"Qué fuerte... ahahaha...", se ríe la compañera al teléfono. "No te puedo creer", dice mientras la batería se le recarga en el oído. "Poooobre... ¿cuántos años tiene?... Pero desde el primer mes quiere ir a terapia de pareja... ... pero es que, no puedes empezar con alguien yendo a terapia de pareja."... ... etc.
Me duele la garganta y hago lo posible por no escuchar la conversación. Pero no puedo. El estómago me pide algo, mi cabeza da vueltas en cuatro o cinco temas. Todo es tan físico, todo es tan material. Desde mi computadora emerge, despacito, una tonada que retumba. Una tonada emitida por decenas de instrumentos, desde una sola bocinita. Una tonada escrita hace ya siglos y más siglos. Y mi garganta sigue que te duela y duela. "Tic, tac", dice sin ganas el reloj, pero sin detenerse nunca. Son las tres y media, o casi. Las cosas siguen igual. Mi estómago me está pidiendo algo. La compañera sigue riéndose al teléfono. La copiadora parpadea como queriendo dormir. Los ventiladores de todos los ordenadores zumban como un enjambre de moscas. Lo único que avanza es el tiempo o mi reloj. El ordenador tenía programados saltos en la música, y después del primer movimiento de la sinfonía se me aparece delante una banda metálica y triste, que arrastra los pies sobre las avenidas, que camina y camina y gime y sigue caminando sin llegar jamás a alguna parte.
Y aquí estoy yo, con estas orejas que no paran.
jeudi 15 décembre 2011
jeudi 1 décembre 2011
Des-per-tar
Voraz. Mi voz se pone un poco de rabia por la mañana. Una voz en la cabeza. Claro. Una voz que llama dice hola. Una conversación agitada entre el pensamiento y el recuerdo. La imagen y la experiencia hacen un escándalo en el fondo de mi cráneo por un pleito de derechos. Yo escucho toda la mañana ahora de noche. Despierto, a estas horas, escucho las risitas desde el fondo de una clase, mientras califico un nuevo examen. Todo el sonido ha quedado en mí sujeto. El día con día es una voz. El calendario es un coro de carcajadas desnudas. La luna está burlándose de mí detrás de la ventana, por eso le doy la espalda.
Luego...
Hay una palabra, una palabra que me ha dado la cara. Una palabra que hoy y ayer ha venido a hacerme frente. Ese tipo de palabra que se hace como que "no dice nada y al mismo tiempo lo dice todo"... Viene y suena aquí, y me hace un desmadre fatal en la cocina de mis sentimientos, en la mesa de mis especulaciones, en el servicio de todos mis silencios... Anoche, de cama, vino a hablarme. Palabra con verbos en los labios me despierta. Tanto tiempo había dormido en mí...
Luego...
Hay una palabra, una palabra que me ha dado la cara. Una palabra que hoy y ayer ha venido a hacerme frente. Ese tipo de palabra que se hace como que "no dice nada y al mismo tiempo lo dice todo"... Viene y suena aquí, y me hace un desmadre fatal en la cocina de mis sentimientos, en la mesa de mis especulaciones, en el servicio de todos mis silencios... Anoche, de cama, vino a hablarme. Palabra con verbos en los labios me despierta. Tanto tiempo había dormido en mí...
lundi 28 novembre 2011
En la sala de espera, un poema puede convertirse en gastroenteritis
Un nombre lejano vierte en mí la nostalgia de los ojos abiertos frente al horizonte.
En mis oídos se instala un pensamiento, como el océano se repite eterno en el abismo de los caracoles.
Pienso en ti.
Escribo en un papel y pienso en la poesía.
Pienso en tu nombre y el mío y siento el fondo de mis ansiedades escurriendo por las piernas.
Miro allá, donde el sol emite su corola última para fertilizar la noche.
¿Dónde se ha metido el resto de los días?
El futuro, mirando el horizonte, parece que surgiera detrás nuestro.
En mis oídos se instala un pensamiento, como el océano se repite eterno en el abismo de los caracoles.
Pienso en ti.
Escribo en un papel y pienso en la poesía.
Pienso en tu nombre y el mío y siento el fondo de mis ansiedades escurriendo por las piernas.
Miro allá, donde el sol emite su corola última para fertilizar la noche.
¿Dónde se ha metido el resto de los días?
El futuro, mirando el horizonte, parece que surgiera detrás nuestro.
Plus loin!
Tristement, l'après midi laisse tomber la nuit devant le monde. Un hiver de plus ici. Sur le pont royal, je regarde couler "la ravageuse des eaux froides". Parmi les îles de sable, les canards essaient de chanter ensemble. Des tourbillons obligent les hérons à s'envoler. Le fond de l'air est gris, le fond de mon coeur est frais. La lune s'accroche de son ombre, là-haut, entre les nuages et le grand noir qui s'étend avec un air jouissant. Je vois des couleurs qui crient dans l'horizon. Sur mes pas, je marche, j'abandonne, je commence à m'en aller. Le jour s'achève.
dimanche 27 novembre 2011
Adborescencia
A menudo siento. La vida se me pone en pausa y siento. Mis ojos se abren grandes ante el vacío de un sentimiento que me inunda y no puedo pensar. A menudo no estoy frente a nadie porque me pongo a sentir. Y es tan peligrosa esta situación que podría simplemente desbarrancarme con el automóvil a muy baja velocidad. Ante mis cuarenta alumnos y alumnas de gramática me sucede a cada rato. Los pies no sienten mi suelo y el suelo no se interesa por mis pies. Un entumecimiento en las manos me provoca escribir un verso en la pizarra y no puedo justificar su origen, ni su utilidad para el programa de la clase. Estoy perdido. Creo que simplemente estoy enloqueciendo. Siento una necesidad, una necesidad que me exige que reaccione: como el hambre pide abrir la boca, como una erección de madrugada reclama una calurosa compañía, como mi ventana abierta guiñe un salto. Y sí, sí... necesito, necesito: Tengo la boca abierta, y la erección más desesperada inunda las cavernas con mi sangre, y he saltado y caigo y caigo feliz, y caigo...
Un enamoramiento adolescente ha desviado mis objetos. No reconozco ya mi casa. No entiendo ya la ruta de regreso. Amor, me dice el alma. Amor, me dicen los secretos de la noche. Amor, me dicen las estrellas perdidas en las nubes. Amor. Y tengo ganas de llorar al borde de los ríos; de atravesar gritando las avenidas abotagadas de metal y gente; tengo ganas de saltar feliz hacia el costado de los puentes; de tocar las puertas de la policía y declararme culpable de lo peor... quiero morder hasta arrancar... Un enamoramiento sin objeto adolesce mis desvíos. Un objeto sin enamoramiento ha desviado mi adolescente. Un adolescente sin desvíos ha objetado mi enamoramiento.
Un enamoramiento adolescente ha desviado mis objetos. No reconozco ya mi casa. No entiendo ya la ruta de regreso. Amor, me dice el alma. Amor, me dicen los secretos de la noche. Amor, me dicen las estrellas perdidas en las nubes. Amor. Y tengo ganas de llorar al borde de los ríos; de atravesar gritando las avenidas abotagadas de metal y gente; tengo ganas de saltar feliz hacia el costado de los puentes; de tocar las puertas de la policía y declararme culpable de lo peor... quiero morder hasta arrancar... Un enamoramiento sin objeto adolesce mis desvíos. Un objeto sin enamoramiento ha desviado mi adolescente. Un adolescente sin desvíos ha objetado mi enamoramiento.
mardi 22 novembre 2011
samedi 29 octobre 2011
lecho celeste
........en este fondo que soy los sedimentos alzan de nuevo sus turbios escarlatas.... hay corrientes aquí, corrientes que me llevan a donde yo no quise ir... adonde está el amor, esperando en una de esas partes por donde camino a fuerza... adonde está el amor y un sentimiento de palmas y de manos... el amor por unos labios que confirman en silencio dónde están los míos... el amor por un secreto... por un secreto diurno, por la sombra, por ese "no sé mañana pero ahora estamos ya, vamos, anda, dime que sí, que estamos aquí"... y está este tiempo... está... y la distancia de un mundo que ya no siento vivir... y está la muerte también, que me hace ronda con dulzura, y canta mi memoria y una voz de ayer que no sé de dónde viene... y están las ganas de partir en este instante... las ganas de lanzarme por una ventana rumbo a cualquier lecho celeste, y allá recomenzar.............
jeudi 13 octobre 2011
Digamos mar, entonces
A veces la marea nos lleva lejos, nos aparta de la tierra para arrojarnos al misterio.
Hay aguas que no son dulces, y hay ríos que no dibujan deltas sobre la sal.
Cuando el viento y la corriente no hacen juntos el camino, los pasos de la rivera pueden perder dirección, pero nunca su destino.
Bajo el susurro de los puentes, el mar y la muerte son un solo sueño.
Hay aguas que no son dulces, y hay ríos que no dibujan deltas sobre la sal.
Cuando el viento y la corriente no hacen juntos el camino, los pasos de la rivera pueden perder dirección, pero nunca su destino.
Bajo el susurro de los puentes, el mar y la muerte son un solo sueño.
vendredi 30 septembre 2011
L'evolución
Hace mucho, pero mucho tiempo, las personas solo se calentaban con el sol. Las medias no existían, y las chamarras menos. Antes de inventar los abrigos de piel, por las noches, los antiguos humanos tenían que buscar refugio en los rincones oscuros de las cuevas. Así, los ancestros de nuestros ancestros obtenían un riquísimo calor, acercándose los unos a los otros; solo estando cerca, muy cerca, cada vez más cerca, pudieron sobrevivir a los inviernos. Ahí, abrazados, en el centro de la oscuridad, los no tan ricos olores humanos dieron origen a la invención de los perfumes.

Poco a poco, aquellos anticuados trogloditas se fueron modernizando y transformando, descubrieron el fuego y más tarde la calefacción a base de resinas, carbón, petróleo, alcohol o gas. Todo muy bien, todo en regla. Sin embargo, en nuestra actualidad, los humanos que ahora somos todavía no hemos dejado de utilizar perfumes para esconder los aromas que nos separan los unos de los otros.

Poco a poco, aquellos anticuados trogloditas se fueron modernizando y transformando, descubrieron el fuego y más tarde la calefacción a base de resinas, carbón, petróleo, alcohol o gas. Todo muy bien, todo en regla. Sin embargo, en nuestra actualidad, los humanos que ahora somos todavía no hemos dejado de utilizar perfumes para esconder los aromas que nos separan los unos de los otros.
mercredi 7 septembre 2011
Tac, tac, tac, tac...
Anoche, al salir de un examen médico que tuve que pasar por cuestiones de trabajo, me di cuenta que llevaba algunas horas con un dolorcito de cabeza que se estaba acrecentando a cada palpitar de mi corazón, o así me lo parecía. Bum, bum, bum... Creí que tenía hambre, pues a veces me sucede que cuando no tengo tiempo para comer en la mañana como es debido, cualquier cosa que coma a mediodía no es suficiente, y en el transcurso de la tarde (o el apré midí, como dicen los franchutes) es mi cabeza quien termina resintiendo un malestar. Pero ayer ya casi eran las ocho de la noche, y según yo, la comida del mediodía no había estado del todo mal. Como sea, llegué a casa y puse a hervir agua en una cacerola, para preparar un espagueti. Pero el bum bum bum de la cabeza ya no me dejó ser coherente con los ingredientes, y mi espagueti resultó una cochinada que no me pude comer. Para entonces mi cuello no sabía que hacer... si sostenía mi cabeza, el resto del cuerpo perdía toda fortaleza... si se ocupaba entonces de sostener el cuerpo, mi cabeza caía hacia un lado u otro sin poder mirar al frente, donde estaba abierto el manual de la Nueva gramática de la lengua española. Busqué pastillas, pero no hallé. Como pude, acomodé el colchón y me estiré. Cualquier lectura en cama era impensable; apagué la luz y desaparecí en lo oscuro de unos pensamientos que volaban como aullidos en la noche. De repente sonó mi celular, que sin darme cuenta lo había colocado sobre mi pecho. Vibraba. Era ella. Lloriqueando, como si estuviera muriéndome, le conté mi día, y ella, con su voz cansada de la semana, me resumió el suyo en pocas frases. Luego, adiós y buenas noches. En el fondo de la habitación me dediqué a respirar. Mis sueños, multitud; como risas alrededor de un enfermo. Dormí mucho, me pareció; dormí mucho, pero mucho tiempo.
Hoy desperté a las seis cuarenta y tantos, a las siete cuarenta y tantos y a las ocho cincuenta y tantos de la mañana. Un libro no me dejaba leer la última cifra de la hora. Me levanté, me bañé, me preparé un desayuno. Desde hace unas horas hurgo en mi ordenador, busco en internet, hojeo algunos libros que tengo aquí a la mano; extrayendo textos, preparando discursos, elaborando actividades. Juego mi rol de maestro responsable. El tic, tac, tac, tac, tac no se escucha aquí, en este lugar, porque todos mis relojes son digitales. Eso es un peligro, porque uno nunca sabe cómo diablos hace el tiempo para escurrirse bajo las pestañas de quien cree controlarlo todo. Creo que el tic, tac, tac, es un marcapasos efectivo para el corazón de los ocupados.
Y ya.
vendredi 1 juillet 2011
Abismo y yo
Las cosas son como son. Yo no hice nada para ser. Tú tampoco. Nuestra madre tampoco. Simplemente estamos aquí, en el mundo, viviendo el mundo, contando el tiempo y tratando de estar bien en periodos cada vez más largos. Aunque a veces nos conformemos con poquito.
La huella que dejamos en los demás, es en realidad lo que los demás deciden tomar de nosotros; a veces sólo toman lo que les gusta (como el niño del juego), a veces toman lo que necesitan (como el feo de la belleza), a veces simplemente se defienden de lo que detestan (como el moralista del rebelde). A esa huella la llamamos "recuerdo", "concepto", "imagen". Lo mismo pasa con el amor. Amamos de los demás lo que deseamos para nosotros. Nos gusta sentir a través de los demás, pero lo que sentimos jamás emerge de nosotros si no es por palabras, por caricias, por contactos. Pero las palabras, las caricias, los contactos, son una simulación, un intento de expresión de lo que sentimos. Porque cuando nos sentimos de tal o cual manera, estamos siempre solos, Mi sentimiento y Yo. Amor y Yo. Tristeza y Yo. Alegría y Yo. Soledad y Yo. Abismo y Yo. Etc, etc, etc, ad infinitum.
Sin embargo, solos no podríamos existir. Es la tensión entre la soledad y la compañía que la identidad se genera; es a través de la identidad y de su aparente desarrollo en las relaciones con los demás, que tenemos un sentimiento de existencia, que existimos. Pero al mismo tiempo el aliento de vida, la única prueba de verdad, es la palabra; nuestra palabra. Lo que los otros dicen sobre nosotros, es una ilusión, un espejismo de lo que nosotros mismos hemos dicho. Es nuestra voz que existe; y el cuerpo es su caja de resonancia. Es nuestra palabra que se extiende en el espacio y el tiempo. Nuestros sentimientos sólo van a nuestro abismo. Nuestros recuerdos sólo van, poco a poco, rumbo a la oscuridad de nuestro propio olvido. Y ahí, en medio de lo oscuro, está la muerte. La nuestra. La preciosa muerte.
La huella que dejamos en los demás, es en realidad lo que los demás deciden tomar de nosotros; a veces sólo toman lo que les gusta (como el niño del juego), a veces toman lo que necesitan (como el feo de la belleza), a veces simplemente se defienden de lo que detestan (como el moralista del rebelde). A esa huella la llamamos "recuerdo", "concepto", "imagen". Lo mismo pasa con el amor. Amamos de los demás lo que deseamos para nosotros. Nos gusta sentir a través de los demás, pero lo que sentimos jamás emerge de nosotros si no es por palabras, por caricias, por contactos. Pero las palabras, las caricias, los contactos, son una simulación, un intento de expresión de lo que sentimos. Porque cuando nos sentimos de tal o cual manera, estamos siempre solos, Mi sentimiento y Yo. Amor y Yo. Tristeza y Yo. Alegría y Yo. Soledad y Yo. Abismo y Yo. Etc, etc, etc, ad infinitum.
Sin embargo, solos no podríamos existir. Es la tensión entre la soledad y la compañía que la identidad se genera; es a través de la identidad y de su aparente desarrollo en las relaciones con los demás, que tenemos un sentimiento de existencia, que existimos. Pero al mismo tiempo el aliento de vida, la única prueba de verdad, es la palabra; nuestra palabra. Lo que los otros dicen sobre nosotros, es una ilusión, un espejismo de lo que nosotros mismos hemos dicho. Es nuestra voz que existe; y el cuerpo es su caja de resonancia. Es nuestra palabra que se extiende en el espacio y el tiempo. Nuestros sentimientos sólo van a nuestro abismo. Nuestros recuerdos sólo van, poco a poco, rumbo a la oscuridad de nuestro propio olvido. Y ahí, en medio de lo oscuro, está la muerte. La nuestra. La preciosa muerte.
jeudi 16 juin 2011
La muerte estrena guadaña

Onomatopeya del horror
JSH
“Si descubro al culpable de tanto desastre… lo va a lamentar…”
(En “Yo soñé con aviones”, SRD)
I
Arde un automóvil en el fondo de una calle; a la mitad de lo oscuro, el fantasma de don Gregorio Torres Quintero grita “¡Aaah!”, como una quemadura. El fuego se levanta, haciendo visible la catástrofe, evidenciando el crimen a la lente, al ojo de quienes detentan la justicia. Los guardias de la inteligencia dicen “¿Eeeh?”, detrás de sus pantallas, como quien nada entiende. Una lección nocturna está por ser dictada; una lección primaria ha de ser aprendida. Momentos más tarde el camión de los bomberos sale de su hangar y ulula “¡Iiih!”, con el chillar de una sirena que sufre de calor bestial. Es el momento del chorro contra la llama; es la hora de la espuma contra el humo; es la hora de los periodistas y el “ring ring”, y el “qué pasó”; es la hora de un fondo estrellado y un murmullo de satélites allá en lo alto. En el automóvil aún ardiendo, un cuerpo carbonizado dice “Ohhh” como un último suspiro, en medio del vapor y el combustible. Los detectives traen sus cámaras fotográficas, toman medidas, recuperan pistas, hurgan con la mirada, y cuando alguien les pregunta si tienen la noción de lo que pueda haber detrás de este homicidio, responden “Uuuuh”, como quien piensa “Pobre ingenuo”. Una lección primaria acaba de dictarse; a finales de mayo hemos aprendido las vocales de nuestro abecedario del crimen.
Hace días, ya pisando la mitad de junio, los maestros del horror quisieron revisarnos el dictado. Un Domingo Savio fue testigo de la necedad con que los policías repitieron una a una las partes de la lección mal aprendida. Esta vez fueron dos cuerpos y una camioneta con reporte de robo quienes sirvieron de banquete al fuego que borra toda huella. Esperemos que para la próxima clase, sea la justicia y la pericia previa quienes nos pasen lista. Esperemos que pronto se den cuenta –nuestros detentores de la ley—que son ellos los calificados.
II
Parece que los detectives andan tras la huella de un criminal innovador y pedagogo. Quizá se trate de una nueva cabecita de maniobras, con ideas diferentes y métodos espectaculares; para enseñarle al enemigo quién es el que manda aquí. Quizá una nueva marioneta para este guiñol sangriento en que se ha convertido nuestro estado.
Pero es fácil sacar sus conclusiones detrás de la barrera de toriles. Es fácil suponer que hay alguien pretendiendo ocultar sus fechorías tras las llamas; que al quedar las víctimas irreconocibles pueden hacerse pasar por fulanitos y perenganitos desaparecidos, mientras las averiguaciones previas dan lugar a presunciones perennes.
En todo caso pidamos al cielo lindo que los detectives tengan una huella que seguir. Y a la Inteligencia que no le esté poniendo trabas al asunto para hallar al responsable. Pidamos al Fuego que ha abrasado nuestras noches vuelva a ser sólo una pesadilla y no se convierta nunca en vehículo para la impunidad de cada día. Pidámosle a nuestro Angelito de la Guarda que cambie su espada por un refulgente cuerno de chivo.
mardi 7 juin 2011
Salir de pobres
Viaje en órbita
Mundo maniquí, maniqueo
Se ve que en este mundo, los que vivimos aquí no queremos salir de pobres, ni jodidos. Y un día habremos de tener razón. Y no lo digo por ti, o por usted nomás, sino por todos. Los que buscan trabajo “de lo que sea”, a todo le encuentran un pretexto para abandonarlo, y los inteligentes arrebatan. Los que tienen un buen corazón y espíritu solidario ofrecen su ayuda voluntariamente para resolver problemas de urgencia, mientras los inteligentes arrebatan.
En el mundo existen dos grupos de personas: los inteligentes y los pobres. Los primeros, gracias a su inteligencia y a su “mentalidad” del éxito, se ganan las becas más prestigiosas, salen de sus cascarones y vuelan a las universidades del norte, para hacer sus doctorados de economía en lugar de biología, de administración en lugar de historia, de comercio en lugar de literatura, de robótica en lugar de bioética, etc., etc., etc. Los segundos, a causa de su pobreza y la “normalidad” del fracaso, raras veces merecen una beca no muy prestigiosa sino más bien alimentaria que les adorna el comedor una vez al mes; lo que los pobres siempre ganan es la confianza de los inteligentes, quienes los dejan entrar en sus casas para que las limpien, y luego hasta les pagan un sueldecito para que se compren una despensita en la misma tienda del patrón. Aunque con menos frecuencia que los inteligentes, los pobres también llegan hacer sus doctorados, pero en humanidades, o en agricultura, en turismo, o en ley (para defender lo que aún les queda), todo eso en lugar de la dinerología, el empresariazgo, la explotación y la guerra, profesiones propias para inteligentes.
En el mundo –aunque los pobres son mayoría— son los inteligentes quienes gobiernan y organizan a la sociedad. Sí. Sí. Los inteligentes diputados y el gobernador inteligente. Los presidentes y los emperadores inteligentes. Los dueños, los empresarios, los productores, los directores, los de arriba, todos los inteligentes. Y parece que los pobres están contentos con ello. Aplauden a los políticos inteligentes, cantan canciones de los artistas inteligentes, se visten con ropa de diseñadores inteligentes y hasta comen hamburguesas. Y cuando algunos pobres (desorientados) quieren pasarse de listos con sus manifestaciones, perturbando el orden de este lindo y productivo sistema, no hay nada de que preocuparse, porque siempre habrá otros pobres –más bien jodidos—, vestidos de azul y cubiertos de plástico, armados de una cachiporra y pistoletas; un enorme cuerpo de pobres encasquetados, con camuflaje en el alma y el rostro cubierto de vergüenza; un montón de jodidos como tú y como aquel de allá, que vendrán en bola para ponerse enfrente, y no dudarán en romper piernas y hocicos de los pobres pasados de listos para que todo quede igual, para que nada cambie.
Siempre habrá un inteligente que apriete el botón rojo, y un pobre que aviente la bomba. Siempre habrá un inteligente que invente un nuevo aparatito, y un pobre que sueñe con tenerlo. Siempre habrá un inteligente que dirija una gran empresa, y un pobre que trabaje en ella. Siempre habrá un inteligente que diga una gran mentira, y un pobre que se la trague entera. Siempre, siempre, siempre.
El día que los jodidos dejen de cortar cabezas de los pobres y miren con deseo las gargantas lavadas de los inteligentes, ese día por fin daremos gracias porque nunca salimos de pobres. Ese día la razón estará de nuestro lado, y ay de quien quiera hacerse el inteligente.
Mundo maniquí, maniqueo
Se ve que en este mundo, los que vivimos aquí no queremos salir de pobres, ni jodidos. Y un día habremos de tener razón. Y no lo digo por ti, o por usted nomás, sino por todos. Los que buscan trabajo “de lo que sea”, a todo le encuentran un pretexto para abandonarlo, y los inteligentes arrebatan. Los que tienen un buen corazón y espíritu solidario ofrecen su ayuda voluntariamente para resolver problemas de urgencia, mientras los inteligentes arrebatan.
En el mundo existen dos grupos de personas: los inteligentes y los pobres. Los primeros, gracias a su inteligencia y a su “mentalidad” del éxito, se ganan las becas más prestigiosas, salen de sus cascarones y vuelan a las universidades del norte, para hacer sus doctorados de economía en lugar de biología, de administración en lugar de historia, de comercio en lugar de literatura, de robótica en lugar de bioética, etc., etc., etc. Los segundos, a causa de su pobreza y la “normalidad” del fracaso, raras veces merecen una beca no muy prestigiosa sino más bien alimentaria que les adorna el comedor una vez al mes; lo que los pobres siempre ganan es la confianza de los inteligentes, quienes los dejan entrar en sus casas para que las limpien, y luego hasta les pagan un sueldecito para que se compren una despensita en la misma tienda del patrón. Aunque con menos frecuencia que los inteligentes, los pobres también llegan hacer sus doctorados, pero en humanidades, o en agricultura, en turismo, o en ley (para defender lo que aún les queda), todo eso en lugar de la dinerología, el empresariazgo, la explotación y la guerra, profesiones propias para inteligentes.
En el mundo –aunque los pobres son mayoría— son los inteligentes quienes gobiernan y organizan a la sociedad. Sí. Sí. Los inteligentes diputados y el gobernador inteligente. Los presidentes y los emperadores inteligentes. Los dueños, los empresarios, los productores, los directores, los de arriba, todos los inteligentes. Y parece que los pobres están contentos con ello. Aplauden a los políticos inteligentes, cantan canciones de los artistas inteligentes, se visten con ropa de diseñadores inteligentes y hasta comen hamburguesas. Y cuando algunos pobres (desorientados) quieren pasarse de listos con sus manifestaciones, perturbando el orden de este lindo y productivo sistema, no hay nada de que preocuparse, porque siempre habrá otros pobres –más bien jodidos—, vestidos de azul y cubiertos de plástico, armados de una cachiporra y pistoletas; un enorme cuerpo de pobres encasquetados, con camuflaje en el alma y el rostro cubierto de vergüenza; un montón de jodidos como tú y como aquel de allá, que vendrán en bola para ponerse enfrente, y no dudarán en romper piernas y hocicos de los pobres pasados de listos para que todo quede igual, para que nada cambie.
Siempre habrá un inteligente que apriete el botón rojo, y un pobre que aviente la bomba. Siempre habrá un inteligente que invente un nuevo aparatito, y un pobre que sueñe con tenerlo. Siempre habrá un inteligente que dirija una gran empresa, y un pobre que trabaje en ella. Siempre habrá un inteligente que diga una gran mentira, y un pobre que se la trague entera. Siempre, siempre, siempre.
El día que los jodidos dejen de cortar cabezas de los pobres y miren con deseo las gargantas lavadas de los inteligentes, ese día por fin daremos gracias porque nunca salimos de pobres. Ese día la razón estará de nuestro lado, y ay de quien quiera hacerse el inteligente.
mardi 24 mai 2011
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
... quiero cantar... pero cantemos juntos...
... quiero cambiar... pero cambiemos juntos...
... quiero crecer... pero crezcamos juntos...
... quiero vivir... pero vivamos juntos...
... quiero levantarme... mas levantémonos juntos...
... quiero gritar... pero gritemos juntos...
... quiero conspirar, planear, hacer, actuar, alzar mis armas contra el dios ignominioso de este mundo... pero conspiremos, planeemos, hagamos, actuemos, alcemos nuestras armas contra el dios ignominioso de este mundo, juntos...
... quiero explotar... pero explotemos juntos...
...porque...
... quiero la libertad... pero la libertad juntos...
... quiero la justicia... pero la justicia juntos...
... quiero tranquilidad... pero tranquilidad juntos...
... quiero todo, todo, todo... pero todo, todo, todo juntos...
... quiero siempre... pero siempre juntos...
... quiero cambiar... pero cambiemos juntos...
... quiero crecer... pero crezcamos juntos...
... quiero vivir... pero vivamos juntos...
... quiero levantarme... mas levantémonos juntos...
... quiero gritar... pero gritemos juntos...
... quiero conspirar, planear, hacer, actuar, alzar mis armas contra el dios ignominioso de este mundo... pero conspiremos, planeemos, hagamos, actuemos, alcemos nuestras armas contra el dios ignominioso de este mundo, juntos...
... quiero explotar... pero explotemos juntos...
...porque...
... quiero la libertad... pero la libertad juntos...
... quiero la justicia... pero la justicia juntos...
... quiero tranquilidad... pero tranquilidad juntos...
... quiero todo, todo, todo... pero todo, todo, todo juntos...
... quiero siempre... pero siempre juntos...
Del escarnio venimos, y al escarnio dirigimos...
Viaje en órbita
El escarnio del mundo…
Ay, señor, dijo la mucamita,
lo que usted dice no es novedad…
porque lo mismo cuando me vieron
todos sus amigos me lo dijeron…
“La mucamita”, Nacha Guevara
La noticia ha sido ya por todos masticada. Es más, el escenario ha sido ya por muchos recreado. Y podría decirse que también la historia ha ya sido vista en muchas partes (antes, durante y después). La mucama de hotel que llega justo en el momento en que el señor está saliendo de la ducha. El señor que va saliendo desnudo de la ducha en el momento en que ella entra. La puerta que hace clac. Los zapatos oscuros y brillantes del señor a un lado del sofá. La mucama de hotel que husmea, que coge lo que no es suyo y lo cambia de lugar para seguir husmeando. El señor desnudo que descubre no estar solo, que hay alguien del otro lado de la pieza, cogiendo lo que no le pertenece. El deseo de coger lo que no es suyo, la ducha aún caliente, la mucama en la habitación de hotel. Ah, las grandes y altas suites de la ciudad de Nueva York. ¡Cuántas veces habrase imaginado una escena como esta la señorita mucama del hotel! ¡Cuántas veces al señor se le habrá venido la sangre y luego ido por los rincones del cuerpo, imaginando lo que haría en un momento así! ¿Por qué pues no habría de hacerse realidad la acariciada fantasía, sin tenerla que pagar? El caso es muy delicado. La mucama del hotel ni siquiera estaba al tanto de quién era ese señor que intentaba felarla como en un filme pornográfico. Y el señor no tenía idea que estaba destruyendo su brillante carrera por un desenfrenado arranque de erotismo al estilo americano.
Esta semana se ha escupido tinta de todos los colores sobre la deshonra de Dominique Strauss-Khan. Socialista francés con un capital familiar superior a los cincuenta millones de euros. Socialista y francés. Presidente del Fondo Monetario Internacional hasta hace pocos días. Y favorito para las elecciones presidenciales de Francia (2012), antes de ese día en que la ducha lo tirara desnudo a un circo que se convirtió en juzgado americano. ¡Cuánto se ha dicho y cuánto se habrá de seguir diciendo! Las secuelas de este affaire tienden sus tentáculos en todos los ámbitos; y toda la sociedad del mundo se siente con derecho a pronunciarse… y está bien. Pero hay un matiz escurridizo en el asunto: Se está tratando con ojos de Moral lo que debiera tomarse con Sabiduría. Esta moral que de repente se siente ultrajada por sus propios defensores, es la verdadera protagonista. El escándalo (su fiscal de oficio) quiere, exige y se regocija con revelar la debilidad más ruin de un altísimo funcionario público (¿?) internacional. Y de la misma forma que los mitos griegos se jactaron tanto de enseñar las banalidades del Olimpo, las noticias de leyenda se las ingenian para que la farándula engruese sus filas de anti-héroes. La imagen de aquel hombre que en los noticieros franceses de la noche se remitiera a su limpieza y a su honestidad frente a cualquier opositor político, ahora volvía a pasar en la televisión, atado de manos como un delincuente. ¿Pero puede decirse que una persona con la reputación del señor DSK puede llegar a ser un delincuente? Claro que no.
Súbitamente las sociedades de información francesas hicieron conciencia y acataron una consigna de la ley que prohíbe la transmisión de imágenes que muestren el arresto de personas antes de haber sido declaradas culpables en un juicio. “La atadura de manos denigra la dignidad y la reputación de los individuos inocentes”. Muy oportuno el reclamo, ahora que el sujeto en cuestión resultó ser una especie de diosecillo que sostenía su rayo desde una celda. Justo en el momento en que penetraba un nuevo pasaje sombrío de la historia, la prensa sintió miedo de su oficio. Vaya. Pero parece que el señor Strauss-Khan ya tenía bastantes antecedentes de acoso sexual a funcionarias, sobrinas de funcionarias, secretarias de sobrinas de funcionarias, etc.; y no solo eso, sino que ciertos intentos de violación habían sido callados por la prensa; callados por la prensa; callados por la prensa hace no muchos años, según eso para proteger la vida íntima de uno de los personajes con más influencia sobre el auditorio económico internacional, y la reputación de las víctimas. La sociedad de información francesa había estado acunando a una fiera. ¿Pero qué no todos somos fieras? El problema aquí es que no todos somos fieras socialistas millonarias.
La noticia había que darla, pues era ya un escándalo en el mundo. Entonces todos los franceses tuvieron que enterarse de algo que no querían escuchar, por miedo a reconocerse; por temor de la verdad. Y sin embargo, en esta historia poco a poco se han ido desplazando los temas. De la felación, a la liberación condicional y al departamento neoyorquino del pobre DSK, que dice haber vivido una pesadilla. Ahora se habla de quién podrá sustituir en el FMI el cargo de Señor Desnudo. ¿Quién habrá de meterse a la ducha? El agua está caliente. Y entre la lista vemos nombres que canalizarán de nuevo todo el escarnio del mundo.
El escarnio del mundo…
Ay, señor, dijo la mucamita,
lo que usted dice no es novedad…
porque lo mismo cuando me vieron
todos sus amigos me lo dijeron…
“La mucamita”, Nacha Guevara
La noticia ha sido ya por todos masticada. Es más, el escenario ha sido ya por muchos recreado. Y podría decirse que también la historia ha ya sido vista en muchas partes (antes, durante y después). La mucama de hotel que llega justo en el momento en que el señor está saliendo de la ducha. El señor que va saliendo desnudo de la ducha en el momento en que ella entra. La puerta que hace clac. Los zapatos oscuros y brillantes del señor a un lado del sofá. La mucama de hotel que husmea, que coge lo que no es suyo y lo cambia de lugar para seguir husmeando. El señor desnudo que descubre no estar solo, que hay alguien del otro lado de la pieza, cogiendo lo que no le pertenece. El deseo de coger lo que no es suyo, la ducha aún caliente, la mucama en la habitación de hotel. Ah, las grandes y altas suites de la ciudad de Nueva York. ¡Cuántas veces habrase imaginado una escena como esta la señorita mucama del hotel! ¡Cuántas veces al señor se le habrá venido la sangre y luego ido por los rincones del cuerpo, imaginando lo que haría en un momento así! ¿Por qué pues no habría de hacerse realidad la acariciada fantasía, sin tenerla que pagar? El caso es muy delicado. La mucama del hotel ni siquiera estaba al tanto de quién era ese señor que intentaba felarla como en un filme pornográfico. Y el señor no tenía idea que estaba destruyendo su brillante carrera por un desenfrenado arranque de erotismo al estilo americano.
Esta semana se ha escupido tinta de todos los colores sobre la deshonra de Dominique Strauss-Khan. Socialista francés con un capital familiar superior a los cincuenta millones de euros. Socialista y francés. Presidente del Fondo Monetario Internacional hasta hace pocos días. Y favorito para las elecciones presidenciales de Francia (2012), antes de ese día en que la ducha lo tirara desnudo a un circo que se convirtió en juzgado americano. ¡Cuánto se ha dicho y cuánto se habrá de seguir diciendo! Las secuelas de este affaire tienden sus tentáculos en todos los ámbitos; y toda la sociedad del mundo se siente con derecho a pronunciarse… y está bien. Pero hay un matiz escurridizo en el asunto: Se está tratando con ojos de Moral lo que debiera tomarse con Sabiduría. Esta moral que de repente se siente ultrajada por sus propios defensores, es la verdadera protagonista. El escándalo (su fiscal de oficio) quiere, exige y se regocija con revelar la debilidad más ruin de un altísimo funcionario público (¿?) internacional. Y de la misma forma que los mitos griegos se jactaron tanto de enseñar las banalidades del Olimpo, las noticias de leyenda se las ingenian para que la farándula engruese sus filas de anti-héroes. La imagen de aquel hombre que en los noticieros franceses de la noche se remitiera a su limpieza y a su honestidad frente a cualquier opositor político, ahora volvía a pasar en la televisión, atado de manos como un delincuente. ¿Pero puede decirse que una persona con la reputación del señor DSK puede llegar a ser un delincuente? Claro que no.
Súbitamente las sociedades de información francesas hicieron conciencia y acataron una consigna de la ley que prohíbe la transmisión de imágenes que muestren el arresto de personas antes de haber sido declaradas culpables en un juicio. “La atadura de manos denigra la dignidad y la reputación de los individuos inocentes”. Muy oportuno el reclamo, ahora que el sujeto en cuestión resultó ser una especie de diosecillo que sostenía su rayo desde una celda. Justo en el momento en que penetraba un nuevo pasaje sombrío de la historia, la prensa sintió miedo de su oficio. Vaya. Pero parece que el señor Strauss-Khan ya tenía bastantes antecedentes de acoso sexual a funcionarias, sobrinas de funcionarias, secretarias de sobrinas de funcionarias, etc.; y no solo eso, sino que ciertos intentos de violación habían sido callados por la prensa; callados por la prensa; callados por la prensa hace no muchos años, según eso para proteger la vida íntima de uno de los personajes con más influencia sobre el auditorio económico internacional, y la reputación de las víctimas. La sociedad de información francesa había estado acunando a una fiera. ¿Pero qué no todos somos fieras? El problema aquí es que no todos somos fieras socialistas millonarias.
La noticia había que darla, pues era ya un escándalo en el mundo. Entonces todos los franceses tuvieron que enterarse de algo que no querían escuchar, por miedo a reconocerse; por temor de la verdad. Y sin embargo, en esta historia poco a poco se han ido desplazando los temas. De la felación, a la liberación condicional y al departamento neoyorquino del pobre DSK, que dice haber vivido una pesadilla. Ahora se habla de quién podrá sustituir en el FMI el cargo de Señor Desnudo. ¿Quién habrá de meterse a la ducha? El agua está caliente. Y entre la lista vemos nombres que canalizarán de nuevo todo el escarnio del mundo.
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