la espada victoriosa por sangrienta; las mismas reglas de las complejísimas guerras ilustradas, por sangrientas; las mismas reglas sangrientas de la dictadura, de la bola, del partido, del petróleo, de la banca, del saqueo, de la liberación y de sus máscaras sangrientas. El Estado Fallido se merece un buen corrido, por matón. Pero a nuestro romancero lo mataron.
Hace poco, en internet, me topé con varias versiones de un corrido muy curioso por absurdo: el corrido de "Lo mataron". La canción es simple, y con cualquier tonadita norteña X el lector podrá fácilmente hacerse una idea: “Lo mataron, lo mataron; lo mataron, lo mataron… etcétera” Durante 3 minutos y varias estrofas se repite la misma afirmación, que en sí misma parece decirlo todo: Lo mataron, y no hay más que contar. No hay sujeto, no hay principio, ni final. Sólo nos queda el verbo: “matar, matar, matar”, suspendido en una melodía circular que de tanto repetirse se vuelve eterna. Matar, un verbo tan humano pero a su vez tan mexicano, tan tradicional.
Tal parece que la tormentosa actualidad de este país da por sentado de qué se trata el negocio y la aventura, la noticia y la razón; que no es necesario dar explicaciones, que se habla de algo muy bien sabido por todos. La canción es económica, porque con tanto muertito que anda apareciendo, “lo mataron” se puede entonar (y se entona) a mansalva sin temor a equivocarse de sujeto, ni de historia. Tal parece, también, que –de tanto reciclarse– los antihéroes del narco se convirtieron en un producto “agotado”, que en este baile de las balas quienes se están cansando primero son los músicos, y que el corrido ya no puede caminar. Descanse en paz, si de veras lo mataron.
“Lo mataron”
JOSUÉ SOLÍS HERNÁNDEZ
Ya murió la Cucaracha
ya la llevan a enterrar…
EL género musical conocido como “corrido” es una de las tradiciones productoras de leyendas más enraizadas en nuestras costumbres y en el imaginario social, incluso pudiera decirse que forma parte de la “identidad nacional” mexicana. Pocos pueden resistirse a ese guaco interior que se despierta (aunque no salga) cuando –en una ramada en la playa o en un portal botanero– se escucha un grupo “norteño” narrando con acordeones y cuerdas la tragedia de Emilio Varela que quiso mezclar la traición con el contrabando y de siete balazos murió a manos de Camelia, la texana.
Muchos de los que no se resisten a la tradición preferirán escuchar y entonar el caso de Rosita Alvírez, o el de La Martina, aun más cercano a la problemática cotidiana de la sociedad, pues la infidelidad marital y la falta de pericia para mentir trajeron la muerte “justa” y a quemarropa de una quinceañera (véanse los habituales asesinatos de jovencitas en la frontera norte).
Más cercano de la sociedad, este corrido también es más cercano de la historia, más cercano de aquel corrido lastimero de Román Castillo con su caballo herido, y de los romances viejos españoles, y del Cid Campeador que en buena hora ciñó su espada, y del rey don Rodrigo, ultrajador de la sobrina del Conde don Julián, quien en venganza abrió las puertas y los puertos a los sables sedientos de sangre portados por los árabes.
También los españoles fueron sometidos por siglos, y durante ese tiempo de jodidez desarrollaron la costumbre de cantarse romancillos de pueblo en pueblo, con afán de pasarse noticias y razones. Romancillos que por azar llegaron en barco hasta este lado del mundo, y que en México –luego de varios siglos de aquella esclavitud que sirvió de escarmiento para los naturales de las Indias tanto como de sangriento frenesí para los ultramarinos– a aquellos versos octosílabos les dimos su revolcada insurgente y liberal, para luego organizar su reestreno durante la Revolución Mexicana, allá en el norte, cuando se cantaban de corrido las noticias y razones de lo que ya había pasado y lo que estaba por venir; ante un buen fuego, con un carrujo en la boca, un fusil o una guitarra entre las manos. ¡Cuántas lunas rojas pasaron y pasarán luminosas y oscuras sobre la voz cantante de los pueblos!
En la década de los sesenta –del siglo XX– los gomeros de opio hicieron famosas algunas de sus proezas contrabandistas gracias al corrido; y los salteadores de caminos comenzaron a ser los reyes de las carreteras, que no es lo mismo aunque venga siendo igual. La radio se llenó de melodías con acordeón y don Chalino y don Ramón vinieron a hacer antesala a los famosos Tigres. Todos del norte, siempre en el norte, como si aquella zona mexicana fuera un país diferente; pero no, el norte de México es quizá el México más puro, más auténtico, más cliché, donde el sombrero sigue sirviendo para taparse el sol, y el poder efectivo se pasea con botas en medio del desierto, empuñando una pistola cuyo cañón canta un himno de sonoro rugir.
El corrido fue fiel reflejo de esa época (la de los gomeros), porque ésa era su función. Pero vino luego lo que muchos llamaron “apología del crimen”, a través de la música de explotación… Fue entonces que el mal conocido y despreciado “narcocorrido” hizo su aparición en escenarios, trocas y casas disqueras. Historias macabras plagadas de lugares comunes y de balas se convirtieron en una verdadera amenaza para México que pronto se hizo realidad en valles y desiertos, en todo camino y toda ciudad. México está en el norte; y la muerte también. El pulso mexicano de último minuto está conectado a reglas de último milenio; las mismas reglas de aquel imperio decadente por sangriento; las mismas reglas de la espada victoriosa por sangrienta; las mismas reglas de las complejísimas guerras ilustradas, por sangrientas; las mismas reglas sangrientas de la dictadura, de la bola, del partido, del petróleo, de la banca, del saqueo, de la liberación y de sus máscaras sangrientas. El Estado Fallido se merece un buen corrido, por matón. Pero a nuestro romancero lo mataron.
Hace poco, en internet, me topé con varias versiones de un corrido muy curioso por absurdo: el corrido de "Lo mataron". La canción es simple, y con cualquier tonadita norteña X el lector podrá fácilmente hacerse una idea: “Lo mataron, lo mataron; lo mataron, lo mataron… etcétera” Durante 3 minutos y varias estrofas se repite la misma afirmación, que en sí misma parece decirlo todo: Lo mataron, y no hay más que contar. No hay sujeto, no hay principio, ni final. Sólo nos queda el verbo: “matar, matar, matar”, suspendido en una melodía circular que de tanto repetirse se vuelve eterna. Matar, un verbo tan humano pero a su vez tan mexicano, tan tradicional.
Tal parece que la tormentosa actualidad de este país da por sentado de qué se trata el negocio y la aventura, la noticia y la razón; que no es necesario dar explicaciones, que se habla de algo muy bien sabido por todos. La canción es económica, porque con tanto muertito que anda apareciendo, “lo mataron” se puede entonar (y se entona) a mansalva sin temor a equivocarse de sujeto, ni de historia. Tal parece, también, que –de tanto reciclarse– los antihéroes del narco se convirtieron en un producto “agotado”, que en este baile de las balas quienes se están cansando primero son los músicos, y que el corrido ya no puede caminar. Descanse en paz, si de veras lo mataron.
vendredi 25 mars 2011
Una pequeña cita Bolaniana
Bolaño, R. (2011) Los sinsabores del verdadero policía, Ed. Anagrama, Barcelona. pp. 25 y 26, y luego de 21 a 24.
2
Cuando Padilla tenía cinco años murió su madre, cuando tenía doce murió su hermano mayor. A los trece decidió que sería artista. Primero pensó que lo suyo era el teatro y el cine. Luego leyó a Rimbaud y a Leopoldo María Panero y quiso ser poeta además de actor. A los dieciséis había devorado literalmente toda la poesía que caía en sus manos y tuvo dos experiencias (más bien lamentables) en el teatro de aficionados de su barrio, pero no era suficiente. Aprendió inglés y francés, hizo un viaje a San Sebastián, al psiquiátrico de Mondragón, e intentó visitar a Leopoldo María Panero, pero los médicos, después de verlo y escucharlo durante cinco minutos, no lo dejaron.
A los diecisiete era un muchacho fuerte, culto, irónico, con brotes de violencia. En dos ocasiones llegó a la agresión física. La primera, mientras paseaba por la Ciudadela con un amigo, otro poeta, y dos jóvenes skinheads los insultaron. Posiblemente los llamaron maricas o algo así. Padilla, que de ordinario él mismo hacía esta clase de burlas, se detuvo, se acercó al más fornido y de un golpe en el cuello lo dejó sin aliento; cuando el muchacho hacía esfuerzos por mantener el equilibrio y al mismo tiempo respirar fue derribado de una patada en los testículos; su compañero intentó ayudarlo pero lo que vio en los ojos de Padilla fue superior a su grado de camaradería y optó por alejarse a la carrera del lugar del altercado. Todo fue muy rápido. Antes de marcharse, Padilla aún tuvo tiempo para patear un par de veces la calva cabeza de su contrincante caído. El joven poeta amigo de Padilla estaba horrorizado. Días después, al reprocharle su actitud (sobre todo la agresión última, las patadas gratuitas al enemigo en el suelo), Padilla respondió que contra los nazis él se permitía cualquier capricho. La palabra capricho en los labios adolescentes de Padilla sonaba como golosina. ¡Pero tú cómo sabes que eran nazis!, dijo su amigo. Iban rapados, respondió Padilla con ternura, en qué mundo vives. Además, añadió, la culpa es tuya, si recuerdas bien aquella tarde íbamos discutiendo sobre el amor, el Amor con mayúsculas, y tú todo el rato no hacías más que llevarme la contraria, refutando mis argumentos por ingenuos, pidiéndome que pusiera los pies en la tierra; cada frase tuya, que ponía en cuestión mis sueños, era como un martillo golpeándome el pecho. Luego aparecieron los skinheads y al dolor acumulado, que tú bien conocías, se añadió el dolor de la incomprensión.
(…)
1
Para Padilla, recordaba Amalfitano, existía literatura heterosexual, homosexual y bisexual. Las novelas, generalmente, eran heterosexuales. La poesía, en cambio, era absolutamente homosexual. Dentro del inmenso océano de ésta distinguía varias corrientes: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos (1). Las dos corrientes mayores, sin embargo, eran la de los maricones y la de los maricas. Walt Whitman, por ejemplo, era un poeta maricón. Pablo Neruda, un poeta marica. William Blake era maricón, sin asomo de duda, y Octavio Paz marica. Borges era fileno, es decir de improviso podía ser maricón y de improviso simplemente asexual. Rubén Darío era una loca, de hecho la reina y el paradigma de las locas (en nuestra lengua, claro está; en el mundo ancho y ajeno el paradigma seguía siendo Verlaine el Generoso). Una loca, según Padilla, estaba más cerca del manicomio florido y de las alucinaciones en carne viva mientras que los maricones y los maricas vagaban sincopadamente de la Ética a la Estética y viceversa. Cernuda, el querido Cernuda, era un ninfo y en ocasiones de gran amargura un poeta maricón, mientras que Guillén, Aleixandre y Alberti podían ser considerados mariquita, bujarrón y marica respectivamente. Los poetas tipo Blas de Otero eran, por regla general, bujarrones, mientras que los poetas tipo Gil de Biedma eran, salvo el propio Gil de Biedma, mitad ninfos y mitad maricas. La poesía española de los últimos años, exceptuando si bien con reticencias, al ya nombrado Gil de Biedma y probablemente a Carlos Edmundo de Ory, carecía de poetas maricones hasta la llegada del Gran Maricón Sufriente, el poeta preferido de Padilla, Leopoldo María Panero. Panero, no obstante, había que reconocerlo, tenía unos ramalazos de loca bipolar que lo hacían poco estable, clasificable, fiable. De los compañeros de Panero un caso curioso era Gimferrer, que tenía una vocación de marica, imaginación de maricón y gusto de ninfo. El panorama poético, después de todo, era básicamente la lucha (subterránea), el resultado de la pugna entre poetas maricones y poetas maricas por hacerse con la Palabra. Los mariquitas, según Padilla, eran poetas maricones en su sangre que por debilidad o comodidad convivían y acataban –aunque no siempre—los parámetros estéticos y vitales de los maricas. En España, en Francia y en Italia los poetas maricas han sido legión, decía, al contrario de lo que podría pensar un lector no excesivamente atento. Lo que sucede es que un poeta maricón como Leopardi, por ejemplo, reconstruye de alguna manera a los maricas como Ungaretti, Montale y Quasimodo, el trío de la muerte. De igual modo Pasolini repinta a la mariquería italiana actual, véase el caso del pobre Sanguinetti (con Pavese no me meto, era una loca triste, ejemplar único de su especie). Para no hablar de Francia, gran lengua de fagocitadores (2), en donde cien poetas maricones, desde Villon hasta Sophie Podolski, cobijaron, cobijan y cobijarán con la sangre de sus tetas a diez mil poetas maricas con su corte de filenos, ninfos, bujarrones y mariposas, grandes directores de revistas literarias, grandes traductores, pequeños funcionarios y grandísimos diplomáticos del Reino de las Letras (véase, si no, el lamentable y siniestro discurrir de los poetas de Tel Quel). Y no digamos nada de la mariconería de la Revolución Rusa, en donde, si hemos de ser sinceros, sólo hubo un poeta maricón. ¿Quién?, te preguntarás. ¿Maiakovski? No. ¿Yesenin? Tampoco. ¿Pasternak, Blok, Mandelstam, Ajmátova? Menos. Sólo uno, y ahora te saco de la duda, pero eso sí, maricón de las estepas y de las nieves, maricón de la cabeza a los pies: Jlébnikov. Y, en Hispanoamérica, ¿cuántos maricones verdaderos podemos encontrar? Vallejo y Martín Adán. Punto y aparte. ¿Macedonio Fernández, tal vez? El resto, maricas tipo Huidobro, mariposas tipo Alfonso Cortés (aunque éste tiene versos de maricona auténtica), bujarrones tipo León de Greiff, ninfos abujarronados tipo Pablo de Rockha (con ramalazos de loca que hubieran vuelto loco a Lacan), mariquitas tipo Lezama Lima, falso lector de Góngora, y junto con Lezama todos los maricas y mariquitas de la Revolución Cubana salvo Rogelio Nogueras, que era una ninfa con espíritu de maricón, para no mencionar sino de pasada a los poetas de la Revolución Sandinista: mariposas tipo Coronel Urtecho o maricas con voluntad de filenos tipo Ernesto Cardenal. Maricas también son los Contemporáneos de México (¡no, gritó Amalfitano, Gilberto Owen no!), de hecho “Muerte sin fin” es, junto con la poesía de Paz, la Marsellesa de los nerviosísimos poetas mexicanos. Más nombres: Gelman, ninfo, Benedetti, marica, Nicanor Parra, mariquita con algo de maricón, Westphalen, loca, Pellicer, mariposa, Enrique Lihn, mariquita, Girondo, mariposa. Y volvamos a España, volvamos al origen: Góngora y Quevedo, maricas; San Juan de la Cruz y Fray Luis de León, maricones. Ya está todo dicho. Y ahora, para saciar tu curiosidad, algunas diferencias entre maricas y maricones. Los primeros piden hasta en sueños una verga de treinta centímetros que los abra y fecunde, pero a la hora de la verdad les cuesta Dios y ayuda encamarse con sus chulos (3). Los maricones, en cambio, pareciera que vivan permanentemente con una polla removiéndoles las entrañas y cuando se miran en un espejo (acto que aman y odian con toda su alma) descubren, en sus ojos hundidos, la identidad del Chulo de la Muerte. El chulo, para maricones y maricas, es la palabra que atraviesa ilesa los dominios de la nada. Por lo demás, y con buena voluntad, nada impide que maricas y maricones sean buenos amigos, se plagien con finura, se critiquen o se alaben, se publiquen o se oculten mutuamente en el furibundo y moribundo país de las letras.
—Te faltó la categoría de los simios parlantes –dijo Amalfitano cuando por fin Padilla se Calló.
—Ah, los simios parlantes –dijo Padilla–, los monos maricones de Madagascar que no hablan para no trabajar.
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(1) (Según la RAE y sólo la rae.es): // maricón. 1. m. vulg. marica (‖ hombre afeminado). adj. 2. m. vulg. sodomita (‖ hombre que comete sodomía). 3. m. insulto grosero con su significado preciso o sin él. // marica. (Del dim. de María, n. p. de mujer). 1. f. urraca (‖ pájaro). 2. f. En el juego del truque, sota de oros. 3. m. coloq. Hombre afeminado y de poco ánimo y esfuerzo. 4. m. coloq. Hombre homosexual. 5. m. insulto con los significados de hombre afeminado u homosexual o sin ellos. // mariquita. (Del dim. de marica). 1. f. Insecto coleóptero del suborden de los Trímeros, de cuerpo semiesférico, de unos siete milímetros de largo, con antenas engrosadas hacia la punta, cabeza pequeña, alas membranosas muy desarrolladas y patas muy cortas. Es negruzco por debajo y encarnado brillante por encima, con varios puntos negros en los élitros y en el dorso del metatórax. El insecto adulto y su larva se alimentan de pulgones, por lo cual son útiles al agricultor. 2. f. Insecto hemíptero, sin alas membranosas, de cuerpo aplastado, estrecho, oval, y como de un centímetro de largo, cabeza pequeña, triangular y pegada al coselete, antenas de cuatro artejos, élitros que cubren el abdomen, y patas bastante largas y muy finas. Es por debajo de color pardo oscuro y por encima encarnado con tres manchitas negras, cuyo conjunto se asemeja al tao de San Antón o al escudo de la Orden del Carmen. Abunda en España y se alimenta de plantas. 3. f. perico (‖ ave trepadora). 4. f. Arg. Baile popular que ejecutan varias parejas puestas frente a frente, con un pañuelo blanco en la mano, acompañadas por un guitarrista cantor. 5. f. Arg. Música y cante con que se acompaña este baile. 6. m. coloq. Hombre afeminado. // loco, ca. (Quizá del ár. hisp. *láwqa, y este del ár. clás. lawqā', f. de alwaq, estúpido; cf. port. louco). 1. adj. Que ha perdido la razón. 2. adj. De poco juicio, disparatado e imprudente. 3. adj. Dicho de cualquier aparato o dispositivo: Que funciona descontroladamente. La brújula se ha vuelto loca. 4. adj. Que excede en mucho a lo ordinario o presumible. en sent. positivo. Cosecha loca; Suerte loca. 5. adj. Dicho de las ramas de los árboles: Viciosas, pujantes. 6. adj. Fís. Dicho de las poleas u otras partes de las máquinas: Que en ocasiones giran libre o inútilmente. 7. m. y f. coloq. Nic. y Ur. Entre jóvenes, para dirigirse o llamar a otro. 8. f. Hombre homosexual. 9. f. coloq. eufem. Arg., Cuba y Ur. Mujer informal y ligera en sus relaciones con los hombres. 10. f. coloq. eufem. Arg. y Ur. prostituta. // bujarrón. (Del it. buggerone, y este del lat. tardío bŭgerum). 1. adj. sodomita. (Del lat. bíblico Sodomīta, este del gr. Σοδομῖτις, y este del hebr. sĕdōm, Sodoma). 1. adj. Natural de Sodoma. 2. adj. Perteneciente o relativo a esta antigua ciudad de Palestina. 3. adj. Que comete sodomía. ((De Sodoma, antigua ciudad de Palestina, donde se practicaba todo género de actos deshonestos). 1. f. Práctica del coito anal.)) // mariposa. (De Mari, apóc. de María, y posa, 2.ª pers. de sing. del imper. de posar). 1. f. Insecto lepidóptero. 2. f. Pájaro común en la isla de Cuba, de unos catorce centímetros de longitud total, con el vientre y rabadilla rojos, lomo de color verde claro y alas aceitunadas. Se cría en domesticidad por su canto. 3. f. Pequeña mecha afirmada en un disco flotante y que, encendida en su recipiente con aceite, se pone por devoción ante una imagen o se usa para tener luz de noche. 4. f. Luz encendida a este efecto. 5. f. Forma de natación en que los brazos ejecutan simultáneamente una especie de rotación hacia delante, mientras las piernas se mueven juntas arriba y abajo. 6. f. Taurom. Suerte de correr las reses abanicando con el capote a la espalda y dando el diestro la cara al toro. 7. f. Cuba. Planta herbácea de hojas lanceoladas y flores blancas, muy olorosas en forma de mariposa, que crece en lugares húmedos y se reproduce por rizomas. 8. f. Cuba. Flor de esta planta. Es la flor nacional de Cuba. 9. f. Hond. tronera (‖ juguete de papel plegado). 10. f. Hond. Instrumento para regar, en forma de hélice o de grifo giratorio que, unido a una manguera, hace que el agua se esparza de manera uniforme. 11. f. Hond. Hélice del motor de una lancha. 12. m. coloq. Hombre afeminado u homosexual. // ninfo. (De ninfa). 1. m. coloq. Narciso (m. Hombre que cuida demasiado de su adorno y compostura, o se precia de galán y hermoso, como enamorado de sí mismo.) // fileno, na. (De Filena, nombre de mujer). 1. adj. coloq. Delicado, afeminado.
(2) // fagocitosis. 1. f. Biol. Captura de partículas microscópicas que realizan ciertas células con fines alimenticios o de defensa, mediante la emisión de seudópodos.
(3) // chulo, la. (Del mozár. šúlo, y este del lat. sciŏlus, enteradillo). 1. adj. Que habla y obra con chulería. 2. adj. chulesco. 3. adj. Lindo, bonito, gracioso. 4. adj. Guat., Hond., Méx. y P. Rico. guapo (‖ bien parecido). 5. m. y f. Individuo de las clases populares de Madrid, que se distinguía por cierta afectación y guapeza en el traje y en el modo de conducirse. 6. m. Hombre que ayuda en el matadero al encierro de las reses mayores. 7. m. Hombre que en las fiestas de toros asiste a los lidiadores y les da garrochones, banderillas, etc. 8. m. rufián (‖ hombre que trafica con mujeres públicas). 9. m. Col. zopilote.
2
Cuando Padilla tenía cinco años murió su madre, cuando tenía doce murió su hermano mayor. A los trece decidió que sería artista. Primero pensó que lo suyo era el teatro y el cine. Luego leyó a Rimbaud y a Leopoldo María Panero y quiso ser poeta además de actor. A los dieciséis había devorado literalmente toda la poesía que caía en sus manos y tuvo dos experiencias (más bien lamentables) en el teatro de aficionados de su barrio, pero no era suficiente. Aprendió inglés y francés, hizo un viaje a San Sebastián, al psiquiátrico de Mondragón, e intentó visitar a Leopoldo María Panero, pero los médicos, después de verlo y escucharlo durante cinco minutos, no lo dejaron.
A los diecisiete era un muchacho fuerte, culto, irónico, con brotes de violencia. En dos ocasiones llegó a la agresión física. La primera, mientras paseaba por la Ciudadela con un amigo, otro poeta, y dos jóvenes skinheads los insultaron. Posiblemente los llamaron maricas o algo así. Padilla, que de ordinario él mismo hacía esta clase de burlas, se detuvo, se acercó al más fornido y de un golpe en el cuello lo dejó sin aliento; cuando el muchacho hacía esfuerzos por mantener el equilibrio y al mismo tiempo respirar fue derribado de una patada en los testículos; su compañero intentó ayudarlo pero lo que vio en los ojos de Padilla fue superior a su grado de camaradería y optó por alejarse a la carrera del lugar del altercado. Todo fue muy rápido. Antes de marcharse, Padilla aún tuvo tiempo para patear un par de veces la calva cabeza de su contrincante caído. El joven poeta amigo de Padilla estaba horrorizado. Días después, al reprocharle su actitud (sobre todo la agresión última, las patadas gratuitas al enemigo en el suelo), Padilla respondió que contra los nazis él se permitía cualquier capricho. La palabra capricho en los labios adolescentes de Padilla sonaba como golosina. ¡Pero tú cómo sabes que eran nazis!, dijo su amigo. Iban rapados, respondió Padilla con ternura, en qué mundo vives. Además, añadió, la culpa es tuya, si recuerdas bien aquella tarde íbamos discutiendo sobre el amor, el Amor con mayúsculas, y tú todo el rato no hacías más que llevarme la contraria, refutando mis argumentos por ingenuos, pidiéndome que pusiera los pies en la tierra; cada frase tuya, que ponía en cuestión mis sueños, era como un martillo golpeándome el pecho. Luego aparecieron los skinheads y al dolor acumulado, que tú bien conocías, se añadió el dolor de la incomprensión.
(…)
1
Para Padilla, recordaba Amalfitano, existía literatura heterosexual, homosexual y bisexual. Las novelas, generalmente, eran heterosexuales. La poesía, en cambio, era absolutamente homosexual. Dentro del inmenso océano de ésta distinguía varias corrientes: maricones, maricas, mariquitas, locas, bujarrones, mariposas, ninfos y filenos (1). Las dos corrientes mayores, sin embargo, eran la de los maricones y la de los maricas. Walt Whitman, por ejemplo, era un poeta maricón. Pablo Neruda, un poeta marica. William Blake era maricón, sin asomo de duda, y Octavio Paz marica. Borges era fileno, es decir de improviso podía ser maricón y de improviso simplemente asexual. Rubén Darío era una loca, de hecho la reina y el paradigma de las locas (en nuestra lengua, claro está; en el mundo ancho y ajeno el paradigma seguía siendo Verlaine el Generoso). Una loca, según Padilla, estaba más cerca del manicomio florido y de las alucinaciones en carne viva mientras que los maricones y los maricas vagaban sincopadamente de la Ética a la Estética y viceversa. Cernuda, el querido Cernuda, era un ninfo y en ocasiones de gran amargura un poeta maricón, mientras que Guillén, Aleixandre y Alberti podían ser considerados mariquita, bujarrón y marica respectivamente. Los poetas tipo Blas de Otero eran, por regla general, bujarrones, mientras que los poetas tipo Gil de Biedma eran, salvo el propio Gil de Biedma, mitad ninfos y mitad maricas. La poesía española de los últimos años, exceptuando si bien con reticencias, al ya nombrado Gil de Biedma y probablemente a Carlos Edmundo de Ory, carecía de poetas maricones hasta la llegada del Gran Maricón Sufriente, el poeta preferido de Padilla, Leopoldo María Panero. Panero, no obstante, había que reconocerlo, tenía unos ramalazos de loca bipolar que lo hacían poco estable, clasificable, fiable. De los compañeros de Panero un caso curioso era Gimferrer, que tenía una vocación de marica, imaginación de maricón y gusto de ninfo. El panorama poético, después de todo, era básicamente la lucha (subterránea), el resultado de la pugna entre poetas maricones y poetas maricas por hacerse con la Palabra. Los mariquitas, según Padilla, eran poetas maricones en su sangre que por debilidad o comodidad convivían y acataban –aunque no siempre—los parámetros estéticos y vitales de los maricas. En España, en Francia y en Italia los poetas maricas han sido legión, decía, al contrario de lo que podría pensar un lector no excesivamente atento. Lo que sucede es que un poeta maricón como Leopardi, por ejemplo, reconstruye de alguna manera a los maricas como Ungaretti, Montale y Quasimodo, el trío de la muerte. De igual modo Pasolini repinta a la mariquería italiana actual, véase el caso del pobre Sanguinetti (con Pavese no me meto, era una loca triste, ejemplar único de su especie). Para no hablar de Francia, gran lengua de fagocitadores (2), en donde cien poetas maricones, desde Villon hasta Sophie Podolski, cobijaron, cobijan y cobijarán con la sangre de sus tetas a diez mil poetas maricas con su corte de filenos, ninfos, bujarrones y mariposas, grandes directores de revistas literarias, grandes traductores, pequeños funcionarios y grandísimos diplomáticos del Reino de las Letras (véase, si no, el lamentable y siniestro discurrir de los poetas de Tel Quel). Y no digamos nada de la mariconería de la Revolución Rusa, en donde, si hemos de ser sinceros, sólo hubo un poeta maricón. ¿Quién?, te preguntarás. ¿Maiakovski? No. ¿Yesenin? Tampoco. ¿Pasternak, Blok, Mandelstam, Ajmátova? Menos. Sólo uno, y ahora te saco de la duda, pero eso sí, maricón de las estepas y de las nieves, maricón de la cabeza a los pies: Jlébnikov. Y, en Hispanoamérica, ¿cuántos maricones verdaderos podemos encontrar? Vallejo y Martín Adán. Punto y aparte. ¿Macedonio Fernández, tal vez? El resto, maricas tipo Huidobro, mariposas tipo Alfonso Cortés (aunque éste tiene versos de maricona auténtica), bujarrones tipo León de Greiff, ninfos abujarronados tipo Pablo de Rockha (con ramalazos de loca que hubieran vuelto loco a Lacan), mariquitas tipo Lezama Lima, falso lector de Góngora, y junto con Lezama todos los maricas y mariquitas de la Revolución Cubana salvo Rogelio Nogueras, que era una ninfa con espíritu de maricón, para no mencionar sino de pasada a los poetas de la Revolución Sandinista: mariposas tipo Coronel Urtecho o maricas con voluntad de filenos tipo Ernesto Cardenal. Maricas también son los Contemporáneos de México (¡no, gritó Amalfitano, Gilberto Owen no!), de hecho “Muerte sin fin” es, junto con la poesía de Paz, la Marsellesa de los nerviosísimos poetas mexicanos. Más nombres: Gelman, ninfo, Benedetti, marica, Nicanor Parra, mariquita con algo de maricón, Westphalen, loca, Pellicer, mariposa, Enrique Lihn, mariquita, Girondo, mariposa. Y volvamos a España, volvamos al origen: Góngora y Quevedo, maricas; San Juan de la Cruz y Fray Luis de León, maricones. Ya está todo dicho. Y ahora, para saciar tu curiosidad, algunas diferencias entre maricas y maricones. Los primeros piden hasta en sueños una verga de treinta centímetros que los abra y fecunde, pero a la hora de la verdad les cuesta Dios y ayuda encamarse con sus chulos (3). Los maricones, en cambio, pareciera que vivan permanentemente con una polla removiéndoles las entrañas y cuando se miran en un espejo (acto que aman y odian con toda su alma) descubren, en sus ojos hundidos, la identidad del Chulo de la Muerte. El chulo, para maricones y maricas, es la palabra que atraviesa ilesa los dominios de la nada. Por lo demás, y con buena voluntad, nada impide que maricas y maricones sean buenos amigos, se plagien con finura, se critiquen o se alaben, se publiquen o se oculten mutuamente en el furibundo y moribundo país de las letras.
—Te faltó la categoría de los simios parlantes –dijo Amalfitano cuando por fin Padilla se Calló.
—Ah, los simios parlantes –dijo Padilla–, los monos maricones de Madagascar que no hablan para no trabajar.
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(1) (Según la RAE y sólo la rae.es): // maricón. 1. m. vulg. marica (‖ hombre afeminado). adj. 2. m. vulg. sodomita (‖ hombre que comete sodomía). 3. m. insulto grosero con su significado preciso o sin él. // marica. (Del dim. de María, n. p. de mujer). 1. f. urraca (‖ pájaro). 2. f. En el juego del truque, sota de oros. 3. m. coloq. Hombre afeminado y de poco ánimo y esfuerzo. 4. m. coloq. Hombre homosexual. 5. m. insulto con los significados de hombre afeminado u homosexual o sin ellos. // mariquita. (Del dim. de marica). 1. f. Insecto coleóptero del suborden de los Trímeros, de cuerpo semiesférico, de unos siete milímetros de largo, con antenas engrosadas hacia la punta, cabeza pequeña, alas membranosas muy desarrolladas y patas muy cortas. Es negruzco por debajo y encarnado brillante por encima, con varios puntos negros en los élitros y en el dorso del metatórax. El insecto adulto y su larva se alimentan de pulgones, por lo cual son útiles al agricultor. 2. f. Insecto hemíptero, sin alas membranosas, de cuerpo aplastado, estrecho, oval, y como de un centímetro de largo, cabeza pequeña, triangular y pegada al coselete, antenas de cuatro artejos, élitros que cubren el abdomen, y patas bastante largas y muy finas. Es por debajo de color pardo oscuro y por encima encarnado con tres manchitas negras, cuyo conjunto se asemeja al tao de San Antón o al escudo de la Orden del Carmen. Abunda en España y se alimenta de plantas. 3. f. perico (‖ ave trepadora). 4. f. Arg. Baile popular que ejecutan varias parejas puestas frente a frente, con un pañuelo blanco en la mano, acompañadas por un guitarrista cantor. 5. f. Arg. Música y cante con que se acompaña este baile. 6. m. coloq. Hombre afeminado. // loco, ca. (Quizá del ár. hisp. *láwqa, y este del ár. clás. lawqā', f. de alwaq, estúpido; cf. port. louco). 1. adj. Que ha perdido la razón. 2. adj. De poco juicio, disparatado e imprudente. 3. adj. Dicho de cualquier aparato o dispositivo: Que funciona descontroladamente. La brújula se ha vuelto loca. 4. adj. Que excede en mucho a lo ordinario o presumible. en sent. positivo. Cosecha loca; Suerte loca. 5. adj. Dicho de las ramas de los árboles: Viciosas, pujantes. 6. adj. Fís. Dicho de las poleas u otras partes de las máquinas: Que en ocasiones giran libre o inútilmente. 7. m. y f. coloq. Nic. y Ur. Entre jóvenes, para dirigirse o llamar a otro. 8. f. Hombre homosexual. 9. f. coloq. eufem. Arg., Cuba y Ur. Mujer informal y ligera en sus relaciones con los hombres. 10. f. coloq. eufem. Arg. y Ur. prostituta. // bujarrón. (Del it. buggerone, y este del lat. tardío bŭgerum). 1. adj. sodomita. (Del lat. bíblico Sodomīta, este del gr. Σοδομῖτις, y este del hebr. sĕdōm, Sodoma). 1. adj. Natural de Sodoma. 2. adj. Perteneciente o relativo a esta antigua ciudad de Palestina. 3. adj. Que comete sodomía. ((De Sodoma, antigua ciudad de Palestina, donde se practicaba todo género de actos deshonestos). 1. f. Práctica del coito anal.)) // mariposa. (De Mari, apóc. de María, y posa, 2.ª pers. de sing. del imper. de posar). 1. f. Insecto lepidóptero. 2. f. Pájaro común en la isla de Cuba, de unos catorce centímetros de longitud total, con el vientre y rabadilla rojos, lomo de color verde claro y alas aceitunadas. Se cría en domesticidad por su canto. 3. f. Pequeña mecha afirmada en un disco flotante y que, encendida en su recipiente con aceite, se pone por devoción ante una imagen o se usa para tener luz de noche. 4. f. Luz encendida a este efecto. 5. f. Forma de natación en que los brazos ejecutan simultáneamente una especie de rotación hacia delante, mientras las piernas se mueven juntas arriba y abajo. 6. f. Taurom. Suerte de correr las reses abanicando con el capote a la espalda y dando el diestro la cara al toro. 7. f. Cuba. Planta herbácea de hojas lanceoladas y flores blancas, muy olorosas en forma de mariposa, que crece en lugares húmedos y se reproduce por rizomas. 8. f. Cuba. Flor de esta planta. Es la flor nacional de Cuba. 9. f. Hond. tronera (‖ juguete de papel plegado). 10. f. Hond. Instrumento para regar, en forma de hélice o de grifo giratorio que, unido a una manguera, hace que el agua se esparza de manera uniforme. 11. f. Hond. Hélice del motor de una lancha. 12. m. coloq. Hombre afeminado u homosexual. // ninfo. (De ninfa). 1. m. coloq. Narciso (m. Hombre que cuida demasiado de su adorno y compostura, o se precia de galán y hermoso, como enamorado de sí mismo.) // fileno, na. (De Filena, nombre de mujer). 1. adj. coloq. Delicado, afeminado.
(2) // fagocitosis. 1. f. Biol. Captura de partículas microscópicas que realizan ciertas células con fines alimenticios o de defensa, mediante la emisión de seudópodos.
(3) // chulo, la. (Del mozár. šúlo, y este del lat. sciŏlus, enteradillo). 1. adj. Que habla y obra con chulería. 2. adj. chulesco. 3. adj. Lindo, bonito, gracioso. 4. adj. Guat., Hond., Méx. y P. Rico. guapo (‖ bien parecido). 5. m. y f. Individuo de las clases populares de Madrid, que se distinguía por cierta afectación y guapeza en el traje y en el modo de conducirse. 6. m. Hombre que ayuda en el matadero al encierro de las reses mayores. 7. m. Hombre que en las fiestas de toros asiste a los lidiadores y les da garrochones, banderillas, etc. 8. m. rufián (‖ hombre que trafica con mujeres públicas). 9. m. Col. zopilote.
lundi 6 décembre 2010
La grande découverte
He pasado 28 años de mi vida perdiendo el tiempo. Mirar el paisaje, a veces me ha inspirado bellos poemas que nunca he llevado al papel. Pero ¿qué pueden importar los poemas que no he escrito? He leído frente a reducidos públicos mis disparates, aquello que sí alcancé a escribir, lo que me salió de la cabeza una hora antes, lo que vomité de ira sin pensar en las palabras, lo que me forcé a decir cuando no había nada interesante en mis ideas. Pura basura. Me mostré ante la gente que me vio nacer, ante los que me vieron aprender a andar en bicicleta, me mostré como escritor de la manera más soberbia y desprecié a algunos amigos que preferían la religión y leían la biblia como si en aquellos textos pudieran encontrar el secreto del mundo, buscando la salvación. Yo prefería hundirme en el abismo y así lo dije entonces. Ahora, una década más tarde, sigo en el abismo. He decidido que me he dado cuenta que no tengo nada que decir. Y aún así me gusta creer que mi pensamiento puede traducirse en un mensaje que transforme… (¡ja!) ¿Pero qué hay que transformar del mundo si todo está resuelto? Qué egoísmo el heroísmo. No lo puedo negar, nada puedo hacer contra ello (el egoísmo); es quizá la única gran característica que unifica a la Humanidad entera (el egoísmo), esa especie de animal que ha decidido que el mundo fue creado para su aprovechamiento y que si no hay signo de progreso la sociedad no existe, y que la sociedad es indispensable para el ser humano, y que el ser humano es lo más importante que hay en el universo, porque no es posible que un simio o una pulga o un murciélago o una puta hormiga puedan leer este mensaje imbécil dirigido para los únicos animales que saben interpretarlo.
Ah, pero qué bonito es vivir. Pensar en cambiar el mundo, pensar en la instauración de la paz a la mitad del caos, soñar con detener el mal, planear, discutir, prepararse ingenuamente para hacer la revolución, creer que el futuro va a ser mejor, hacerse el héroe: PATRAÑAS de la HUMANIDAD como su SANGRE derramada. La pobre humanidad es apenas una patraña en el universo entero y al mismo tiempo forma parte de su infinito centro. Qué risa dan los banqueros, los gobernantes (los del mundo), los soldados, qué risa los asesinos. Todos, cada hombre sobre la tierra, cree, así sea el más idiota, que lo que hace, a eso que dedica su tiempo cada una de las piruetas planetarias, todos creen que forman parte de algo IMPORTANTE sobre la tierra. Aunque las hay, personas, que sólo prefieren cambiar el canal de la televisión, sin compromiso alguno, sin hacerse ningún problema en sus neuronas, sin reparar en el gran aparato de mierda que sostiene el juego de luces que tintinea sobre su pantalla como en el cielo las estrellas, más allá de esos satélites en lo alto, más allá de toda esta basura electromagnética que atraviesa el vacío de nuestros cuerpos. Hay otros, humanos, que prefieren mirar las estrellas, tampoco ellos valen nada.
He pasado 28 años perdiendo el tiempo. Y ahora que lo sé... todavía no tengo nada que decir. Quizá para ganar el tiempo, habré de pasar 28 años perdiéndome a mí mismo.
Ah, pero qué bonito es vivir. Pensar en cambiar el mundo, pensar en la instauración de la paz a la mitad del caos, soñar con detener el mal, planear, discutir, prepararse ingenuamente para hacer la revolución, creer que el futuro va a ser mejor, hacerse el héroe: PATRAÑAS de la HUMANIDAD como su SANGRE derramada. La pobre humanidad es apenas una patraña en el universo entero y al mismo tiempo forma parte de su infinito centro. Qué risa dan los banqueros, los gobernantes (los del mundo), los soldados, qué risa los asesinos. Todos, cada hombre sobre la tierra, cree, así sea el más idiota, que lo que hace, a eso que dedica su tiempo cada una de las piruetas planetarias, todos creen que forman parte de algo IMPORTANTE sobre la tierra. Aunque las hay, personas, que sólo prefieren cambiar el canal de la televisión, sin compromiso alguno, sin hacerse ningún problema en sus neuronas, sin reparar en el gran aparato de mierda que sostiene el juego de luces que tintinea sobre su pantalla como en el cielo las estrellas, más allá de esos satélites en lo alto, más allá de toda esta basura electromagnética que atraviesa el vacío de nuestros cuerpos. Hay otros, humanos, que prefieren mirar las estrellas, tampoco ellos valen nada.
He pasado 28 años perdiendo el tiempo. Y ahora que lo sé... todavía no tengo nada que decir. Quizá para ganar el tiempo, habré de pasar 28 años perdiéndome a mí mismo.
jeudi 11 novembre 2010
Andamos
Arrieros del destino, vamos andando.
Hoy nuestra única verdad es Nunca,
y no sabemos si fuimos o seremos. (…)
Hemos perdido de la carne la memoria; (…)
manojo del olvido, atado de raíces sin recuerdo,
recorremos veredas de apariencia infinita,
saltamos de una a otra
rumbo a dónde, rumbo a cuándo.
Hemos hecho con la Sal historia,
y con la luz de Sol rutina para el verbo:
que ya voy, que ya veo, que ya soy, que ya tengo.
Hoy nuestra única verdad es Nunca,
y no sabemos si fuimos o seremos. (…)
Hemos perdido de la carne la memoria; (…)
manojo del olvido, atado de raíces sin recuerdo,
recorremos veredas de apariencia infinita,
saltamos de una a otra
rumbo a dónde, rumbo a cuándo.
Hemos hecho con la Sal historia,
y con la luz de Sol rutina para el verbo:
que ya voy, que ya veo, que ya soy, que ya tengo.
jeudi 16 septembre 2010
poema a grito abierto
…al sonoro rugir del cañón…
Vive el México que hoy tumba en mis entrañas;
ese país que todavía no he visto,
o el que con tanto afán barre sus calles,
a pesar de la furia, los vientos y del polvo…
Vive el México que en mí ha tomado forma
porque soy individuo, soy un pueblo;
porque puedo cantar y bien recuerdo
de la infancia los ritmos y las coplas…
Vive la patria que hoy no me abandona
porque a lo lejos yo sigo coronado
con sombrero de charro y un zarape;
campesino o fantoche, ahora exiliado...
Ruge el cañón desde la patria mía,
dirá el poeta embriagado a la distancia;
ruja el cañón, entonces –qué ironía—,
la guerra ha dado un grito esta mañana.
Embriagado de rabia y de recelo
pienso en el corazón del mexicano
pobre, ignominioso, ataviado de anhelo,
lleno de chispas como cuete en el aire,
no sabe a dónde va, ni a qué hora llega;
mentiroso, mañoso,
enfermo de un dolor que no conoce,
solo termina con su mundo y vuelve a verse
en el espejo del antagonismo como su propio mal.
Mendigo de la historia,
que todo lo ha perdido aunque todo lo tiene,
orgulloso de su precariedad vuelve a embriagarse
pensando que en el espejo se le guarda
un futuro mejor, una corona
–no sombrero de charro, ni una aureola—
de oro y de cristal, como de reyes.
Grita vivan los héroes y todos los colores
que adornan los recuerdos de una historia inventada;
grita y vuelve a gritar, cerrando la ventana
con el miedo a un asalto de metralla.
No posee un mejor bien, ni aun mayor mal,
que una vida, una muerte,
un gran final como el de cualquier otro;
sangre sobre la tierra / cadáver en pedazos,
más de los que podría contar quien ya no cuenta dedos,
ni cerebro, ni retazo de ser, ni una conciencia.
Mexicanos…
Josué Solís Hernández / 16 de Septiembre de 2010
Vive el México que hoy tumba en mis entrañas;
ese país que todavía no he visto,
o el que con tanto afán barre sus calles,
a pesar de la furia, los vientos y del polvo…
Vive el México que en mí ha tomado forma
porque soy individuo, soy un pueblo;
porque puedo cantar y bien recuerdo
de la infancia los ritmos y las coplas…
Vive la patria que hoy no me abandona
porque a lo lejos yo sigo coronado
con sombrero de charro y un zarape;
campesino o fantoche, ahora exiliado...
Ruge el cañón desde la patria mía,
dirá el poeta embriagado a la distancia;
ruja el cañón, entonces –qué ironía—,
la guerra ha dado un grito esta mañana.
Embriagado de rabia y de recelo
pienso en el corazón del mexicano
pobre, ignominioso, ataviado de anhelo,
lleno de chispas como cuete en el aire,
no sabe a dónde va, ni a qué hora llega;
mentiroso, mañoso,
enfermo de un dolor que no conoce,
solo termina con su mundo y vuelve a verse
en el espejo del antagonismo como su propio mal.
Mendigo de la historia,
que todo lo ha perdido aunque todo lo tiene,
orgulloso de su precariedad vuelve a embriagarse
pensando que en el espejo se le guarda
un futuro mejor, una corona
–no sombrero de charro, ni una aureola—
de oro y de cristal, como de reyes.
Grita vivan los héroes y todos los colores
que adornan los recuerdos de una historia inventada;
grita y vuelve a gritar, cerrando la ventana
con el miedo a un asalto de metralla.
No posee un mejor bien, ni aun mayor mal,
que una vida, una muerte,
un gran final como el de cualquier otro;
sangre sobre la tierra / cadáver en pedazos,
más de los que podría contar quien ya no cuenta dedos,
ni cerebro, ni retazo de ser, ni una conciencia.
Mexicanos…
Josué Solís Hernández / 16 de Septiembre de 2010
lundi 19 avril 2010
Late la prensa
“En el principio fue el árbol, y dije YO, hágase el papel; y el papel se hizo. Cuando vi que el papel era bueno dije: Hágase la tinta. Y la tinta se hizo. Háganse la pluma y la escritura, la voz y la palabra. Pero la palabra ya había sido hecha.”
De cierto digo que más de alguna vez, mi Yo lector se ha hallado ante periódicos de tan mala cabeza, como ligeros de cuerpo. Nada que hacer, el mercado de las palabras es así: de lo que vendes comes, de lo que comes vives, de lo que vives sabes, de lo que sabes hablas, de lo que hablas escribes, y de lo que escribes vendes. Ni virtuosa ni viciosa, pero circular, así es la vida tras el papel de la mañana, o de la tarde.

Hay los “diarios” (por su frecuencia) que dedican sus páginas editoriales a criticar a sus anchas -y flacas- sobre lo que no conocen pero soslayan con malicia de oficiosos. Periódicos que se enrolan en batallas de “indagación periodística” contra todo personajito que les parece enemigo de sus muy particulares ideales, y desde su flanco y frente hablan contra los otros, escriben contra los otros, se venden contra los otros. Y bien que comen.

Hay los “cotidianos” (por su género) que prefieren permanecer en la absoluta discreción respecto de lo que averiguan sin propósito, y -con cara de preocupación social- anuncian la pobreza inevitable en pueblos que nadie conoce, para entregarse luego a informaciones tan oficiales, con caras tan felices, que hasta da gusto saber que son pocos los pobres y muchos los festejados en la sección de sociedad, glamour y quinceañeras. De sus editoriales ni se diga; cuando no disparan elogios al aire, se burlan de los adversarios del gobierno en turno, y hasta se dan el lujo de recomendar tal o cual maniobra política a los mandatarios y rectores. Periódicos escribas de política-ficción, meretrices adiestradas en el arte del bien lamer la mano que les alimenta.

Y hay los “rotativos” (por su impresión) que son más que prudentes, hocicones, y más que indagadores, pendencieros. Periodistas testarudos que saben muy bien que el oficio del que viven no les va a alcanzar para comer, pero venden lo que escriben para darles de que hablar a los que saben. En sus páginas se pueden encontrar fatalidades como buenas nuevas, ortografías patéticas como voces pusilánimes; y el lector bien avezado puede vislumbrar en sus editoriales una falta de pecunia y tacto muy particular de los abandonados a su suerte.
La prensa es así. Cada periódico llega volando a su destino. Los lectores que a diario echan un ojo en las páginas matutinas o la siesta, deben saber de lo que hablo, y apuesto a que no tendrían mucho que responder al respecto.
De cierto digo que más de alguna vez, mi Yo lector se ha hallado ante periódicos de tan mala cabeza, como ligeros de cuerpo. Nada que hacer, el mercado de las palabras es así: de lo que vendes comes, de lo que comes vives, de lo que vives sabes, de lo que sabes hablas, de lo que hablas escribes, y de lo que escribes vendes. Ni virtuosa ni viciosa, pero circular, así es la vida tras el papel de la mañana, o de la tarde.

Hay los “diarios” (por su frecuencia) que dedican sus páginas editoriales a criticar a sus anchas -y flacas- sobre lo que no conocen pero soslayan con malicia de oficiosos. Periódicos que se enrolan en batallas de “indagación periodística” contra todo personajito que les parece enemigo de sus muy particulares ideales, y desde su flanco y frente hablan contra los otros, escriben contra los otros, se venden contra los otros. Y bien que comen.

Hay los “cotidianos” (por su género) que prefieren permanecer en la absoluta discreción respecto de lo que averiguan sin propósito, y -con cara de preocupación social- anuncian la pobreza inevitable en pueblos que nadie conoce, para entregarse luego a informaciones tan oficiales, con caras tan felices, que hasta da gusto saber que son pocos los pobres y muchos los festejados en la sección de sociedad, glamour y quinceañeras. De sus editoriales ni se diga; cuando no disparan elogios al aire, se burlan de los adversarios del gobierno en turno, y hasta se dan el lujo de recomendar tal o cual maniobra política a los mandatarios y rectores. Periódicos escribas de política-ficción, meretrices adiestradas en el arte del bien lamer la mano que les alimenta.

Y hay los “rotativos” (por su impresión) que son más que prudentes, hocicones, y más que indagadores, pendencieros. Periodistas testarudos que saben muy bien que el oficio del que viven no les va a alcanzar para comer, pero venden lo que escriben para darles de que hablar a los que saben. En sus páginas se pueden encontrar fatalidades como buenas nuevas, ortografías patéticas como voces pusilánimes; y el lector bien avezado puede vislumbrar en sus editoriales una falta de pecunia y tacto muy particular de los abandonados a su suerte.
La prensa es así. Cada periódico llega volando a su destino. Los lectores que a diario echan un ojo en las páginas matutinas o la siesta, deben saber de lo que hablo, y apuesto a que no tendrían mucho que responder al respecto.
vendredi 5 mars 2010
"Adivina quién soy"
El basilisco crea el desierto. A sus pies caen muertos los pájaros y se pudren los frutos.
J. L. Borges (Manual de zoología fantástica)
(Un pedazo de alma que antes vivía presa se ha escapado por algún punto frágil de mi claustro. Vuela alrededor de mí y se estrella contra las barreras de mi piel, como si me invitara a mostrar mis reversos al aire.)
En el interior de mi casa, me quedo muda, cierro los ojos y pienso que estoy ciega. Quiero abrazarte, pero estás tan lejos, tan en otro mundo. Ya no quiero hablar, mi lengua me detesta. Si me sentara a contemplar las palabras que salen de mi voz: todas se desbaratarían como piel tras veinte años de entierro, caerían porosas sobre el piso de esta casa en la que vierto mi respiración.
Un aliento de basilisco brota de mi boca y tengo miedo de desintegrar tus labios. Mi corazón rebosa de sangre y mi lengua es rosa, pero siento que mi cuerpo se hace gris, como una planta volcánica. Soy una mentira de la materia; zombi de hechiceros afligidos. Mi voz es la sombra de la tristeza y yo no soy más yo. Haré tu voluntad, si tú lo pides, pero no me pidas nada; lárgate de mí, pero no me abandones. Estoy aquí, inerme, ante el silencio de tu presencia blanca; en tu blanca y silenciosa presencia, inerme estoy, aquí.
Tengo el fondo de los aires en mi espalda y mis pulmones se hinchan nuevamente con el fuego de mi esencia. Basilisco, cuerpo de lombriz, pico de gallo, animal abstracto que todo desintegra. Ardo en ardor. Como las aves, temo a todo lo que repta, pero no puedo escapar, porque no tengo alas; me defiendo apenas con esta voz supurante que sale de mi cuerpo. Y grito aaah… y nadie escucha.

¿Hace cuántos años comenzó la metamorfosis de este cuerpo que se ensancha sin cesar? Hasta la casa sigue siendo la misma, y sólo algunas cuarteaduras telúricas que han escapado a su voluntad muestran el paso de las décadas en sus paredes; mientras que yo -tan encanecida- me miro en el espejo, mis ojos miran mis ojos, y no me reconozco así, con la ortopedia en la sonrisa, el llanto reprimido, estos vericuetos en la piel que guardan sudores viejos. Tengo un aullido en el centro de mi cuerpo que se retiene con su propio eco. El rugido interno de “no quiero nada” responde “sí mi amor” a tus palabras. “Fuera de aquí”, siseo como una serpiente constrictora embravecida, pero mis labios dicen “ven a mí”, y quiero tragarte. Tú me abrazas con amor, estrechando tu pecho con mi espalda me das cariño y separas mis cabellos con tus dedos; yo me hago estatua de piedra y me muerdo las entrañas para decir “te amo”. Y te amo, de verdad.
Luego callo. Tú te vas a trabajar y yo me quedo sola, como nací, como siempre estoy sin que lo sepas. En mi cabeza resuenan pensamientos. “Si alguien te pregunta dónde estoy, diles que me fui pa’l norte; diles que estoy más muerta y más enterrada que Cleopatra; diles que no sabes nada, que hace mucho tiempo que vives solo en la casa, tú y tu perro faldero. Si alguien te pregunta cómo estoy, diles que estoy hermosa, que brillo en la oscuridad como los peces de las profundidades; diles que me casé con un viejo que era rico y que me fui pa’l norte; diles que me fui pa’l norte.” Suena el teléfono. No quiero responder pero ese ruido tiritiritiri, aaaaah… qué coraje. ¿Bueno?
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(Datos de la imagen:
Autor: Cristina Alejos Cañada.
Título: Mujer Acróbata.
Imagen tomada de: www.pinturayartistas.com)
J. L. Borges (Manual de zoología fantástica)
(Un pedazo de alma que antes vivía presa se ha escapado por algún punto frágil de mi claustro. Vuela alrededor de mí y se estrella contra las barreras de mi piel, como si me invitara a mostrar mis reversos al aire.)
En el interior de mi casa, me quedo muda, cierro los ojos y pienso que estoy ciega. Quiero abrazarte, pero estás tan lejos, tan en otro mundo. Ya no quiero hablar, mi lengua me detesta. Si me sentara a contemplar las palabras que salen de mi voz: todas se desbaratarían como piel tras veinte años de entierro, caerían porosas sobre el piso de esta casa en la que vierto mi respiración.
Un aliento de basilisco brota de mi boca y tengo miedo de desintegrar tus labios. Mi corazón rebosa de sangre y mi lengua es rosa, pero siento que mi cuerpo se hace gris, como una planta volcánica. Soy una mentira de la materia; zombi de hechiceros afligidos. Mi voz es la sombra de la tristeza y yo no soy más yo. Haré tu voluntad, si tú lo pides, pero no me pidas nada; lárgate de mí, pero no me abandones. Estoy aquí, inerme, ante el silencio de tu presencia blanca; en tu blanca y silenciosa presencia, inerme estoy, aquí.
Tengo el fondo de los aires en mi espalda y mis pulmones se hinchan nuevamente con el fuego de mi esencia. Basilisco, cuerpo de lombriz, pico de gallo, animal abstracto que todo desintegra. Ardo en ardor. Como las aves, temo a todo lo que repta, pero no puedo escapar, porque no tengo alas; me defiendo apenas con esta voz supurante que sale de mi cuerpo. Y grito aaah… y nadie escucha.

¿Hace cuántos años comenzó la metamorfosis de este cuerpo que se ensancha sin cesar? Hasta la casa sigue siendo la misma, y sólo algunas cuarteaduras telúricas que han escapado a su voluntad muestran el paso de las décadas en sus paredes; mientras que yo -tan encanecida- me miro en el espejo, mis ojos miran mis ojos, y no me reconozco así, con la ortopedia en la sonrisa, el llanto reprimido, estos vericuetos en la piel que guardan sudores viejos. Tengo un aullido en el centro de mi cuerpo que se retiene con su propio eco. El rugido interno de “no quiero nada” responde “sí mi amor” a tus palabras. “Fuera de aquí”, siseo como una serpiente constrictora embravecida, pero mis labios dicen “ven a mí”, y quiero tragarte. Tú me abrazas con amor, estrechando tu pecho con mi espalda me das cariño y separas mis cabellos con tus dedos; yo me hago estatua de piedra y me muerdo las entrañas para decir “te amo”. Y te amo, de verdad.
Luego callo. Tú te vas a trabajar y yo me quedo sola, como nací, como siempre estoy sin que lo sepas. En mi cabeza resuenan pensamientos. “Si alguien te pregunta dónde estoy, diles que me fui pa’l norte; diles que estoy más muerta y más enterrada que Cleopatra; diles que no sabes nada, que hace mucho tiempo que vives solo en la casa, tú y tu perro faldero. Si alguien te pregunta cómo estoy, diles que estoy hermosa, que brillo en la oscuridad como los peces de las profundidades; diles que me casé con un viejo que era rico y que me fui pa’l norte; diles que me fui pa’l norte.” Suena el teléfono. No quiero responder pero ese ruido tiritiritiri, aaaaah… qué coraje. ¿Bueno?
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(Datos de la imagen:
Autor: Cristina Alejos Cañada.
Título: Mujer Acróbata.
Imagen tomada de: www.pinturayartistas.com)
vendredi 12 février 2010
La redención del niño envuelto
Tengo sed de sangre, soy tu corazón
Sentado en una colina de yerbas reverdecientes, el pequeño Solín miraba pacer las vacas a medio tiro de piedra. Era un niño pensando en el silencio, tratando de escuchar la lejanía; un niño envuelto en el calor que se levanta de la tierra en temporada de pólenes al aire. Cuando tenía una idea, la sonrisa de observador infantil se dibujaba despacito en la comisura de sus labios de dragón (signo chino que le fue negado). Nunca esperó recibir ninguna epifanía a través de las imágenes vacunas; eran ellas mismas la revelación de su secreto. Así pasaba las tardes cuando no tenía deberes y el regaño de la madre no le podía alcanzar.
Con apenas cinco años y medio, Solín era un jovencito libre, de pies cortos y pensamientos largos y deformes. Sus padres construyeron en su entorno una muralla de papel que nunca se atrevió a cruzar por propia voluntad. No tenía idea de lo que dice pobreza, pues sólo sabía sobre las mieles del contrario. Lejos estaba entonces de conocer el odio. La tristeza y las lágrimas vinieron a sus ojos una vez, a fuerza de imaginar la madre muerta. En aquel momento ése era su único temblor.
Sí, Solín asimiló la muerte en los potreros, donde los semovientes de ojo oscuro rumiaban de pie, junto al esqueleto de sus semejantes venidos a podredumbre y tábanos zumbando. Un animal va desapareciendo de la superficie de la tierra poco a poco, mientras todos los demás (pájaros, mayates, moscas, perros o coyotes) recogen un trozo de su cuerpo y se lo tragan en un acto de profundo amor. Solín los había visto. “Cuando muera mi mamá, seré yo quien coma la primera parte”, pensaba el pequeño, con los ojos llenos de dolor; “luego dejaré que los demás escojan un pedacito, el que ellos quieran. Pero su cabeza se quedará conmigo para siempre… y cuando yo sea grande y un día me muera, quiero que me echen al río con la cabeza de mi madre amarrada a un hilo”.
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De su padre nunca pensó que se fuera a morir, y fue el primero que lo hizo. Un día recibió el disparo de un caporal enfurecido. La madre de Solín lloraba a gritos; los hombres de la hacienda salieron a la busca del infame; la familia se encargó del cadáver y palabras para los que exigían explicaciones. Del cuerpo de su padre Solín no pudo comerse ni un pedazo; su abuela (materna) se ocupó de explicarle que desde ese día la casa de sus tíos sería su nuevo hogar, en la ciudad oscura, donde las calles son de humo y no hay potreros. “El doctor le recetó a mamá salir de viaje para descansar”, no había de qué preocuparse, “pronto las cosas volverán a ser como antes, pero sin papá”. La mujer lloraba mientras el niño pensaba en el silencio.
Durante varios días no pudo cerrar los ojos. El cuerpo muerto de su padre estaba a tantos kilómetros de ahí, con tantas toneladas de tierra encima y un sello inviolable de cemento en el que podían leerse algunos nombres. Junto a la tumba la familia (paterna) sembró un rosal del que brotaba carne viva.
Cuando la madre de Solín volvió del viaje, meses después, el pequeño pisó el cementerio por primera vez. “¿Por qué no nos comimos a papá?” preguntó el niño a su madre. Ésta no respondía nada, sólo miraba con ojos de estupor la figura de su pequeño retoño que lanzaba su pregunta, y la miraba abierto como un cáliz. Debajo de la tierra crepitaban los gusanos, y las raíces del rosal se estiraban hasta las puertas del cielo. Sin pensar, la madre cortó una rosa como sangre y la extendió hasta las manos de Solín, quien la tomó tembloroso, abriendo lentamente sus labios de dragón.
Sentado en una colina de yerbas reverdecientes, el pequeño Solín miraba pacer las vacas a medio tiro de piedra. Era un niño pensando en el silencio, tratando de escuchar la lejanía; un niño envuelto en el calor que se levanta de la tierra en temporada de pólenes al aire. Cuando tenía una idea, la sonrisa de observador infantil se dibujaba despacito en la comisura de sus labios de dragón (signo chino que le fue negado). Nunca esperó recibir ninguna epifanía a través de las imágenes vacunas; eran ellas mismas la revelación de su secreto. Así pasaba las tardes cuando no tenía deberes y el regaño de la madre no le podía alcanzar.
Con apenas cinco años y medio, Solín era un jovencito libre, de pies cortos y pensamientos largos y deformes. Sus padres construyeron en su entorno una muralla de papel que nunca se atrevió a cruzar por propia voluntad. No tenía idea de lo que dice pobreza, pues sólo sabía sobre las mieles del contrario. Lejos estaba entonces de conocer el odio. La tristeza y las lágrimas vinieron a sus ojos una vez, a fuerza de imaginar la madre muerta. En aquel momento ése era su único temblor.
Sí, Solín asimiló la muerte en los potreros, donde los semovientes de ojo oscuro rumiaban de pie, junto al esqueleto de sus semejantes venidos a podredumbre y tábanos zumbando. Un animal va desapareciendo de la superficie de la tierra poco a poco, mientras todos los demás (pájaros, mayates, moscas, perros o coyotes) recogen un trozo de su cuerpo y se lo tragan en un acto de profundo amor. Solín los había visto. “Cuando muera mi mamá, seré yo quien coma la primera parte”, pensaba el pequeño, con los ojos llenos de dolor; “luego dejaré que los demás escojan un pedacito, el que ellos quieran. Pero su cabeza se quedará conmigo para siempre… y cuando yo sea grande y un día me muera, quiero que me echen al río con la cabeza de mi madre amarrada a un hilo”.
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De su padre nunca pensó que se fuera a morir, y fue el primero que lo hizo. Un día recibió el disparo de un caporal enfurecido. La madre de Solín lloraba a gritos; los hombres de la hacienda salieron a la busca del infame; la familia se encargó del cadáver y palabras para los que exigían explicaciones. Del cuerpo de su padre Solín no pudo comerse ni un pedazo; su abuela (materna) se ocupó de explicarle que desde ese día la casa de sus tíos sería su nuevo hogar, en la ciudad oscura, donde las calles son de humo y no hay potreros. “El doctor le recetó a mamá salir de viaje para descansar”, no había de qué preocuparse, “pronto las cosas volverán a ser como antes, pero sin papá”. La mujer lloraba mientras el niño pensaba en el silencio.
Durante varios días no pudo cerrar los ojos. El cuerpo muerto de su padre estaba a tantos kilómetros de ahí, con tantas toneladas de tierra encima y un sello inviolable de cemento en el que podían leerse algunos nombres. Junto a la tumba la familia (paterna) sembró un rosal del que brotaba carne viva.
Cuando la madre de Solín volvió del viaje, meses después, el pequeño pisó el cementerio por primera vez. “¿Por qué no nos comimos a papá?” preguntó el niño a su madre. Ésta no respondía nada, sólo miraba con ojos de estupor la figura de su pequeño retoño que lanzaba su pregunta, y la miraba abierto como un cáliz. Debajo de la tierra crepitaban los gusanos, y las raíces del rosal se estiraban hasta las puertas del cielo. Sin pensar, la madre cortó una rosa como sangre y la extendió hasta las manos de Solín, quien la tomó tembloroso, abriendo lentamente sus labios de dragón.
lundi 11 janvier 2010
El despertar de Tonga
Te diste el tiempo de sitiarme y tomaste mi libertad, a sorbos desesperados. Ah, bestiecilla del fuego, ahora despierto aquí, en la orilla de este río infernal a donde me has traído para desatar mis manos y dejarme escapar…
Siempre lejos del cráter, los colimenses hemos visto crecer la piedra ardiente como si fuera una hija. No le tenemos miedo. Sólo aquellos débiles de espíritu se alarman cuando escuchan los rumores de la destrucción venidera; sin embargo aquí seguimos. No nos es ajeno un día en la vida -sea de mañana o tarde, siempre con la claridad bondadosa del sol-, en que miramos -alta como el cielo- esa columna boreal de escoria y humo que anunciaba profunda e incandescente la catástrofe esperada; y no le tuvimos miedo entonces, tampoco. Contrariamente salimos a los balcones, fuimos a las poblaciones cercanas y tomamos fotografías para el recuerdo y la anécdota.
Sólo la pesada ceniza que llovió después sobre la ciudad nos sacó de nuestros quicios. Convertida en un pegoste duro en los resumideros, en las cañerías y en los tejados, se quedó rígida como la memoria de un abuelo que no se cansa de contar historias aprendidas al pie de una fogata arcaica, sumergido en la oscuridad nocturna de aquel tiempo en que todo eran palabras -destino infinito de los hombres-.
Causa un tanto de ternura el temor de quienes sienten el mundo de sus ojos como el único equilibrio. Aquéllos que al llegar a cualquier sitio se ubican por instinto en el lugar más cercano a la salida de emergencia, y contando a las personas que dentro pudieran entrar en pánico, deciden de una vez a quién socorrerán primero en un caso de sismo o explosión desastrosa. Héroes que sin mayor poder que su imaginación salen victoriosos ante cualquier peligro natural que pueda acechar por tierra y aire -terribles elementos rectores del estado de sitio en que se desarrolla la historia de nuestra existencia-.
Y aún así aquí estamos, al borde de la muerte colectiva que se anuncia en los encabezados de la prensa; al pie de la tormenta de fuego que pronto ha de caer sobre nuestras cabezas. Ensortijamos nuestros sueños malditos todas las mañanas, lanzándolos después por la ventana como proyectiles de lo alto hasta el jardín y las calles. En ese afán de creer que estamos al final del mundo, las montañas crujientes y los alaridos del viento en el invierno nos sirven de pretexto para dramatizar la vida y la tranquilidad con que la tierra se renueva sin saberlo, y sin necesitar saberlo.
Llaima, Popocatépetl, Tonga, Galeras, Redoubt, Paricutín, Merapi, todos son colegas de Colima en latitudes diversas y altitudes angustiosas. Cubiertos de nieve y fuego, o de ácidas arenas y vapores; ardiendo bajo del mar, al pie de una gran fosa marina o como gran recipiente de un lago de la muerte… estos respiraderos del abismo han penetrado en la memoria de todos los vivos que pueblan esta tierra. Los dragones inconscientes buscan apoderarse del temor y hacen crujir el mar y toda ola se levanta en los océanos y toda oscuridad se incendia en el reino de las almohadas y el llanto.
Cuando el despertar de Tonga y la furia de Galeras, cuando la voracidad de Paricutín y la savia destructiva de Merapi, cuando la gran nube mortal de Popocatépetl y las volutas celestinas de Llaima, cuando el gigante monte de Redoubt derribe el cielo, Colima saldrá también de su silencio, y un cántico de destrucción podrá entenderse desde el lejano vacío que observa la redondez de la tierra. Será entonces el momento de los héroes aplastados por la gran masa de la verdad.
Sin embargo aquí, a nada podemos tenerle miedo.
Sin embargo aquí, a nada podemos tenerle miedo.
(*Las fotos llegaron de correo en correo, a mi bandeja de entrada, y desconozco el nombre del fotógrafo afortunado que las tomó y las difundió)
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