vendredi 2 mars 2012
Sentado
Silencio, en esta sala está prohibido hablar. El secreto de ti, el secreto de mí. El secreto de todos ha comenzado a hacer ruido. "La mente demente". ¿A quién esperamos en este asiento?
lundi 23 janvier 2012
Horóscopo perenne...
Acuario: No bebas demasiado del agua con destellos áureos. Hoy el dinero no será vehículo para tu destino. Guárdate de la noche y de su fauce-leste. Tu río amoroso se desbordará/desborda/desbordó a las cuatro de la tarde.
Piscis: Abre bien la boca cuando digas “lo siento”. El trabajo que te cuesta subir las escaleras trae consigo la recompensa de llegar arriba. No te muevas del umbral, pasarás luego. La frase “no me digas” no es literal, pon atención a otras cosas.
Aries: Todo se va como la espuma, pero es bello mientras dura. Más vale que hoy no creas en tus propias mentiras; serás descubierto. Un animal te despertará una curiosidad desbordante. Tu padre interfiere en tu relación amorosa, pero no lo sabe.
Tauro: Hoy no hay misterios. Si observas por una ventana antes del medio día, verás la imagen de un niño aterido que te mira de frente. Conduce con calma, llegarás tarde como sea. Tu ser amado teme a tus reacciones, por eso no te dice la verdad.
Géminis: Sientes que algo falta. Mañana será un día igual a los demás, pero sin oportunidades. Recibirás lo que esperabas; no finjas sorpresa porque se notará. El amor es un espejismo de tu deseo; no fuerces nada que te romperás a ti mismo.
Cáncer: ¿Has olvidado algo? Hoy la calle te parecerá más ancha que de costumbre; no la atravieses sin antes mirar a los lados, puede ser fatal. Pasarás de largo frente a la pista que te hubiera desentrañado todos los misterios. Ya no te ama.
Leo: Come con cuidado; la vida es una sola y todo lo que tragas acaba de perderla para que tú la sigas disfrutando. La ventana está cerrada, cierra los ojos y verás después. El peinado de una persona amada te despertará sentimientos encontrados.
Virgo: Tus días son páginas en blanco y así se quedan. Alguien olvidará un asunto que te parece importante; puedes perdonarlo. Te sentirás observado cuando caiga el sol; no tengas miedo, es solo tu sombra. Conocerás al amor de tu vida, pero no será hoy.
Libra: Cuando respondas “Sí”, no te arrepientas. Buscándote, tu madre llamará tres veces a un número equivocado y la insultarán. Si la ropa no tiene mayor sentido para tu cuerpo, muestra tu desnudez a un desconocido. Los celos te morderán la oreja.
Escorpión: En casa hay alguien que se avergüenza de tu atuendo. La seguridad es una convicción; convéncete. Al terminar el día imaginarás algo terrible a causa de un retraso familiar. Si sientes que pronto te abandonarán, quizá sea cierto.
Sagitario: Si ayer obtuviste lo que querías, hoy tendrás tu merecido. En el fondo de tu nevera hay algo que se pudre. Una fotografía antigua será motivo de conversación para alguien que pasa junto a ti en la calle. No seas envidioso, resígnate.
Capricornio: Bajo la sábana hay unos pies fríos, ¿son los tuyos? Una persona del futuro influirá inconscientemente en todas las decisiones que tomes por la mañana. Tu nivel de azúcar no siempre es el ideal. Cierra la boca si te dicen “Te amo”.
Piscis: Abre bien la boca cuando digas “lo siento”. El trabajo que te cuesta subir las escaleras trae consigo la recompensa de llegar arriba. No te muevas del umbral, pasarás luego. La frase “no me digas” no es literal, pon atención a otras cosas.
Aries: Todo se va como la espuma, pero es bello mientras dura. Más vale que hoy no creas en tus propias mentiras; serás descubierto. Un animal te despertará una curiosidad desbordante. Tu padre interfiere en tu relación amorosa, pero no lo sabe.
Tauro: Hoy no hay misterios. Si observas por una ventana antes del medio día, verás la imagen de un niño aterido que te mira de frente. Conduce con calma, llegarás tarde como sea. Tu ser amado teme a tus reacciones, por eso no te dice la verdad.
Géminis: Sientes que algo falta. Mañana será un día igual a los demás, pero sin oportunidades. Recibirás lo que esperabas; no finjas sorpresa porque se notará. El amor es un espejismo de tu deseo; no fuerces nada que te romperás a ti mismo.
Cáncer: ¿Has olvidado algo? Hoy la calle te parecerá más ancha que de costumbre; no la atravieses sin antes mirar a los lados, puede ser fatal. Pasarás de largo frente a la pista que te hubiera desentrañado todos los misterios. Ya no te ama.
Leo: Come con cuidado; la vida es una sola y todo lo que tragas acaba de perderla para que tú la sigas disfrutando. La ventana está cerrada, cierra los ojos y verás después. El peinado de una persona amada te despertará sentimientos encontrados.
Virgo: Tus días son páginas en blanco y así se quedan. Alguien olvidará un asunto que te parece importante; puedes perdonarlo. Te sentirás observado cuando caiga el sol; no tengas miedo, es solo tu sombra. Conocerás al amor de tu vida, pero no será hoy.
Libra: Cuando respondas “Sí”, no te arrepientas. Buscándote, tu madre llamará tres veces a un número equivocado y la insultarán. Si la ropa no tiene mayor sentido para tu cuerpo, muestra tu desnudez a un desconocido. Los celos te morderán la oreja.
Escorpión: En casa hay alguien que se avergüenza de tu atuendo. La seguridad es una convicción; convéncete. Al terminar el día imaginarás algo terrible a causa de un retraso familiar. Si sientes que pronto te abandonarán, quizá sea cierto.
Sagitario: Si ayer obtuviste lo que querías, hoy tendrás tu merecido. En el fondo de tu nevera hay algo que se pudre. Una fotografía antigua será motivo de conversación para alguien que pasa junto a ti en la calle. No seas envidioso, resígnate.
Capricornio: Bajo la sábana hay unos pies fríos, ¿son los tuyos? Una persona del futuro influirá inconscientemente en todas las decisiones que tomes por la mañana. Tu nivel de azúcar no siempre es el ideal. Cierra la boca si te dicen “Te amo”.
mardi 10 janvier 2012
...consigna...
Nadie es nada, antes que animal.
Nadie tiene más nombre que oxígeno en los pulmones.
Nadie tiene más poder que hambre.
Soy animal.
Eres animal.
Es animal.
Somos animales.
Sois animales.
Son animales.
Nadie tiene más nombre que oxígeno en los pulmones.
Nadie tiene más poder que hambre.
Soy animal.
Eres animal.
Es animal.
Somos animales.
Sois animales.
Son animales.
dimanche 8 janvier 2012
Nuevos puntos suspensivos en mi pensamiento
Los extremos de la civilización se tocan con la lengua; y es la misma lengua lo que viene y los disloca. En el fondo de una selva sin nombre, la vida de los hombres no es la misma que en la superficie urbana. El cielo no tiene la misma faz, aquí o allá, y las nubes se reciben con alegrías tan distintas como distintos son todos los rincones de la tierra. Fuego no indicará jamás el mismo fuego, como la palabra ala nunca señalará la misma ala; así el calor del hogar, la confianza del hermano, la transparencia del agua o el brillo de las estrellas… El mundo que se nombra es el mundo en que los hombres viven; y todo lo innombrable, simplemente no pertenece a ese mundo.
mardi 3 janvier 2012
... en busca de la vocación perdida... ¿parte uno de mil?
Hace apenas unos años, yo, quien en este texto vierte su palabra, aún vivía con la ilusión de convertirme en escritor y periodista, o periodista simplemente, o escritor... Me gustaba la idea de sentarme a la mesa de un café en una ciudad de callejuelas sin historia, pedir un expreso, observar discretamente el resto de la clientela y abrir un periódico donde apareciera mi nombre impreso en una línea, con esa tipografía destinada a los autores. Ah, qué placer soñado ese de ver el nombre mío, ahí, tan de casualidad, mientras diera el primer trago amargo a mi café y el vapor hiciera el intento de empañarme la mirada para hacerme pensar que no es cierto, que no es verdad, que esas tres palabras en negrita no significan mi nombre, repitiéndose cada vez que mi vista quisiera repetirlo, extendiendo su oscuridad de tinta sobre un tibio papel, como una anguila venenosa de paseo por aguas dulces, como una iguana sobre un cuello anoréxico en plena pasarela, como una fila de hormigas decididas a roer el mundo… Mi nombre sobre el papel, ese era el sujeto, y el verbo era yo leyendo mi propio nombre como si no importara el resto de lo que estuviera escrito alrededor de él.
Pero eso terminó hace algunos años, cuando me di cuenta lo que es pasar la vida pretendiendo ser alguien que ni en sueños… El día que comencé a trabajar en un periódico, di inicio también a la persecución de una vocación que –“literalmente”—se me estaba escapando de los dedos. Fue la primera vez que presenté un currículum, cuya efectividad me llevó a la oficina de cómputo, con el puesto de corrector de estilo. A la voz de “bienvenido”, tuve que contarme entre dieciséis personas trabajando en una especie de horno con ventanas hacia el corredor –corredor donde paseaban los directores de prensa e información con un dejo de inquietud y movimientos que hacían eco a sus vergüenzas escondidas; de vez en cuando se manifestaba “El Señor” por esos mismos pasillos, para verificar que sus pisos de mármol no hubieran sido mancillados con ceniza de tabaco, migas perdidas o fallidos sorbos de café. Cada día pude ver –separada de mí por un cristal que la proyectaba en otra dimensión—a la mujer de limpieza, silenciosa y servicial, con la mirada en cualquier sitio, con el pensamiento metido en un hueco que hasta ahora no me he podido rellenar; apurada con el trapo, lavando aquí y allá con esa conciencia fugaz de quienes conocen bien cuál es su horario de salida. Yo, por mi parte, no sabía, nunca supe cuál sería mi hora de salida. El contrato especificaba en resaltado mis horas de entrada, límite de tolerancia, mi salario, mi día franco, mis cinco días de vacaciones y hasta el borde de mis ganas de vivir, pero de horarios de salida no se hablaba sino en términos aproximativos, medio nocturnos y más bien vampirescos. Rara fue la ocasión en que pude robarle a la noche una cerveza con auténticas risotadas y manotazos al aire. Por regla general, cuando atravesaba el umbral del edificio periodístico, los árboles de la ciudad ya estaban poblados de murciélagos, y sus chillidos alrededor de mí se prolongaban aéreos hasta el amanecer.
Pero eso terminó hace algunos años, cuando me di cuenta lo que es pasar la vida pretendiendo ser alguien que ni en sueños… El día que comencé a trabajar en un periódico, di inicio también a la persecución de una vocación que –“literalmente”—se me estaba escapando de los dedos. Fue la primera vez que presenté un currículum, cuya efectividad me llevó a la oficina de cómputo, con el puesto de corrector de estilo. A la voz de “bienvenido”, tuve que contarme entre dieciséis personas trabajando en una especie de horno con ventanas hacia el corredor –corredor donde paseaban los directores de prensa e información con un dejo de inquietud y movimientos que hacían eco a sus vergüenzas escondidas; de vez en cuando se manifestaba “El Señor” por esos mismos pasillos, para verificar que sus pisos de mármol no hubieran sido mancillados con ceniza de tabaco, migas perdidas o fallidos sorbos de café. Cada día pude ver –separada de mí por un cristal que la proyectaba en otra dimensión—a la mujer de limpieza, silenciosa y servicial, con la mirada en cualquier sitio, con el pensamiento metido en un hueco que hasta ahora no me he podido rellenar; apurada con el trapo, lavando aquí y allá con esa conciencia fugaz de quienes conocen bien cuál es su horario de salida. Yo, por mi parte, no sabía, nunca supe cuál sería mi hora de salida. El contrato especificaba en resaltado mis horas de entrada, límite de tolerancia, mi salario, mi día franco, mis cinco días de vacaciones y hasta el borde de mis ganas de vivir, pero de horarios de salida no se hablaba sino en términos aproximativos, medio nocturnos y más bien vampirescos. Rara fue la ocasión en que pude robarle a la noche una cerveza con auténticas risotadas y manotazos al aire. Por regla general, cuando atravesaba el umbral del edificio periodístico, los árboles de la ciudad ya estaban poblados de murciélagos, y sus chillidos alrededor de mí se prolongaban aéreos hasta el amanecer.
jeudi 15 décembre 2011
Escuchar la novena sinfonía metido en la oficina trece un viernes quince del mes doce del dos mil once; ah, qué siglo tan veintiuno
"Qué fuerte... ahahaha...", se ríe la compañera al teléfono. "No te puedo creer", dice mientras la batería se le recarga en el oído. "Poooobre... ¿cuántos años tiene?... Pero desde el primer mes quiere ir a terapia de pareja... ... pero es que, no puedes empezar con alguien yendo a terapia de pareja."... ... etc.
Me duele la garganta y hago lo posible por no escuchar la conversación. Pero no puedo. El estómago me pide algo, mi cabeza da vueltas en cuatro o cinco temas. Todo es tan físico, todo es tan material. Desde mi computadora emerge, despacito, una tonada que retumba. Una tonada emitida por decenas de instrumentos, desde una sola bocinita. Una tonada escrita hace ya siglos y más siglos. Y mi garganta sigue que te duela y duela. "Tic, tac", dice sin ganas el reloj, pero sin detenerse nunca. Son las tres y media, o casi. Las cosas siguen igual. Mi estómago me está pidiendo algo. La compañera sigue riéndose al teléfono. La copiadora parpadea como queriendo dormir. Los ventiladores de todos los ordenadores zumban como un enjambre de moscas. Lo único que avanza es el tiempo o mi reloj. El ordenador tenía programados saltos en la música, y después del primer movimiento de la sinfonía se me aparece delante una banda metálica y triste, que arrastra los pies sobre las avenidas, que camina y camina y gime y sigue caminando sin llegar jamás a alguna parte.
Y aquí estoy yo, con estas orejas que no paran.
Me duele la garganta y hago lo posible por no escuchar la conversación. Pero no puedo. El estómago me pide algo, mi cabeza da vueltas en cuatro o cinco temas. Todo es tan físico, todo es tan material. Desde mi computadora emerge, despacito, una tonada que retumba. Una tonada emitida por decenas de instrumentos, desde una sola bocinita. Una tonada escrita hace ya siglos y más siglos. Y mi garganta sigue que te duela y duela. "Tic, tac", dice sin ganas el reloj, pero sin detenerse nunca. Son las tres y media, o casi. Las cosas siguen igual. Mi estómago me está pidiendo algo. La compañera sigue riéndose al teléfono. La copiadora parpadea como queriendo dormir. Los ventiladores de todos los ordenadores zumban como un enjambre de moscas. Lo único que avanza es el tiempo o mi reloj. El ordenador tenía programados saltos en la música, y después del primer movimiento de la sinfonía se me aparece delante una banda metálica y triste, que arrastra los pies sobre las avenidas, que camina y camina y gime y sigue caminando sin llegar jamás a alguna parte.
Y aquí estoy yo, con estas orejas que no paran.
jeudi 1 décembre 2011
Des-per-tar
Voraz. Mi voz se pone un poco de rabia por la mañana. Una voz en la cabeza. Claro. Una voz que llama dice hola. Una conversación agitada entre el pensamiento y el recuerdo. La imagen y la experiencia hacen un escándalo en el fondo de mi cráneo por un pleito de derechos. Yo escucho toda la mañana ahora de noche. Despierto, a estas horas, escucho las risitas desde el fondo de una clase, mientras califico un nuevo examen. Todo el sonido ha quedado en mí sujeto. El día con día es una voz. El calendario es un coro de carcajadas desnudas. La luna está burlándose de mí detrás de la ventana, por eso le doy la espalda.
Luego...
Hay una palabra, una palabra que me ha dado la cara. Una palabra que hoy y ayer ha venido a hacerme frente. Ese tipo de palabra que se hace como que "no dice nada y al mismo tiempo lo dice todo"... Viene y suena aquí, y me hace un desmadre fatal en la cocina de mis sentimientos, en la mesa de mis especulaciones, en el servicio de todos mis silencios... Anoche, de cama, vino a hablarme. Palabra con verbos en los labios me despierta. Tanto tiempo había dormido en mí...
Luego...
Hay una palabra, una palabra que me ha dado la cara. Una palabra que hoy y ayer ha venido a hacerme frente. Ese tipo de palabra que se hace como que "no dice nada y al mismo tiempo lo dice todo"... Viene y suena aquí, y me hace un desmadre fatal en la cocina de mis sentimientos, en la mesa de mis especulaciones, en el servicio de todos mis silencios... Anoche, de cama, vino a hablarme. Palabra con verbos en los labios me despierta. Tanto tiempo había dormido en mí...
lundi 28 novembre 2011
En la sala de espera, un poema puede convertirse en gastroenteritis
Un nombre lejano vierte en mí la nostalgia de los ojos abiertos frente al horizonte.
En mis oídos se instala un pensamiento, como el océano se repite eterno en el abismo de los caracoles.
Pienso en ti.
Escribo en un papel y pienso en la poesía.
Pienso en tu nombre y el mío y siento el fondo de mis ansiedades escurriendo por las piernas.
Miro allá, donde el sol emite su corola última para fertilizar la noche.
¿Dónde se ha metido el resto de los días?
El futuro, mirando el horizonte, parece que surgiera detrás nuestro.
En mis oídos se instala un pensamiento, como el océano se repite eterno en el abismo de los caracoles.
Pienso en ti.
Escribo en un papel y pienso en la poesía.
Pienso en tu nombre y el mío y siento el fondo de mis ansiedades escurriendo por las piernas.
Miro allá, donde el sol emite su corola última para fertilizar la noche.
¿Dónde se ha metido el resto de los días?
El futuro, mirando el horizonte, parece que surgiera detrás nuestro.
Plus loin!
Tristement, l'après midi laisse tomber la nuit devant le monde. Un hiver de plus ici. Sur le pont royal, je regarde couler "la ravageuse des eaux froides". Parmi les îles de sable, les canards essaient de chanter ensemble. Des tourbillons obligent les hérons à s'envoler. Le fond de l'air est gris, le fond de mon coeur est frais. La lune s'accroche de son ombre, là-haut, entre les nuages et le grand noir qui s'étend avec un air jouissant. Je vois des couleurs qui crient dans l'horizon. Sur mes pas, je marche, j'abandonne, je commence à m'en aller. Le jour s'achève.
dimanche 27 novembre 2011
Adborescencia
A menudo siento. La vida se me pone en pausa y siento. Mis ojos se abren grandes ante el vacío de un sentimiento que me inunda y no puedo pensar. A menudo no estoy frente a nadie porque me pongo a sentir. Y es tan peligrosa esta situación que podría simplemente desbarrancarme con el automóvil a muy baja velocidad. Ante mis cuarenta alumnos y alumnas de gramática me sucede a cada rato. Los pies no sienten mi suelo y el suelo no se interesa por mis pies. Un entumecimiento en las manos me provoca escribir un verso en la pizarra y no puedo justificar su origen, ni su utilidad para el programa de la clase. Estoy perdido. Creo que simplemente estoy enloqueciendo. Siento una necesidad, una necesidad que me exige que reaccione: como el hambre pide abrir la boca, como una erección de madrugada reclama una calurosa compañía, como mi ventana abierta guiñe un salto. Y sí, sí... necesito, necesito: Tengo la boca abierta, y la erección más desesperada inunda las cavernas con mi sangre, y he saltado y caigo y caigo feliz, y caigo...
Un enamoramiento adolescente ha desviado mis objetos. No reconozco ya mi casa. No entiendo ya la ruta de regreso. Amor, me dice el alma. Amor, me dicen los secretos de la noche. Amor, me dicen las estrellas perdidas en las nubes. Amor. Y tengo ganas de llorar al borde de los ríos; de atravesar gritando las avenidas abotagadas de metal y gente; tengo ganas de saltar feliz hacia el costado de los puentes; de tocar las puertas de la policía y declararme culpable de lo peor... quiero morder hasta arrancar... Un enamoramiento sin objeto adolesce mis desvíos. Un objeto sin enamoramiento ha desviado mi adolescente. Un adolescente sin desvíos ha objetado mi enamoramiento.
Un enamoramiento adolescente ha desviado mis objetos. No reconozco ya mi casa. No entiendo ya la ruta de regreso. Amor, me dice el alma. Amor, me dicen los secretos de la noche. Amor, me dicen las estrellas perdidas en las nubes. Amor. Y tengo ganas de llorar al borde de los ríos; de atravesar gritando las avenidas abotagadas de metal y gente; tengo ganas de saltar feliz hacia el costado de los puentes; de tocar las puertas de la policía y declararme culpable de lo peor... quiero morder hasta arrancar... Un enamoramiento sin objeto adolesce mis desvíos. Un objeto sin enamoramiento ha desviado mi adolescente. Un adolescente sin desvíos ha objetado mi enamoramiento.
mardi 22 novembre 2011
samedi 29 octobre 2011
lecho celeste
........en este fondo que soy los sedimentos alzan de nuevo sus turbios escarlatas.... hay corrientes aquí, corrientes que me llevan a donde yo no quise ir... adonde está el amor, esperando en una de esas partes por donde camino a fuerza... adonde está el amor y un sentimiento de palmas y de manos... el amor por unos labios que confirman en silencio dónde están los míos... el amor por un secreto... por un secreto diurno, por la sombra, por ese "no sé mañana pero ahora estamos ya, vamos, anda, dime que sí, que estamos aquí"... y está este tiempo... está... y la distancia de un mundo que ya no siento vivir... y está la muerte también, que me hace ronda con dulzura, y canta mi memoria y una voz de ayer que no sé de dónde viene... y están las ganas de partir en este instante... las ganas de lanzarme por una ventana rumbo a cualquier lecho celeste, y allá recomenzar.............
jeudi 13 octobre 2011
Digamos mar, entonces
A veces la marea nos lleva lejos, nos aparta de la tierra para arrojarnos al misterio.
Hay aguas que no son dulces, y hay ríos que no dibujan deltas sobre la sal.
Cuando el viento y la corriente no hacen juntos el camino, los pasos de la rivera pueden perder dirección, pero nunca su destino.
Bajo el susurro de los puentes, el mar y la muerte son un solo sueño.
Hay aguas que no son dulces, y hay ríos que no dibujan deltas sobre la sal.
Cuando el viento y la corriente no hacen juntos el camino, los pasos de la rivera pueden perder dirección, pero nunca su destino.
Bajo el susurro de los puentes, el mar y la muerte son un solo sueño.
vendredi 30 septembre 2011
L'evolución
Hace mucho, pero mucho tiempo, las personas solo se calentaban con el sol. Las medias no existían, y las chamarras menos. Antes de inventar los abrigos de piel, por las noches, los antiguos humanos tenían que buscar refugio en los rincones oscuros de las cuevas. Así, los ancestros de nuestros ancestros obtenían un riquísimo calor, acercándose los unos a los otros; solo estando cerca, muy cerca, cada vez más cerca, pudieron sobrevivir a los inviernos. Ahí, abrazados, en el centro de la oscuridad, los no tan ricos olores humanos dieron origen a la invención de los perfumes.

Poco a poco, aquellos anticuados trogloditas se fueron modernizando y transformando, descubrieron el fuego y más tarde la calefacción a base de resinas, carbón, petróleo, alcohol o gas. Todo muy bien, todo en regla. Sin embargo, en nuestra actualidad, los humanos que ahora somos todavía no hemos dejado de utilizar perfumes para esconder los aromas que nos separan los unos de los otros.

Poco a poco, aquellos anticuados trogloditas se fueron modernizando y transformando, descubrieron el fuego y más tarde la calefacción a base de resinas, carbón, petróleo, alcohol o gas. Todo muy bien, todo en regla. Sin embargo, en nuestra actualidad, los humanos que ahora somos todavía no hemos dejado de utilizar perfumes para esconder los aromas que nos separan los unos de los otros.
mercredi 7 septembre 2011
Tac, tac, tac, tac...
Anoche, al salir de un examen médico que tuve que pasar por cuestiones de trabajo, me di cuenta que llevaba algunas horas con un dolorcito de cabeza que se estaba acrecentando a cada palpitar de mi corazón, o así me lo parecía. Bum, bum, bum... Creí que tenía hambre, pues a veces me sucede que cuando no tengo tiempo para comer en la mañana como es debido, cualquier cosa que coma a mediodía no es suficiente, y en el transcurso de la tarde (o el apré midí, como dicen los franchutes) es mi cabeza quien termina resintiendo un malestar. Pero ayer ya casi eran las ocho de la noche, y según yo, la comida del mediodía no había estado del todo mal. Como sea, llegué a casa y puse a hervir agua en una cacerola, para preparar un espagueti. Pero el bum bum bum de la cabeza ya no me dejó ser coherente con los ingredientes, y mi espagueti resultó una cochinada que no me pude comer. Para entonces mi cuello no sabía que hacer... si sostenía mi cabeza, el resto del cuerpo perdía toda fortaleza... si se ocupaba entonces de sostener el cuerpo, mi cabeza caía hacia un lado u otro sin poder mirar al frente, donde estaba abierto el manual de la Nueva gramática de la lengua española. Busqué pastillas, pero no hallé. Como pude, acomodé el colchón y me estiré. Cualquier lectura en cama era impensable; apagué la luz y desaparecí en lo oscuro de unos pensamientos que volaban como aullidos en la noche. De repente sonó mi celular, que sin darme cuenta lo había colocado sobre mi pecho. Vibraba. Era ella. Lloriqueando, como si estuviera muriéndome, le conté mi día, y ella, con su voz cansada de la semana, me resumió el suyo en pocas frases. Luego, adiós y buenas noches. En el fondo de la habitación me dediqué a respirar. Mis sueños, multitud; como risas alrededor de un enfermo. Dormí mucho, me pareció; dormí mucho, pero mucho tiempo.
Hoy desperté a las seis cuarenta y tantos, a las siete cuarenta y tantos y a las ocho cincuenta y tantos de la mañana. Un libro no me dejaba leer la última cifra de la hora. Me levanté, me bañé, me preparé un desayuno. Desde hace unas horas hurgo en mi ordenador, busco en internet, hojeo algunos libros que tengo aquí a la mano; extrayendo textos, preparando discursos, elaborando actividades. Juego mi rol de maestro responsable. El tic, tac, tac, tac, tac no se escucha aquí, en este lugar, porque todos mis relojes son digitales. Eso es un peligro, porque uno nunca sabe cómo diablos hace el tiempo para escurrirse bajo las pestañas de quien cree controlarlo todo. Creo que el tic, tac, tac, es un marcapasos efectivo para el corazón de los ocupados.
Y ya.
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