mercredi 27 août 2008
Las causas perdidas (I)
Por más triste que nos sea, debemos aceptarlo: La luna es fría; el calor de la noche no proviene de su luz, sino de nuestros cuerpos... que arden al compás de sus respiros... que arden al ritmo de sus precipitaciones. Cuerpos uno: cuerpos tuyo: cuerpos mío. Cuerpos a la vez danzantes; cuerpos a la vez arado, abrigo, llaves. Cuerpos que aprendieron que la puerta de la vida no es el vientre de la luna, y la sonrisa del despierto no conoce su esplendor --el de la luna. Luna tuya; luna mía.
vendredi 27 juin 2008
Recuerdo de pájaro
Hay que escribir un invento científico que madure como un sol a las cuatro de las tardes.
Hay que inventar un escrito que alumbre negramente -como la noche- las conciencias que le miran.
Hay que construir un ojo formado de letras, que observe la chispa, la brizna, el olvido instantáneo de los pájaros.
Hay que recordar siempre el olvido instantáneo de los pájaros como si fuera eso nuestra preciada memoria colectiva.
Hay que componer alabanzas al agrio sabor de los regüeldos:
y hablar de la saliva y de la savia;
del señor y del señuelo;
de las noches y los mochis;
de la intrínseca verdad y la gran seca vereda.
Hay que decir las cosas que se dicen siempre,
como si fueran poemas escritos al vacío,
a la noche o a la estrella;
y dibujar mandalas y obsesiones,
chancletas, palmas,
caminos rectos y curvos,
aguas cristalinas y brechas de polvo sumergido en charcos, ranas… y croares:
cantos,
espuma de recuerdos
y la letra ilegible de un poema que no dice mucho más que todos los poemas.
Hay que tener bien presente en la memoria
el olvido instantáneo de los pájaros.
Hay que inventar un escrito que alumbre negramente -como la noche- las conciencias que le miran.
Hay que construir un ojo formado de letras, que observe la chispa, la brizna, el olvido instantáneo de los pájaros.
Hay que recordar siempre el olvido instantáneo de los pájaros como si fuera eso nuestra preciada memoria colectiva.
Hay que componer alabanzas al agrio sabor de los regüeldos:
y hablar de la saliva y de la savia;
del señor y del señuelo;
de las noches y los mochis;
de la intrínseca verdad y la gran seca vereda.
Hay que decir las cosas que se dicen siempre,
como si fueran poemas escritos al vacío,
a la noche o a la estrella;
y dibujar mandalas y obsesiones,
chancletas, palmas,
caminos rectos y curvos,
aguas cristalinas y brechas de polvo sumergido en charcos, ranas… y croares:
cantos,
espuma de recuerdos
y la letra ilegible de un poema que no dice mucho más que todos los poemas.
Hay que tener bien presente en la memoria
el olvido instantáneo de los pájaros.
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