lundi 8 décembre 2014

Atentos, muy atentos



Invito a los valientes a escucharme
Invito a quienes no tienen dinero
A quienes no se limpian los zapatos,
A los que no se quitan el sombrero.
Invito a los conscientes aseguirme
Invito al sordo a contemplar mis gestos
Al ciego pido no olvidar mi ruego.
A quienes tengan voz, que entiendan, comuniquen:
Soy la piedra enterrada que te llama
Soy el jade lunar que te convoca
Soy el silencio sobre el que tú hablas
Sobre el que tú respiras, gritas, callas.
Estoy aquí como lo habías pedido.
Un pliego temporal en que se extiende
La vasta sociedad en que has crecido.
Escribe sobre mí, no sobra tiempo.
Dicta sobre mi cuerpo omnipresente,
Graba en mi ser-espacio un nuevo orden.
Que nuestra voz La Historia se eternice,
No des paso adelante
Sin que nos acompañe esta escritura.
Soy tu consciencia, soy el momento, el día en que naciste
Debes obedecer
No queda de otra.
Atrás está el mal Sueño; ahora despiertas.
Delante esperan campos de cultivo, o bien de guerra.
Campos de sueño o de concentración.
Llama a los vivos,
Canta para todos:
La historia –nuestra historia—, se está escribiendo hoy.
Sea para siempre.

vendredi 28 novembre 2014

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Monumento a los muertos : Abisal basurero. Oportuno silencio de la noche. Un rîo de ceniza ahoga a nuestros padres. Flecha de fuego. Garra de tecolote en el tejado. Basurero abisal. Perdí mi calavera.

vendredi 21 novembre 2014

Me ves, ya no me ves

En el fondo del abismo hay una fila
de desaparecidos, esperando aparecer.
No se fueron de aquí por una idea,
ni se esfumaron buscando algún querer.
¿Alguien se los llevó pa'divertirse?,
¿alguien los raptó para hacerlos padecer?
El vacío macabro de quien “desaparece”
es compa de la angustia de quienes se quedaron.
Impávidos --ante el acto de magia repetido--
los espectadores lloran palomas y conejos.
Delante de una caja a doble fondo (la justicia),
las madres, nuestras madres, descifran el mensaje:
Me ves, ya no me ves.
¿Quién es el mago? ¿Dónde su mano invisible?
De este lado del abismo hay otra fila de personas esperando.
Sujetas al anhelo de verlos regresar.
Nombre en lista de espera.
Cadáver de anfiteatro.
¡Oh! ¡Fosa clandestina!
¡Calle, poste de luz, montón de huesos!
“Este infierno es un país de paz”,
dice don presidente con cara de galán.
Los ministros aplauden ante cámaras,
periodistas analizan ante cámaras,
se aprende la opinión de los expertos en la radio.
Pero alaridos de un descuartizado no se pueden escuchar,
la pantalla del infierno está pasando anuncios comerciales.
Mientras tanto...
Cuerpos desperdigados
largo y ancho de un país de paz:
Reportero, niña, migrante, pandillero.
Empresario, estudiantes, sicarios, artilleros.
Señora de la esquina, muchacho misterioso.
Vagabundo en la calle, pollero, indio, maloso.
Los muertos de mi calle y los muertos del bosque.
Policías en diZputas, mujeres, traficantes.
Testigos de su sangre, ráfagas en el cuerpo.
Sombras de la masacre… rastros de la masacre…
voces de la masacre… hijos de la masacre:
¡No se oye! ¡Más fuerte!
¿Dónde están? ¡Griten más fuerte!
Y los cañaverales, maizales y barrancos
no propagan el eco de los gritos,
los aullidos ahogados de machete.
El volumen del aire los dispersa.
Queda el olor chillante de los buitres,
la carne y frenesí de los gusanos...
En este país de paz...
Queda la oscura superficie bajo el sol.
Quedan bolsas de basura abandonadas en parques y jardines,
guardando las entrañas de un desaparecido.
Otro desaparecido. Y otro y otro y otro.
La cola se hace larga como larga es la serpiente.
En la esquina del abismo se acabaron las despensas.
Están regalando muerte.

mercredi 12 novembre 2014

Me ves, ya no me ves



En el fondo del abismo hay una cola de personas desaparecidas, esperando aparecer. No se fueron de aquí por una idea, ni se esfumaron buscando algún querer. ¿Alguien se los llevó pa'divertirse?, ¿alguien los secuestró para hacerlos padecer?

El vacío macabro de quienes “desaparecen” es compadre de la angustia de quienes se quedaron. Impávidos, ante ese acto de magia repetitivo, los espectadores lloran por la paloma y el conejo; delante de esa caja a doble fondo (la justicia), las madres de los muertos descifran el mensaje: Me ves, ya no me ves. ¿Quién es el mago? ¿Cuál es su mano invisible?

De este lado del abismo hay también una fila de personas esperando que los desaparecidos vuelvan. Están aquí, sujetos al anhelo de verlos regresar. Y mientras hacen cola también buscan, en los anfiteatros, en las fosas clandestinas, en las calles, en los postes de luz más apagados, y en los montones de huesos.

“Este infierno es un país de paz”, dice el pequeño dictador con su cara de galán. Los ministros aplauden ante cámaras, los periodistas analizan ante cámaras, se aprende la opinión de los expertos en la radio; pero los alaridos de un descuartizado no se pueden escuchar, pues la antecámara del infierno ha pasado a comerciales. 

Cuerpos regados a lo largo de un país de paz:

Reportero, niña, migrante, pandillero. Empresario, estudiantes, sicarios, artilleros. Señora de la esquina, muchacho misterioso. Vagabundo en la calle, pollero, indio, maloso. Los muertos de  mi calle y los muertos del bosque. Policías en disputa, mujeres, traficantes. Testigos de su sangre, ráfagas en el cuerpo. Sombras de la masacre… rastros de la masacre… voces de la masacre… hijos de la masacre:

¡No se oye! ¡Más fuerte! ¿Dónde están? ¡Griten más fuerte!

Y los cañaverales, los maizales, las barrancas, no son lo suficientemente acústicos para propagar los aullidos de dolor del primero de los machetazos. El volumen del aire los dispersa. Queda el olor chillante de la carne, los gusanos y el frenesí de los buitres… en este país de paz. Queda la oscuridad de las bolsas de plástico abandonadas en los parques y jardines, abrigando los trozos de un desaparecido más que no podrá volver.

Y la fila se hace larga.
                    En la esquina del abismo se acabaron las despensas.
                                                                                                 Están regalando muerte.

lundi 20 octobre 2014

Alguien me ha tocado



I
Dejar caer el sol por la ventana,
Esa ventana por la que el mundo se sostiene.
Dejar caer el sol y sus colores.
Dejar que nos anuncien que todo está acabándose otra vez
Justo al comienzo.

II
Al comienzo, de noche, te diriges a mí
Repitiendo mi nombre, con ganas de besarlo
Ganas que asoman por tu pronunciación,
Voluta de tu voz desprendida del cuerpo tras llamarme.
“Alguien me ha tocado”, dice entonces mi nombre.

jeudi 16 octobre 2014

Cerrar los ojos y ser


 Para Carlos César Solís

"He aprendido a cerrar los ojos frente a la belleza y escucharla hablar.
Esa voz lo dice todo, como los libros que pueblan el universo.
Una voz que habla en silencio.
Un silencio que hace ruido.
El ruido insoportable de la belleza parlante.

He aprendido a cerrar los ojos para escuchar mi corazón latiendo.
Un latido que habla de mí mismo, como mi piel, mis entrañas, mis huellas, mis cabellos.
Un latido que es señal y paraíso y muchas veces infierno.
Un infierno que late fuerte y con amor.
El amor insoportable de mi corazón erecto.

He aprendido a no hacer caso de lo que mis ojos ven cuando los abro.
No hacer caso de las apariencias del objeto, ni del monstruoso conjunto que lo acompaña.
Un monstruo inabarcable que no sabe decir nada.
Una nada que viene callando hasta mis ojos convexos.
Ojos que miran esa superficie tenaz que he decidido ignorar profundamente.

He aprendido a venerar la soledad, la oscuridad y el silencio."

El rumor del tiempo, Guillermo Pérez Villalta


samedi 14 juin 2014

Mi gata acaba de treparse al librero, como una loca. Derribô un libro, que cayô a su vez sobre una figura felina de madera. Ambos objetos al suelo. La maldije, pero ya no estaba ahî. Escurridiza, mi gata habîa desaparecido del librero y ahora estaba tragando croquetas como si no hubiese pasado nada. Levanté del suelo la figura felina, azul, en una posiciôn de alerta. En su lugar estaba el libro que habîa caîdo del libero. Colecciôn "Les Classiques du Mercure", Pensées de Pascal. Cuando me di cuenta le di gracias a mi gata por haberme dado algo que leer esta noche.

mardi 27 mai 2014

Llueve, bien

El mundo es la lluvia. Las casas y las calles mojadas son el mensaje más claro de que el mundo no pertenece a los humanos. La desesperación de quienes desean el sol y ese gesto de mirar hacia arriba buscando una grieta entre las nubes para ser vistos por la luz, son los signos más evidentes de que quienes reinan en el mundo son las plantas.
Estoy bien, pues llueve.
Para mi razón, la lluvia es el perfume del mundo. Su aroma, su vapor que nos recorre cuando al fin podemos pisar la calle, su lodazal en el camino, son los versos de un poema que no necesita ser escrito.
Soy cursi, lo sé; pero el mundo no nos necesita y eso me calma. Eso me tranquiliza. No somos necesarios para el mundo. Toda lucha es vana, al final de las cuentas, pues el mundo no suma ni resta, y nuestra multiplicación --lejos de salvarnos-- nos extravía en un sendero próximo al abismo.
Por eso me siento bien.
Porque la lluvia ha dado un discurso más largo que el discurso de los políticos. Porque la lluvia cae y en su caída pone toda su existencia, de una manera más intensa que las balas.
Estoy bien y por eso caigo, como si una gota de esa lluvia fuera.
De mí no tengo más noticia, por ahora.
El rumbo ya no es importante.
Estoy tan lejos de donde he nacido, que el camino de regreso es más largo que mi extravío.
Aquí estoy, en el mundo. Tengo unos brazos, una mente, unos labios, un cuerpo entero rendido a la existencia de la lluvia.
Y si no fuera por el viento, por el frío y por esta cobardía de mi piel, me dejaría empapar.
Llueve, que llueva.
Lo demás no importa. Y si un día sale el sol, salud de nuevo, pues solo hará que florezcan nuevas nubes.