dimanche 8 janvier 2012

Nuevos puntos suspensivos en mi pensamiento

Los extremos de la civilización se tocan con la lengua; y es la misma lengua lo que viene y los disloca. En el fondo de una selva sin nombre, la vida de los hombres no es la misma que en la superficie urbana. El cielo no tiene la misma faz, aquí o allá, y las nubes se reciben con alegrías tan distintas como distintos son todos los rincones de la tierra. Fuego no indicará jamás el mismo fuego, como la palabra ala nunca señalará la misma ala; así el calor del hogar, la confianza del hermano, la transparencia del agua o el brillo de las estrellas… El mundo que se nombra es el mundo en que los hombres viven; y todo lo innombrable, simplemente no pertenece a ese mundo.

mardi 3 janvier 2012

... en busca de la vocación perdida... ¿parte uno de mil?

Hace apenas unos años, yo, quien en este texto vierte su palabra, aún vivía con la ilusión de convertirme en escritor y periodista, o periodista simplemente, o escritor... Me gustaba la idea de sentarme a la mesa de un café en una ciudad de callejuelas sin historia, pedir un expreso, observar discretamente el resto de la clientela y abrir un periódico donde apareciera mi nombre impreso en una línea, con esa tipografía destinada a los autores. Ah, qué placer soñado ese de ver el nombre mío, ahí, tan de casualidad, mientras diera el primer trago amargo a mi café y el vapor hiciera el intento de empañarme la mirada para hacerme pensar que no es cierto, que no es verdad, que esas tres palabras en negrita no significan mi nombre, repitiéndose cada vez que mi vista quisiera repetirlo, extendiendo su oscuridad de tinta sobre un tibio papel, como una anguila venenosa de paseo por aguas dulces, como una iguana sobre un cuello anoréxico en plena pasarela, como una fila de hormigas decididas a roer el mundo… Mi nombre sobre el papel, ese era el sujeto, y el verbo era yo leyendo mi propio nombre como si no importara el resto de lo que estuviera escrito alrededor de él.
Pero eso terminó hace algunos años, cuando me di cuenta lo que es pasar la vida pretendiendo ser alguien que ni en sueños… El día que comencé a trabajar en un periódico, di inicio también a la persecución de una vocación que –“literalmente”—se me estaba escapando de los dedos. Fue la primera vez que presenté un currículum, cuya efectividad me llevó a la oficina de cómputo, con el puesto de corrector de estilo. A la voz de “bienvenido”, tuve que contarme entre dieciséis personas trabajando en una especie de horno con ventanas hacia el corredor –corredor donde paseaban los directores de prensa e información con un dejo de inquietud y movimientos que hacían eco a sus vergüenzas escondidas; de vez en cuando se manifestaba “El Señor” por esos mismos pasillos, para verificar que sus pisos de mármol no hubieran sido mancillados con ceniza de tabaco, migas perdidas o fallidos sorbos de café. Cada día pude ver –separada de mí por un cristal que la proyectaba en otra dimensión—a la mujer de limpieza, silenciosa y servicial, con la mirada en cualquier sitio, con el pensamiento metido en un hueco que hasta ahora no me he podido rellenar; apurada con el trapo, lavando aquí y allá con esa conciencia fugaz de quienes conocen bien cuál es su horario de salida. Yo, por mi parte, no sabía, nunca supe cuál sería mi hora de salida. El contrato especificaba en resaltado mis horas de entrada, límite de tolerancia, mi salario, mi día franco, mis cinco días de vacaciones y hasta el borde de mis ganas de vivir, pero de horarios de salida no se hablaba sino en términos aproximativos, medio nocturnos y más bien vampirescos. Rara fue la ocasión en que pude robarle a la noche una cerveza con auténticas risotadas y manotazos al aire. Por regla general, cuando atravesaba el umbral del edificio periodístico, los árboles de la ciudad ya estaban poblados de murciélagos, y sus chillidos alrededor de mí se prolongaban aéreos hasta el amanecer.

jeudi 15 décembre 2011

Escuchar la novena sinfonía metido en la oficina trece un viernes quince del mes doce del dos mil once; ah, qué siglo tan veintiuno

"Qué fuerte... ahahaha...", se ríe la compañera al teléfono. "No te puedo creer", dice mientras la batería se le recarga en el oído. "Poooobre... ¿cuántos años tiene?... Pero desde el primer mes quiere ir a terapia de pareja... ... pero es que, no puedes empezar con alguien yendo a terapia de pareja."... ... etc.
Me duele la garganta y hago lo posible por no escuchar la conversación. Pero no puedo. El estómago me pide algo, mi cabeza da vueltas en cuatro o cinco temas. Todo es tan físico, todo es tan material. Desde mi computadora emerge, despacito, una tonada que retumba. Una tonada emitida por decenas de instrumentos, desde una sola bocinita. Una tonada escrita hace ya siglos y más siglos. Y mi garganta sigue que te duela y duela. "Tic, tac", dice sin ganas el reloj, pero sin detenerse nunca. Son las tres y media, o casi. Las cosas siguen igual. Mi estómago me está pidiendo algo. La compañera sigue riéndose al teléfono. La copiadora parpadea como queriendo dormir. Los ventiladores de todos los ordenadores zumban como un enjambre de moscas. Lo único que avanza es el tiempo o mi reloj. El ordenador tenía programados saltos en la música, y después del primer movimiento de la sinfonía se me aparece delante una banda metálica y triste, que arrastra los pies sobre las avenidas, que camina y camina y gime y sigue caminando sin llegar jamás a alguna parte.
Y aquí estoy yo, con estas orejas que no paran.

jeudi 1 décembre 2011

Des-per-tar

Voraz. Mi voz se pone un poco de rabia por la mañana. Una voz en la cabeza. Claro. Una voz que llama dice hola. Una conversación agitada entre el pensamiento y el recuerdo. La imagen y la experiencia hacen un escándalo en el fondo de mi cráneo por un pleito de derechos. Yo escucho toda la mañana ahora de noche. Despierto, a estas horas, escucho las risitas desde el fondo de una clase, mientras califico un nuevo examen. Todo el sonido ha quedado en mí sujeto. El día con día es una voz. El calendario es un coro de carcajadas desnudas. La luna está burlándose de mí detrás de la ventana, por eso le doy la espalda.


Luego...


Hay una palabra, una palabra que me ha dado la cara. Una palabra que hoy y ayer ha venido a hacerme frente. Ese tipo de palabra que se hace como que "no dice nada y al mismo tiempo lo dice todo"... Viene y suena aquí, y me hace un desmadre fatal en la cocina de mis sentimientos, en la mesa de mis especulaciones, en el servicio de todos mis silencios... Anoche, de cama, vino a hablarme. Palabra con verbos en los labios me despierta. Tanto tiempo había dormido en mí...

lundi 28 novembre 2011

En la sala de espera, un poema puede convertirse en gastroenteritis

Un nombre lejano vierte en mí la nostalgia de los ojos abiertos frente al horizonte.
En mis oídos se instala un pensamiento, como el océano se repite eterno en el abismo de los caracoles.
Pienso en ti.
Escribo en un papel y pienso en la poesía.
Pienso en tu nombre y el mío y siento el fondo de mis ansiedades escurriendo por las piernas.
Miro allá, donde el sol emite su corola última para fertilizar la noche.
¿Dónde se ha metido el resto de los días?
El futuro, mirando el horizonte, parece que surgiera detrás nuestro.

Plus loin!

Tristement, l'après midi laisse tomber la nuit devant le monde. Un hiver de plus ici. Sur le pont royal, je regarde couler "la ravageuse des eaux froides". Parmi les îles de sable, les canards essaient de chanter ensemble. Des tourbillons obligent les hérons à s'envoler. Le fond de l'air est gris, le fond de mon coeur est frais. La lune s'accroche de son ombre, là-haut, entre les nuages et le grand noir qui s'étend avec un air jouissant. Je vois des couleurs qui crient dans l'horizon. Sur mes pas, je marche, j'abandonne, je commence à m'en aller. Le jour s'achève.

dimanche 27 novembre 2011

Adborescencia

A menudo siento. La vida se me pone en pausa y siento. Mis ojos se abren grandes ante el vacío de un sentimiento que me inunda y no puedo pensar. A menudo no estoy frente a nadie porque me pongo a sentir. Y es tan peligrosa esta situación que podría simplemente desbarrancarme con el automóvil a muy baja velocidad. Ante mis cuarenta alumnos y alumnas de gramática me sucede a cada rato. Los pies no sienten mi suelo y el suelo no se interesa por mis pies. Un entumecimiento en las manos me provoca escribir un verso en la pizarra y no puedo justificar su origen, ni su utilidad para el programa de la clase. Estoy perdido. Creo que simplemente estoy enloqueciendo. Siento una necesidad, una necesidad que me exige que reaccione: como el hambre pide abrir la boca, como una erección de madrugada reclama una calurosa compañía, como mi ventana abierta guiñe un salto. Y sí, sí... necesito, necesito: Tengo la boca abierta, y la erección más desesperada inunda las cavernas con mi sangre, y he saltado y caigo y caigo feliz, y caigo...
Un enamoramiento adolescente ha desviado mis objetos. No reconozco ya mi casa. No entiendo ya la ruta de regreso. Amor, me dice el alma. Amor, me dicen los secretos de la noche. Amor, me dicen las estrellas perdidas en las nubes. Amor. Y tengo ganas de llorar al borde de los ríos; de atravesar gritando las avenidas abotagadas de metal y gente; tengo ganas de saltar feliz hacia el costado de los puentes; de tocar las puertas de la policía y declararme culpable de lo peor... quiero morder hasta arrancar... Un enamoramiento sin objeto adolesce mis desvíos. Un objeto sin enamoramiento ha desviado mi adolescente. Un adolescente sin desvíos ha objetado mi enamoramiento.

samedi 29 octobre 2011

lecho celeste

........en este fondo que soy los sedimentos alzan de nuevo sus turbios escarlatas.... hay corrientes aquí, corrientes que me llevan a donde yo no quise ir... adonde está el amor, esperando en una de esas partes por donde camino a fuerza... adonde está el amor y un sentimiento de palmas y de manos... el amor por unos labios que confirman en silencio dónde están los míos... el amor por un secreto... por un secreto diurno, por la sombra, por ese "no sé mañana pero ahora estamos ya, vamos, anda, dime que sí, que estamos aquí"... y está este tiempo... está... y la distancia de un mundo que ya no siento vivir... y está la muerte también, que me hace ronda con dulzura, y canta mi memoria y una voz de ayer que no sé de dónde viene... y están las ganas de partir en este instante... las ganas de lanzarme por una ventana rumbo a cualquier lecho celeste, y allá recomenzar.............

jeudi 13 octobre 2011

Digamos mar, entonces

A veces la marea nos lleva lejos, nos aparta de la tierra para arrojarnos al misterio.
Hay aguas que no son dulces, y hay ríos que no dibujan deltas sobre la sal.
Cuando el viento y la corriente no hacen juntos el camino, los pasos de la rivera pueden perder dirección, pero nunca su destino.
Bajo el susurro de los puentes, el mar y la muerte son un solo sueño.

vendredi 30 septembre 2011

L'evolución

Hace mucho, pero mucho tiempo, las personas solo se calentaban con el sol. Las medias no existían, y las chamarras menos. Antes de inventar los abrigos de piel, por las noches, los antiguos humanos tenían que buscar refugio en los rincones oscuros de las cuevas. Así, los ancestros de nuestros ancestros obtenían un riquísimo calor, acercándose los unos a los otros; solo estando cerca, muy cerca, cada vez más cerca, pudieron sobrevivir a los inviernos. Ahí, abrazados, en el centro de la oscuridad, los no tan ricos olores humanos dieron origen a la invención de los perfumes.















Poco a poco, aquellos anticuados trogloditas se fueron modernizando y transformando, descubrieron el fuego y más tarde la calefacción a base de resinas, carbón, petróleo, alcohol o gas. Todo muy bien, todo en regla. Sin embargo, en nuestra actualidad, los humanos que ahora somos todavía no hemos dejado de utilizar perfumes para esconder los aromas que nos separan los unos de los otros.

mercredi 7 septembre 2011

Tac, tac, tac, tac...


Anoche, al salir de un examen médico que tuve que pasar por cuestiones de trabajo, me di cuenta que llevaba algunas horas con un dolorcito de cabeza que se estaba acrecentando a cada palpitar de mi corazón, o así me lo parecía. Bum, bum, bum... Creí que tenía hambre, pues a veces me sucede que cuando no tengo tiempo para comer en la mañana como es debido, cualquier cosa que coma a mediodía no es suficiente, y en el transcurso de la tarde (o el apré midí, como dicen los franchutes) es mi cabeza quien termina resintiendo un malestar. Pero ayer ya casi eran las ocho de la noche, y según yo, la comida del mediodía no había estado del todo mal. Como sea, llegué a casa y puse a hervir agua en una cacerola, para preparar un espagueti. Pero el bum bum bum de la cabeza ya no me dejó ser coherente con los ingredientes, y mi espagueti resultó una cochinada que no me pude comer. Para entonces mi cuello no sabía que hacer... si sostenía mi cabeza, el resto del cuerpo perdía toda fortaleza... si se ocupaba entonces de sostener el cuerpo, mi cabeza caía hacia un lado u otro sin poder mirar al frente, donde estaba abierto el manual de la Nueva gramática de la lengua española. Busqué pastillas, pero no hallé. Como pude, acomodé el colchón y me estiré. Cualquier lectura en cama era impensable; apagué la luz y desaparecí en lo oscuro de unos pensamientos que volaban como aullidos en la noche. De repente sonó mi celular, que sin darme cuenta lo había colocado sobre mi pecho. Vibraba. Era ella. Lloriqueando, como si estuviera muriéndome, le conté mi día, y ella, con su voz cansada de la semana, me resumió el suyo en pocas frases. Luego, adiós y buenas noches. En el fondo de la habitación me dediqué a respirar. Mis sueños, multitud; como risas alrededor de un enfermo. Dormí mucho, me pareció; dormí mucho, pero mucho tiempo.

Hoy desperté a las seis cuarenta y tantos, a las siete cuarenta y tantos y a las ocho cincuenta y tantos de la mañana. Un libro no me dejaba leer la última cifra de la hora. Me levanté, me bañé, me preparé un desayuno. Desde hace unas horas hurgo en mi ordenador, busco en internet, hojeo algunos libros que tengo aquí a la mano; extrayendo textos, preparando discursos, elaborando actividades. Juego mi rol de maestro responsable. El tic, tac, tac, tac, tac no se escucha aquí, en este lugar, porque todos mis relojes son digitales. Eso es un peligro, porque uno nunca sabe cómo diablos hace el tiempo para escurrirse bajo las pestañas de quien cree controlarlo todo. Creo que el tic, tac, tac, es un marcapasos efectivo para el corazón de los ocupados.
Y ya.

vendredi 1 juillet 2011

Abismo y yo

Las cosas son como son. Yo no hice nada para ser. Tú tampoco. Nuestra madre tampoco. Simplemente estamos aquí, en el mundo, viviendo el mundo, contando el tiempo y tratando de estar bien en periodos cada vez más largos. Aunque a veces nos conformemos con poquito.
La huella que dejamos en los demás, es en realidad lo que los demás deciden tomar de nosotros; a veces sólo toman lo que les gusta (como el niño del juego), a veces toman lo que necesitan (como el feo de la belleza), a veces simplemente se defienden de lo que detestan (como el moralista del rebelde). A esa huella la llamamos "recuerdo", "concepto", "imagen". Lo mismo pasa con el amor. Amamos de los demás lo que deseamos para nosotros. Nos gusta sentir a través de los demás, pero lo que sentimos jamás emerge de nosotros si no es por palabras, por caricias, por contactos. Pero las palabras, las caricias, los contactos, son una simulación, un intento de expresión de lo que sentimos. Porque cuando nos sentimos de tal o cual manera, estamos siempre solos, Mi sentimiento y Yo. Amor y Yo. Tristeza y Yo. Alegría y Yo. Soledad y Yo. Abismo y Yo. Etc, etc, etc, ad infinitum.
Sin embargo, solos no podríamos existir. Es la tensión entre la soledad y la compañía que la identidad se genera; es a través de la identidad y de su aparente desarrollo en las relaciones con los demás, que tenemos un sentimiento de existencia, que existimos. Pero al mismo tiempo el aliento de vida, la única prueba de verdad, es la palabra; nuestra palabra. Lo que los otros dicen sobre nosotros, es una ilusión, un espejismo de lo que nosotros mismos hemos dicho. Es nuestra voz que existe; y el cuerpo es su caja de resonancia. Es nuestra palabra que se extiende en el espacio y el tiempo. Nuestros sentimientos sólo van a nuestro abismo. Nuestros recuerdos sólo van, poco a poco, rumbo a la oscuridad de nuestro propio olvido. Y ahí, en medio de lo oscuro, está la muerte. La nuestra. La preciosa muerte.

jeudi 16 juin 2011

La muerte estrena guadaña















Onomatopeya del horror

JSH

“Si descubro al culpable de tanto desastre… lo va a lamentar…”
(En “Yo soñé con aviones”, SRD)

I
Arde un automóvil en el fondo de una calle; a la mitad de lo oscuro, el fantasma de don Gregorio Torres Quintero grita “¡Aaah!”, como una quemadura. El fuego se levanta, haciendo visible la catástrofe, evidenciando el crimen a la lente, al ojo de quienes detentan la justicia. Los guardias de la inteligencia dicen “¿Eeeh?”, detrás de sus pantallas, como quien nada entiende. Una lección nocturna está por ser dictada; una lección primaria ha de ser aprendida. Momentos más tarde el camión de los bomberos sale de su hangar y ulula “¡Iiih!”, con el chillar de una sirena que sufre de calor bestial. Es el momento del chorro contra la llama; es la hora de la espuma contra el humo; es la hora de los periodistas y el “ring ring”, y el “qué pasó”; es la hora de un fondo estrellado y un murmullo de satélites allá en lo alto. En el automóvil aún ardiendo, un cuerpo carbonizado dice “Ohhh” como un último suspiro, en medio del vapor y el combustible. Los detectives traen sus cámaras fotográficas, toman medidas, recuperan pistas, hurgan con la mirada, y cuando alguien les pregunta si tienen la noción de lo que pueda haber detrás de este homicidio, responden “Uuuuh”, como quien piensa “Pobre ingenuo”. Una lección primaria acaba de dictarse; a finales de mayo hemos aprendido las vocales de nuestro abecedario del crimen.
Hace días, ya pisando la mitad de junio, los maestros del horror quisieron revisarnos el dictado. Un Domingo Savio fue testigo de la necedad con que los policías repitieron una a una las partes de la lección mal aprendida. Esta vez fueron dos cuerpos y una camioneta con reporte de robo quienes sirvieron de banquete al fuego que borra toda huella. Esperemos que para la próxima clase, sea la justicia y la pericia previa quienes nos pasen lista. Esperemos que pronto se den cuenta –nuestros detentores de la ley—que son ellos los calificados.

II
Parece que los detectives andan tras la huella de un criminal innovador y pedagogo. Quizá se trate de una nueva cabecita de maniobras, con ideas diferentes y métodos espectaculares; para enseñarle al enemigo quién es el que manda aquí. Quizá una nueva marioneta para este guiñol sangriento en que se ha convertido nuestro estado.
Pero es fácil sacar sus conclusiones detrás de la barrera de toriles. Es fácil suponer que hay alguien pretendiendo ocultar sus fechorías tras las llamas; que al quedar las víctimas irreconocibles pueden hacerse pasar por fulanitos y perenganitos desaparecidos, mientras las averiguaciones previas dan lugar a presunciones perennes.
En todo caso pidamos al cielo lindo que los detectives tengan una huella que seguir. Y a la Inteligencia que no le esté poniendo trabas al asunto para hallar al responsable. Pidamos al Fuego que ha abrasado nuestras noches vuelva a ser sólo una pesadilla y no se convierta nunca en vehículo para la impunidad de cada día. Pidámosle a nuestro Angelito de la Guarda que cambie su espada por un refulgente cuerno de chivo.

mardi 7 juin 2011

Salir de pobres

Viaje en órbita

Mundo maniquí, maniqueo

Se ve que en este mundo, los que vivimos aquí no queremos salir de pobres, ni jodidos. Y un día habremos de tener razón. Y no lo digo por ti, o por usted nomás, sino por todos. Los que buscan trabajo “de lo que sea”, a todo le encuentran un pretexto para abandonarlo, y los inteligentes arrebatan. Los que tienen un buen corazón y espíritu solidario ofrecen su ayuda voluntariamente para resolver problemas de urgencia, mientras los inteligentes arrebatan.
En el mundo existen dos grupos de personas: los inteligentes y los pobres. Los primeros, gracias a su inteligencia y a su “mentalidad” del éxito, se ganan las becas más prestigiosas, salen de sus cascarones y vuelan a las universidades del norte, para hacer sus doctorados de economía en lugar de biología, de administración en lugar de historia, de comercio en lugar de literatura, de robótica en lugar de bioética, etc., etc., etc. Los segundos, a causa de su pobreza y la “normalidad” del fracaso, raras veces merecen una beca no muy prestigiosa sino más bien alimentaria que les adorna el comedor una vez al mes; lo que los pobres siempre ganan es la confianza de los inteligentes, quienes los dejan entrar en sus casas para que las limpien, y luego hasta les pagan un sueldecito para que se compren una despensita en la misma tienda del patrón. Aunque con menos frecuencia que los inteligentes, los pobres también llegan hacer sus doctorados, pero en humanidades, o en agricultura, en turismo, o en ley (para defender lo que aún les queda), todo eso en lugar de la dinerología, el empresariazgo, la explotación y la guerra, profesiones propias para inteligentes.
En el mundo –aunque los pobres son mayoría— son los inteligentes quienes gobiernan y organizan a la sociedad. Sí. Sí. Los inteligentes diputados y el gobernador inteligente. Los presidentes y los emperadores inteligentes. Los dueños, los empresarios, los productores, los directores, los de arriba, todos los inteligentes. Y parece que los pobres están contentos con ello. Aplauden a los políticos inteligentes, cantan canciones de los artistas inteligentes, se visten con ropa de diseñadores inteligentes y hasta comen hamburguesas. Y cuando algunos pobres (desorientados) quieren pasarse de listos con sus manifestaciones, perturbando el orden de este lindo y productivo sistema, no hay nada de que preocuparse, porque siempre habrá otros pobres –más bien jodidos—, vestidos de azul y cubiertos de plástico, armados de una cachiporra y pistoletas; un enorme cuerpo de pobres encasquetados, con camuflaje en el alma y el rostro cubierto de vergüenza; un montón de jodidos como tú y como aquel de allá, que vendrán en bola para ponerse enfrente, y no dudarán en romper piernas y hocicos de los pobres pasados de listos para que todo quede igual, para que nada cambie.
Siempre habrá un inteligente que apriete el botón rojo, y un pobre que aviente la bomba. Siempre habrá un inteligente que invente un nuevo aparatito, y un pobre que sueñe con tenerlo. Siempre habrá un inteligente que dirija una gran empresa, y un pobre que trabaje en ella. Siempre habrá un inteligente que diga una gran mentira, y un pobre que se la trague entera. Siempre, siempre, siempre.
El día que los jodidos dejen de cortar cabezas de los pobres y miren con deseo las gargantas lavadas de los inteligentes, ese día por fin daremos gracias porque nunca salimos de pobres. Ese día la razón estará de nuestro lado, y ay de quien quiera hacerse el inteligente.