tiennent la jambe
lundi 22 janvier 2024
jeudi 4 novembre 2021
Cabina telefónica
-Cero y cero?
-Treintaitrés.
-Seis y cinco?
-Dos.
-Y cero?
-Dos.
-Cinco y seis?
-Cinco.
-Y siete?
-...
-...
-...
-Allô?
-Treintaitrés.
-Seis y cinco?
-Dos.
-Y cero?
-Dos.
-Cinco y seis?
-Cinco.
-Y siete?
-...
-...
-...
-Allô?
mardi 2 novembre 2021
samedi 30 octobre 2021
dimanche 10 juin 2018
De ver llover y otras cuestiones
¿Quién puede ver llover en medio de la lluvia?
¿Qué de esa maravilla que es el trueno,
queda en nuestra memoria como luz,
no como espanto?
¿Cuánto de la humedad precipitada
provoca en el espíritu eclosiones
de yerba y de futuro?
¿Cuánto de todo el mar que de esas nubes
se echa modesto en tierra
volverá lentamente hasta los peces?
¿Qué de los cuerpos temerosos
huyendo del resfrío
ganarán el calor y el buen sillón reseco?
Mientras la lluvia llueva,
convirtiendo en azogue la lisura del suelo
de todas las ciudades,
fértiles en reflejos, luces, vitrinas y ventanas:
¿Quién podrá ver llover en medio de la lluvia?
¿Qué de esa maravilla que es el trueno,
queda en nuestra memoria como luz,
no como espanto?
¿Cuánto de la humedad precipitada
provoca en el espíritu eclosiones
de yerba y de futuro?
¿Cuánto de todo el mar que de esas nubes
se echa modesto en tierra
volverá lentamente hasta los peces?
¿Qué de los cuerpos temerosos
huyendo del resfrío
ganarán el calor y el buen sillón reseco?
Mientras la lluvia llueva,
convirtiendo en azogue la lisura del suelo
de todas las ciudades,
fértiles en reflejos, luces, vitrinas y ventanas:
¿Quién podrá ver llover en medio de la lluvia?
dimanche 6 août 2017
Para Víctor Manuel Cárdenas Morales (el poeta)
Te has ido al cielo de los poetas.
La última vez que cruzamos palabra, recibiste manatíes apoteóticos de madrugada.
Manatíes que vistos desde el fondo de las aguas parecían flotar,
mientras el sol a sus espaldas les daba el esplendor de los santos, los ángeles, las vírgenes, las naves espaciales.
Manatíes en tu celular, a las dos de la mañana.
Soy un inconsciente.
Pero ayer tuve noticias tuyas.
Estabas en el limbo de las musas.
Amado mío. Amigo.
No dije entonces más palabra, ni diré tanto ahora.
Esta distancia que me separó de ti durante estos años es inútil por fin para mi infelicidad.
"No hay más distancias. Nuestro amigo se expandió", dice tu emisaria, la portadora de estas blandas albricias disfrazadas de tu entierro.
Y por supuesto que me queda la frustración de seguir viviendo, lo sé, lo sabes, lo sabemos.
Y las ganas de romper con todo, incluso con la falta de aspiración, de inspiración, de expiración, espiración, respiración y pasar de inmediato a la acción.
Pero me voy contigo, si me llevas.
Aunque seguro no. Que no me llevarás. Ligera tu alma.
La imagino ascendiendo al mediodía y no me cuesta trabajo creer que así es verdad.
Si te digo que te voy a extrañar, ¿qué? Para verte tan seguido como vienen los obispos. Para invitarte a desayunar, a tomar algo y llegar tarde. Para sorprenderte con que aquí estoy. Con que nos vemos. Con que el tiempo solo pasa cuando lo vemos pasar. Y que si no sentimos el tiempo pasar, pues no ha pasado nada. Y sin embargo, en ese no pasar del tiempo estábamos nosotros frente a frente, como si fuésemos a reventar de risa, como si fuésemos a reventar.
¿La última vez?
Mañana.
Alguno de los dos llegará tarde.
Dame noticias pronto.

dimanche 5 février 2017
Que me entierren hondo: Elogio pesimista a una generación
La
humanidad ya no es lo que era. (Ese ideal de trascendencia animal.) La noción
de globo nos ha convertido en un amasijo fragmentario de personas habitando
este planeta en este tiempo, en esta dimensión. Amasijo fragmentario de
personas. Sí.
Los
mamíferos que ahora leemos; los que consultamos la web, somos solo una parte de
la humanidad; nunca seremos la humanidad entera. Y, sin embargo, aun
conscientes de ello, actuamos –a veces—como si el universo hubiese dado un
salto atrás del modelo copernicano, y fuésemos una bola de espejos en el centro
de una discoteca cósmica, alrededor de la cual las estrellas bailaran
desenfrenadamente.
En
realidad, al Siglo XXI hemos entrado sin una idea práctica de cuántos éramos,
ni de dónde veníamos. (¿Quiénes somos? Eso nunca lo sabremos.) Y aunque
internet nos sirva para obtener cualquier información (por más recóndita), nunca
veremos más allá de nuestras narices.
Integramos
una generación denominada occidentalmente como Millennial. Encarnamos la desorientación, el borreguismo (SÍ), la
desinformación, y otras queeriosidades. Triunfantes, aquel éxito tan añorado en
el Siglo XX, lo remplazamos fácilmente convirtiendo cualquier contenido
multimedia en un asunto “viral” de conversación colectiva –lo que sea que esto
signifique, tomando en cuenta
sesgadamente que la etimología de virus
apunta a la toxicidad y no al contagio—.
Nada
somos. Pobres citadinos, atados a nuestros aparatejos que nos conectan con el mundo. Nada somos consultando
la aplicación del tiempo meteorológico, junto a un rural que conoce el clima por
sus nubes. Un jovencito indígena se zambulle en el mar para sacar su almuerzo y
nosotros compartimos fotos de nuestro desayuno en Las Adas, Manzanillo (sic).
No
tenemos males profundos, al menos no nos damos cuenta de nuestros verdaderos
males. El hambre para nosotros es un fenómeno pasajero… Podemos, claro, señalar
el Hambre. Y cambiar nuestro estado
chistoso por uno altruista. Tenemos acceso a la imagen de los hambrientos, y
mirar sus imágenes –y hacerlas mirar a los demás—nos hace sentir tranquilos, más…
humanitarios. Aunque luego las fotos de food
porn no sosieguen nuestra propia hambre, y tengamos que levantarnos para
abrir el refrigerador y comer algo. Prueba de que sí somos capaces de acción.
Firmamos
peticiones, pero no tenemos ninguna noción sobre el derecho internacional, ni
penal, ni civil, ni animal, etc. Apenas conocemos la existencia de los derechos
humanos, ah, pero los defendemos a capa y
espada* porque humanos [*arcaísmo]. Somos capaces de radicalizaciones
momentáneas a raíz de la lectura de un encabezado dudoso. Hacemos llamaradas en
el pajar de los movimientos sociales. Sentimos la rebeldía como se siente la
adrenalina, durante un breve, pero suficiente instante. Ni muy muy, ni tan tan.
Nos sumamos fácilmente a cualquier causa, porque pertenecemos a una masa
dispersa y sin cauce. Nos reunimos por millares una y otra vez… pero en cada
ocasión con un hashtag distinto. Queremos
ser buenos y defendemos la civilidad, aunque nuestra ignorancia, nuestros objetos
de amor, y nuestro humor por determinados objetos sean claros signos de
barbarie. Si religiosos, no dudamos en hacer uso de nuestra intolerancia hacia
los pecadores. Si pecadores, no dudamos en hacer uso de nuestra intolerancia
hacia los religiosos. Burla del árbol caído.
Consuelo
de los afligidos es el chiste.
Tampoco
llevamos nuestros movimientos hasta el final; porque alguna vez nos pusimos a
creer en los finales felices; y por el momento ningún final promete felicidad
por mucho tiempo. Nos faltan ideales para dirigir el cañón de las armas regadas
por el mundo hacia el verdadero enemigo. Detrás de la pantalla estamos aterrados
(jajaja), muertos de miedo (lol); porque no conocemos el mundo por
nuestros ojos. Y sin embargo lo habremos visto todo… por internet.
No
hay millennial sin pantalla. Somos
los habitantes de una democracia empantallada. Entregamos nuestra personalidad a
cambio de un perfil. Ahí nos mostramos concienzudamente. Con máscaras al
infinito. Y detrás de todas esas máscaras una reducida zona de confort que nos
mantiene en silencio. Ejemplo: Una aplicación de móvil nos permite detectar que
hay una persona interesante en el mismo vagón del metro, sin que tengamos que
levantar la mirada. Ejemplo: El gran hermanoogle nos propone contenidos basados
en nuestra frecuencia de búsqueda. Así podemos obtener la nueva edición crítica
de “El Capital” y camisetas de “El Che”.
Pero
nuestros avatares no cambiarán el mundo. Solo los violentos surgirán de ese
clamor virtual, para romperlo todo. Y desde el teléfono, desde el ordenador,
desde nuestras gafas conectadas a la red, veremos a los violentos arrebatarnos –otra
vez—el mundo. Y quizá tomemos alguna fotografía, algún vídeo, y lo subamos al feis para forrarnos de me gusta, con un eventual debate en el
desfile de comentarios fugaces e intrascendentes.
¡Ah!
La fugacidad de todos los discursos.
¡Ah!
La velocidad de los memes.
¡Ah!
La caducidad de la memoria.
¡Ah!
La banalidad de la violencia.
¡Ah!
La facilidad de radicalización espontánea.
¡Ah!
Lo efímero ¡Ah! nos arrebata ¡Ah! lo más humano ¡Ah! de nosotros.
¡Ah!
Las flores volverán.
¡Ah!
Y nosotros les tomaremos fotos.
¡Ah!
El verano llegará.
¡Ah!
Durante millones de años el verano llegará.
¡Ah!
Pero nuestros perfiles desaparecerán.
¡Ah!
Para siempre nuestros perfiles desaparecerán.
***
Sumergidos.
La cabeza clavada en otra parte. Nos estrellaremos con el destino y seguiremos caminando
sin mirar… hacia el abismo.
Me
contaron que un sujeto dijo en broma, por la radio, más o menos lo siguiente:
“Que
me envuelvan desnudo en una piel de oso, cuando yo muera. Que me entierren parado,
muy profundo, en medio de la nada. Hondo, muy hondo, en una tumba honda como el
origen del mundo. No quiero que dentro de 1000000 años los arqueólogos extraterrestres
del futuro me vinculen con esta estúpida generación.”
Me
dio tanta risa que lloré.
Pero
diréis vosotros que mi pesimismo no deja pie a la esperanza.
Os
digo, os digo:
Ojalá
mi paranoia se equivoque. Ojalá sea verdad que de esta masa informe surgirá aquel
mundo justo y vigilante que soñamos. Ojalá que los objetos dejen de poseernos algún
día y volvamos gozosos a respirar el aire del invierno (con sentido). Ojalá que
de esta larga noche nazca un sol divino.
Amén.
samedi 21 janvier 2017
Señales del fin
Primera entrega de "Abduzco* luego sé"
El fin del mundo llegó a este siglo como llega una feria a los poblados, como un circo, como aquel cine itinerante que de rancho en rancho proyectaba películas como si fueran verdad; algo así como llegaron los gitanos a Macondo, trayendo consigo las señales probatorias de que el progreso existe, e instalando a su vez, con espectacular demostración, un catastrófico acostumbramiento general a la inmovilidad, una cuasi simpatía con el fracaso.
Este
siglo tiene ya edad para soñar, para hacer planes y demostrarse autónomo en
muchas de sus obligaciones. Sí… para quienes no lo saben, un siglo tiene
obligaciones de toda índole:
Debe, por un lado y por ejemplo, asegurar que la historia dé un vuelco irremediable… la historia de la humanidad, por supuesto. Un vuelco que lo defina como siglo, por encima de los demás siglos. Un siglo debe ganarse su mayúscula inicial y poner en la balanza su número romano.
Debe, por un lado y por ejemplo, asegurar que la historia dé un vuelco irremediable… la historia de la humanidad, por supuesto. Un vuelco que lo defina como siglo, por encima de los demás siglos. Un siglo debe ganarse su mayúscula inicial y poner en la balanza su número romano.
Así,
el Siglo I se reconocerá por sus mitológicas cruces; el Siglo V por la
persecución imperial de todas las ciencias “ocultas”. El Siglo X será marcado
por la espera del primer fin del mundo cristiano, y el Siglo XI como el primer
renacimiento en medio de las pestes. El Siglo XVI será conocido como el siglo
de la Utopía y el Caníbal; el Siglo XVIII será por supuesto el de las luces. El
Siglo XIX definirá el gran despertar industrial, socialista e independentista;
mientras que el Siglo XX será mundialmente reconocido por su cocacola. ¿Será pues el Siglo XXI
marcado para siempre por las caritas de perro suministradas al universo por esnapchat? Esperemos que madure el
muchacho…
Otra
gran obligación de un siglo cualquiera es portar en sus años un desarrollo
coherente de la evolución científica. Desde el descubrimiento de las formas
regulares en la naturaleza, su reproducción esquemática y la invención de
estructuras geométricas y ensamblajes… hasta las conjeturas sobre el átomo y
sus partículas elementales, la fabricación de los relojes cuánticos, la
geolocalización por satélite y la “navegación” territorial asistida, a partir
de un aparato portátil accesible para toda clase media.
Cada
siglo carga pues consigo un vuelco histórico y una evolución científica. Así
mismo, todas las artes humanas y todas las religiones y creencias de la misma
calaña despliegan ante los siglos que transcurren una larguísima lista de
deseos y expectativas.
Pero
existen algunas constantes, que siglo tras siglo se repiten, como las olas se
repiten contra los peñascos. Entre esas constantes hallaremos la particular
espera de que el mundo “se acabe”, de que la historia llegue a su fin, de que
el tiempo se detenga… Un fenómeno manifiesto colectivamente por primera vez en
Europa durante el Siglo X (cuando la masa campesina aterrorizada por los monjes
esperaba febril el año 1000), pero que encuentra su fuente en una de las
culturas hebreas contemporáneas de Herodes Antipas, los Esenios. Estos creían
que el tiempo llegaría a su fin; que el transcurso de la existencia material habría
de detenerse durante mil años, un día, dentro de mil años… aunque cabía la
posibilidad de que estos últimos mil años se estuviesen cumpliendo en este
mismo instante.
Si
buscamos más lejos, por supuesto, encontraremos referencias amenazantes al
orden de la vida en el poema de Gilgamesh. Pero ¿qué sentimiento humano no se
encuentra en latencia dentro de aquel poema inmortal?
El
pensamiento más profundo y la ciencia más compleja se han formulado este
problema tanto como la tendencia más superficial y la conversación más anodina.
El
fin del mundo está a la puerta y llama.
Este
siglo, más intensamente que el siglo XI, fue recibido con todo el miedo
colectivo que nunca antes fuese reunido. En todo rincón habitado de lo que
llamamos planeta, al menos una decena de personas esperaba ver en el cielo las
señales del final, la noche del 31 de diciembre del 1999 (sic). Así, bajo esa
lente, vimos caer las torres gemelas, vimos a los genios de la lámpara sumergirse
en el caos democrático forzado, vimos llegar a nuestra casa la pantalla táctil,
y el acortamiento de las distancias dejó de ser producto de la ciencia ficción
para convertirse en un escaipi o una
videollamada cualquiera. La transmisión en vivo está al alcance de cualquier
dedo, y hasta los adolescentes con cara de perro pueden obtener (como si se
tratase de una fortuna o de aplausos al artista) miles de laics en cuestión de minutos con solo repetir la frase carente de
trascendencia del momento.
“El fin del mundo se acerca ya”.
(Repita
usted en voz alta esta frase. Verá cómo todo cobra su natural sinsentido.)
No
hay causa triunfante, todo es tan lícito que nada nos conviene. Celebramos con
nuestro morbo la conspiración rampante. Y nos unimos al canto dulce de la paranoia
general que reina en este siglo, sin más… así nomás. Y no hacemos nada, porque
tampoco sentimos la obligación y mucho menos el poder de hacer cualquier cosa
que sea.
“Saqueo”
significará llegar con saco a algún lugar dotado de bienes de toda índole, con
la irrefrenable intención de robar lo más posible. Y la polisemia nos sacará
los ojos.
La
bestia (no sabemos desde cuándo) gobierna este mundo y su reino quizá dure un
poquito más que aquellos primitivos mil años que para los esenios representaban
una eternidad. En serio… si tenemos en cuenta que la humanidad con su memoria
inmensa se ha convertido en una bestia incontrolable, entenderemos mejor que un
jovencito que –de paseo por Pátzcuaro—elija una cafetería en los portales bajo el
simple criterio de que haya guayfay
sea, en sí mismo, la encarnación de una señal del fin.
Y
dejemos a un lado las caritas de perro y los filtros de ínstagram y distintivos de equipos de fútbol y automóviles en las fundas
del celular. Dejemos a un lado la victoria democrática de la estupidez y las
actualizaciones infinitas de estado y foto de perfil. Mantengámonos al margen del
flujo de datos y la conexión telefónica en casa más necesaria que la leche y el
gas; ignoremos que la voz “no hay internet” sea más dramática que “no hay paz”,
“no hay justicia”, “ya no hay agua”, “no hay papel”. Bobadas.
Cierre
usted los ojos. Piense en el final.
He
aquí unas señales que puedo percibir desde mi zona de confort, en este Siglo
XXI en que me tocó vivir:
·
Un niño jugando a matar
policías y civiles, robar, violar y destruir, con un control remoto en mano,
delante de un televisor de cien pulgadas (ya no se trata del palo de las
cavernas, ni de aquel buen fusil de juguete que permitía al menos echar a volar
la imaginación).
·
Hemos visto crecer y
crecemos junto a una generación sin asideros culturales que define su identidad
por “las marcas que más te gustan”, “las gaseosas que más tomas” y “las series
que te descargas”.
·
El choque
intergeneracional se basa en la disputa del concepto de “rock” y las maneras de
vestir y de ligar.
·
La discriminación rampante
se disfraza de humor negro (Ver: chairo, kevin, brayan, lady, lord…), y pronto
toleraremos el exterminio de los demonizados.
·
Aquella frase “si no
estás en google, no existes” se ha convertido en una regla tal que el gran
hermano la tiene chiquita…
·
Y claro, a nadie le
preocupa el fin del mundo… porque ya estamos en él y ¡no pasa nada!
We
are the world.
Notre
fin est arrivée.
(El autor no se hace responsable de los contenidos
desordenados que su paranoia le dicte para escribir esta columna.)
* Todas las acepciones ofrecidas por la RAE son
inconsecuentes si usted trata de explicarse a partir de ellas el uso de este
verbo en el intitulado fijo de esta columna.
mardi 4 août 2015
Desde lejos
Y a México
se lo sigue llevando la chingada,
¿o será que
la chingada fue devorada por México y lo está haciendo reventar?
Me hago
preguntas desde acá.
Tantas preguntas desde acá.
No necesito
escarbar mucho para encontrar los cuerpos.
Me basta
echar un vistazo a esa breve pantalla negra que me mira;
a ese país
donde nací -porque así fue- se lo carga la muerte día a día;
se lo carga
un cortejo de Muerte, Ignorancia y Lasitud,
Astenia de
las masas,
Afasia de clases
hipnotizadas por televisiones, fútbol y cerveza.
Alguien por
ahí quiere creer que este Pueblo ha despertado.
Y yo, desde
mi lejanía desmesurada, escucho los ronquidos
de aquellos
que por vivir en paz se envuelven en las sábanas
plagados de
ácaros y olvido minuto por minuto.
Allá existe
un México que me imagino
porque ya
no vivo en él.
México que
percibo a lontananza,
plagado de
brumas y recuerdos
que ya no
corresponden con realidad ninguna.
En ese mi
país que yo imagino,
pareciera
que ojos que no ven son vigilantes;
que oídos sordos portan toga de jueces;
que manos
paralíticas redactan nuevas leyes;
que pies
entumecidos encaminan las almas;
y las
balas se disparan cumpliendo
su destino.
Pareciera que la única verdad que queda es la verdad de las balas;
a diestra y a siniestra.
Que las
armas sirven para matar y son usadas;
y que
detrás de las armas una sombra infatigable
se vuelve a
fusionar con la noche más oscura de mi patria.
Patria México
anagrama de Pirata.
Bandera
negra y violenta.
Águila
devorando a una serpiente venenosa,
reposando sus garras en la higuera de barbarie.
El águila
desgarra y chilla, mientras la serpiente sisea blandiendo sus colmillos.
No hay más que destrucción, dolor, veneno, espinas
muerte en
ese símbolo impuesto a pequeños y grandes
para saludar
con orgullo. Y respetar. Y defender. Y dar la vida por él.
Bandera de
Pirata en altamar ondeando a merced de la corriente,
sobre un mar de sangre y atolones de huesos.
Fragata cuyos
cañones apuntan contra mujeres y niños.
Bandera
negra.
Oscura bandera de la Patria que se aleja.
Adiós
naufragio de mi orgullo.
Adiós para siempre,
adiós.
samedi 28 mars 2015
Pendientes
A estas horas nadie en calma.
Todos con su dolor de cabeza, de alma, de pies, de costillas.
A estas horas todos con su tos, su fiebrecilla.
Desde un puente miro pasar el río que me seduce al salto.
Desde mi pequeño mundo egoísta veo pasar el mundo "lo demás" y pienso: "no hay mañana".
La vida se hace hoy.
Vaya ideas remanidas que vienen a acostarse debajo de mi almohada.
Vaya ganas de romperlo todo, una vez más para recomenzar.
Otra vez.
Estoy aquí arrancándome la piel, como una hoja se desprende de la máquina donde escribí, hace mil años, que la inmortalidad es amor y que es mejor vivir aquí, eternamente aquí, que abrigarse sin remedio en la esperanza del cielo sin dimensión.
Imaginario soy.
Pero a estas horas, todos con sus patitas dirigen al más allá sus pequeñitos instantes.
Vivir, en este siglo.
Joder para siempre.
Joder.
Todos con su dolor de cabeza, de alma, de pies, de costillas.
A estas horas todos con su tos, su fiebrecilla.
Desde un puente miro pasar el río que me seduce al salto.
Desde mi pequeño mundo egoísta veo pasar el mundo "lo demás" y pienso: "no hay mañana".
La vida se hace hoy.
Vaya ideas remanidas que vienen a acostarse debajo de mi almohada.
Vaya ganas de romperlo todo, una vez más para recomenzar.
Otra vez.
Estoy aquí arrancándome la piel, como una hoja se desprende de la máquina donde escribí, hace mil años, que la inmortalidad es amor y que es mejor vivir aquí, eternamente aquí, que abrigarse sin remedio en la esperanza del cielo sin dimensión.
Imaginario soy.
Pero a estas horas, todos con sus patitas dirigen al más allá sus pequeñitos instantes.
Vivir, en este siglo.
Joder para siempre.
Joder.
jeudi 12 février 2015
Un final en la academia
A Luigi Sala
En la academia de la cerveza estamos.
Sentados, aprendiendo a alzar la voz,
para no entender ni la mitad de aquello que nos queremos decir.
para no entender ni la mitad de aquello que nos queremos decir.
Estamos aquí, en el último lugar antes de romper la noche;
antes de volver a nuestros días, nuestra rutina solar.
Aquí mismo, rodeados de humo, con alcohol en la garganta y en las manos;
con ganas de cerrar los ojos para ver lo que no hay.
Sentados, en una fiesta que termina hoy, treinta años después de un nacimiento,
analizamos con la mirada perdida los símbolos del lugar, publicidad y sinsentido.
Estamos aprendiendo a alzar la voz para no decirnos nada.
Alzar la voz rodeada de humo y baños de alcohol, corrientes secretas, pensamientos y vergüenza.
Para nada.
A eso vinimos aquí.
Y en eso estamos.
mardi 20 janvier 2015
Tránscrito
He pasado muchas horas mente inventando cosas que no escribo. Inventando situaciones, imágenes patéticas, profundas o felices de la consciencia humana y su materia, sin escribir una sola línea.
Me he prometido la luna. Me he bajado las estrellas.
Me he prometido la luna. Me he bajado las estrellas.
jeudi 8 janvier 2015
Des-aparecer
Sin darse uno cuenta luego llegan conclusiones. Solitas. Mientras que uno que estâ ay nomâs, mirando el hueco... el hueco que quedó de lo que había, de todo lo que estaba aquí, de todos quienes por ay andaban. De todo aquello de lo que ahora solo percibo el vacío. De repente ya no hay nada. Nada está aquí.
Pero uno estaba ay nomás, con todo alrededor, y de repente
... ¿cómo se iba uno a imaginar que todo aquello hubiera de esfumarse así nomás?
¿Quién iba a pensar que el día en que este hueco llegó, ya estaba instalado para siempre? Cómo fui a creerme tanta estupidez. Cómo pude esperar que desapareciera. Cómo pude tener fe en el tiempo de su extinción. Cómo pude tener fe en el tiempo. Cómo pude tener fe. Cómo pude tener. Cómo pude. Cómo.
Lo peor es que a veces uno se da cuenta de cosas... de la existencia de cosas... de su posibilidad... pero se queda callado. A nadie habla. A nadie avisa. Y luego, cuando esas cosas llegan, uno trata de advertir a los demás, de la inminencia de un suceso jamás conocido, pero siempre es tarde ya, siempre muy tarde. Y uno mira a cualquier parte y ya nomás queda el hueco.
Todos se han ido. Todo.
Ay nomás queda uno alrededor
y nada alrededor de uno.
Y nunca más desaparece el hueco,
ay se queda gusanito de seda.
Pero uno estaba ay nomás, con todo alrededor, y de repente
... ¿cómo se iba uno a imaginar que todo aquello hubiera de esfumarse así nomás?
¿Quién iba a pensar que el día en que este hueco llegó, ya estaba instalado para siempre? Cómo fui a creerme tanta estupidez. Cómo pude esperar que desapareciera. Cómo pude tener fe en el tiempo de su extinción. Cómo pude tener fe en el tiempo. Cómo pude tener fe. Cómo pude tener. Cómo pude. Cómo.
Lo peor es que a veces uno se da cuenta de cosas... de la existencia de cosas... de su posibilidad... pero se queda callado. A nadie habla. A nadie avisa. Y luego, cuando esas cosas llegan, uno trata de advertir a los demás, de la inminencia de un suceso jamás conocido, pero siempre es tarde ya, siempre muy tarde. Y uno mira a cualquier parte y ya nomás queda el hueco.
Todos se han ido. Todo.
Ay nomás queda uno alrededor
y nada alrededor de uno.
Y nunca más desaparece el hueco,
ay se queda gusanito de seda.
lundi 8 décembre 2014
Jo Der
Las desapariciones en México durante gobiernos de @FelipeCalderon y @EPN http://t.co/JYBKAMDa2a #YaMeCanse2 pic.twitter.com/JkWI6TCiFE"
— rises monge (@Rises_monge) diciembre 8, 2014
Atentos, muy atentos
Invito a los valientes a escucharme
Invito a quienes no tienen dinero
A quienes no se limpian los zapatos,
A los que no se quitan el sombrero.
Invito a los conscientes aseguirme
Invito al sordo a contemplar mis gestos
Al ciego pido no olvidar mi ruego.
A quienes tengan voz, que entiendan, comuniquen:
Soy la piedra enterrada que te llama
Soy el jade lunar que te convoca
Soy el silencio sobre el que tú hablas
Sobre el que tú respiras, gritas, callas.
Estoy aquí como lo habías pedido.
Un pliego temporal en que se extiende
La vasta sociedad en que has crecido.
Escribe sobre mí, no sobra tiempo.
Dicta sobre mi cuerpo omnipresente,
Graba en mi ser-espacio un nuevo orden.
Que nuestra voz La Historia se eternice,
No des paso adelante
Sin que nos acompañe esta escritura.
Soy tu consciencia, soy el
momento, el día en que nacisteDebes obedecer
No queda de otra.
Atrás está el mal Sueño; ahora despiertas.
Delante esperan campos de cultivo, o bien de guerra.
Campos de sueño o de concentración.
Llama a los vivos,
Canta para todos:
La historia –nuestra historia—, se está escribiendo hoy.
Sea para siempre.
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